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martes, 28 de septiembre de 2010

LOS 144000 Y LA GRAN MULTITUD: UN ESTUDIO DE APOCALIPSIS 7 Y 14

IntroducciónUno de los temas más complejos y discutidos en el libro de Apocalipsis es sobre los 144 000 y la Gran Multitud del capítulo 7. Y esto se puede notar en las distintas interpretaciones que se ha dado a lo largo de estos años tanto en el mundo protestante como adventista, las cuales se pueden resumir en cinco:

(1) Los 144 000 son judíos literales: esta interpretación está dividida en dos: (a) Una posición preterista, que piensan que los 144 000 son judíos del tiempo de Juan;
[1] y (b) Una posición Dispensacionalista, que creen que este grupo son judíos que aparecerán después del rapto secreto.[2]
(2) El número 144 000 es simbólico, y la palabra “Israel”, se refiere a los israelitas espirituales: Los que proponen esta posición[3] rechazan la literalidad de los 144 000 y de las doce tribus. Los 144 000 no pueden ser un número de personas contadas, puesto que, además de ser múltiplo de 12 x 12 x 1000, el número es un símbolo que representa al pueblo de Dios. En el caso de “Israel”, ellos no pueden ser judíos literales puesto que a partir de Cristo, Israel no es más el pueblo de Dios, sino la iglesia, el “Israel Espiritual”.
(3) El número 144 000 es literal, pero “Israel” se refiere a israelitas espirituales: los que tienen esta posición
[4] suponen que aquellos 144 000 no serán judíos literales sino miembros de la iglesia. No obstante, aquellos 144 000 son un grupo exacto. Sólo 144 000 personas conformarán este grupo. Por cuanto a la Gran Multitud, ellos difieren de los 144 000.
(4) Los 144 000 y la Gran Multitud son grupos diferentes: los que sostienen esta postura,
[5] creen que los 144 000 es un número simbólico seguidores de Cristo, y no judíos literales. No obstante, ellos piensan que los 144 000 y la Gran Multitud son grupos distintos (o que los 144 000 están dentro de la Gran Multitud). En algunos de los casos, se ha propuesto que la Gran Multitud son los hijos de Dios resucitados de todas las edades.[6]
(5) Los 144 000 y la Gran Multitud son el mismo grupo: Los que proponen esta interpretación,[7] plantean que los 144 000 y la Gran Multitud son el mismo grupo en diferentes perspectivas. En cortas palabras, los 144 000 son la Gran Multitud.

A pesar de las distintas interpretaciones, varios han optado, mayormente teólogos conservadores, por la simbología de los 144 000. Sin embargo, varios también han apoyado el pensamiento Dispensancionalista.
[8] En el caso del mundo adventista, a través de sus publicaciones, el pensamiento sobre los 144 000 como número, es que es simbólico y no literal.[9] No obstante, la discusión ahora está relacionado con la Gran Multitud y los 144 000: Estos dos grupos ¿Son el mismo o distinto grupo?[10]
El propósito de este artículo es poder responder esta pregunta analizando Apocalipsis 7:4-9 y 14: 1-5 respectivamente. Para ello, se verá en qué momento aparecen los 144 000, luego se estudiará la simbología de los 144 000, si los 144 000 y la Gran Multitud son o no el mismo grupo, y qué relación tiene los 144 000 con el Remanente de Apocalipsis 12: 17.El contexto de Apocalipsis 7 y 14
El libro de Apocalipsis se puede dividir en tres partes básicamente: (1) Parte histórica (1-11),
[11] (2) Parte intermedia[12] (12-14), y (3) Parte escatológica (15-22).[13] Al estructurar el libro de esta forma,[14] se estudiará con mayor amplitud el contexto donde aparece sobre los 144 000 y la Gran Multitud (se obviará Ap 15: 1-8; 19: 1-11).Apocalipsis 7: Los 144 000 y la Gran Multitud en su contexto
Este capítulo es un paréntesis entre el 6to y 7mo sello que responde a la pregunta “porque ha llegado el gran día de la ira de Dios ¿y quién podrá sostenerse?” (6:17)
[15] planteada en el 6to sello. Al formularse aquella interrogante, Juan encuentra respuesta al escuchar que los únicos que pueden estar de pie ante el trono de Dios y su ira – las siete plagas postreras (Ap 15, 16) – son los 144 000 sellados (vv. 3, 4). Y mientras no se realice el sellamiento, aun no pueden ser enviadas estas plagas. Cuando esto ocurra, se dará la II venida (que en este caso es el 7mo sello-Ap 8:1, cf. con 15-18).
En base a estos eventos, el contexto de los 144 000 de este capítulo es escatológico, puesto que aparece en un marco de sellamiento-anuncio/detenimiento de las siete plagas postreras – II Venida (7mo sello).
No obstante, Apocalipsis 7 no sólo registra a los 144 000 sino también a la Gran Multitud (en especial la descripción de sus características: vv. 9-17). Al comparar los 144 000 con la sección de la Gran Multitud, aparece un nuevo elemento: “Estos vienen de la Gran Tribulación” (v. 14). Lo interesante de esto, es que tanto los 144 000 y la Gran Multitud están dentro del mismo capítulo y del mismo contexto: el sellamiento – la ira de Dios (anuncio) – persecución – II venida. Por lo tanto, no sólo la sección de los 144 000 (4-8) responde a la pregunta del 6to sello, sino también el registro de la Gran Multitud (9-17). No se puede entender el sellamiento, la persecución y el anuncio/detenimiento (7:1) de las postreras plagas, únicamente a la luz de los 144 000, también se debe de comprender a la luz de la Gran Multitud. Al hacerse, se tendrá más luz para poder identificar a estos dos grupos.
Para dejar en claro esta parte, es necesario considerar que el contexto de Apocalipsis 7 es netamente simbólico, puesto que hay una lista de figuras presentadas en este capítulo, como por ejemplo: “cuatro ángeles”, “cuatro vientos” (v. 1), “sello del Dios vivo”, “delante del Cordero”, “emblanquecidos en la sangre del Cordero” (vv. 9, 15, 17), “cuatro seres vivientes” (v. 11). Estos elementos reflejan la naturaleza simbólica del capítulo. Por este motivo, los 144 000, según su contexto, es simbólico y no literal. Decir lo contrario es interpretar el texto fuera de su contexto.
[16]

Apocalipsis 14:1-5: Los 144 000 en su contexto[17]

Poder estructurar y entender a la perfección Apocalipsis 14 en su contexto (12-14)[18] es muy complejo. Sin embargo, en este estudio sólo nos centraremos en los 144 000. Este grupo es registrado en Apocalipsis 14: 1-5 estando con el Cordero en el Monte Sión (v. 1). Su contexto más cercano es la predicación del mensaje de los tres ángeles (vv. 6-12), el rescate de las primicias de Dios (v. 4), la cosecha (v. 15) y luego la II venida (v. 14). Esto hace deducir que el contexto de los 144 000 es escatológico.
Además, se debe de recalcar el simbolismo de los 144 000 en base a su contexto. Símbolos tales como “Cordero” (v. 1), “siguen al Cordero” (v. 4), “contaminarse con mujeres” (v. 4), “castos” (v. 4), “ángeles anunciando el evangelio” (vv. 6-12) indican un contexto simbólico aclarando así la no literalidad de los 144 000.

Después de estudiar el contexto tanto de Apocalipsis 7 y 14, se puede llegar a las siguientes conclusiones con respecto a los 144 000 y la Gran Multitud:

(1) Tanto los 144 000 y la Gran Multitud aparecen en el mismo contexto escatológico: (a) Paréntesis entre el 6to y 7mo sello (cap. 7, II V.), (b) Proclamación del Mensaje de los Tres Ángeles (14: 6-12), (c) Anuncio de las siete plagas (6: 17), (d) La persecución y rescate (final – 7: 14; 14: 4), (e) La II Venida (7: 14-17; 14: 14), (f) Cristo con los redimidos rescatados (dando entender que ellos no probaron la muerte)/primicias (por un lado presentado a través de la Gran Multitud [7: 15-17], y por otro, a través de los 144 000 [14: 1]).
[19]
(2) En este contexto, especialmente estando de pie con el Cordero (7:14-16; 14:1) después de haber sido rescatados de la gran tribulación, los 144 000 y/o la Gran Multitud pueden ser un (dos) grupo (s) de personas que en la II V. no habrán probado la muerte. Al parecer, ellos pasarán la gran persecución (7: 14) y permanecerán vivos cuando Cristo venga (15: 2-4).
(3) La Gran Multitud, como se pudo analizar, no son los resucitados de todas las edades desde Adán y Eva hasta la II Venida.
[20] Ellos aparecen en un contexto escatológico.
(4) Es posible, por estar en el mismo contexto escatológico, que los 144 000 y la Gran Multitud sean el mismo grupo. Si ambos grupos han pasado o sobrevivido la gran persecución y no han probado la muerte hasta la II Venida, puede darse dos posibilidades ¿O hay dos grupos distintos de redimidos esperando al Señor? ¿O son el mismo grupo representado por Apocalipsis en dos figuras distintas? Para responder a estas preguntas, se tiene que recordar que cuando Cristo venga, sólo habrán dos grupos: Uno de redimidos, y otro de impíos (Mt 25: 46). Suponiendo que ambos sean grupos distintos, entonces habrán dos grupos diferentes de sellados que permanecerán vivos después de la caída de las plagas, y serán también ambos grupos los que, sin probar la muerte, observen a Jesucristo descender de las nubes. Lo cual, no tiene asidero bíblico.
(5) Los 144 000, al estar en un contexto simbólico, no puede ser un número literal.
(6) Probablemente son los 144 000 los que predican el Mensaje de los Tres Ángeles (14: 6-12).

Los 144 000: Por qué no puede ser literal

Contextualmente hablando, como ya se mencionó, los 144 000 no puede ser un número literal (sin embargo, de que va a existir este grupo, va a existir). Aquellos que mayormente sostienen la literalidad de este número, y de las tribus, son los dispensancionalistas. Esta interpretación es hecha con el fin de confirmar la persecución final recibida por 144 000 judíos de sangre por parte del anticristo durante siete años.

No obstante, bíblicamente hablando, no es aceptable la literalidad de este número, por las siguientes razones:

(1) El contexto es simbólico: hay figuras y símbolos a lo largo de los capítulos 7 y 14. Si se respeta el contexto para interpretar un texto, se verá claramente que la literalidad de este número no da lugar.
(2) El número mismo: El número 144 000 es múltiplo de 12 x 12 x 1000.

(2.1.) El número 12 es usado frecuentemente en el NT para designar a los 12 apóstoles (Hch 6: 2; 1 Co 15: 5; Ef 2: 20; Ap 1: 14b) y a las 12 tribus de Israel (Mt 19: 28; Lc 22: 30; Stg 1: 1; Ap 21: 12c [cf. 7: 5-8; 12: 1]). Por lo general se considera este número como sugerente de administración divina.
[21] Una mejor relación entre los 12 apóstoles y las 12 tribus se encuentra en la Nueva Jerusalén (Ap 21: 12-21; 22: 2). Teniendo esta relación, 12/Tribus/Apóstoles, se puede concluir que el número 12 representa al pueblo de Dios. Con respecto a nuestro estudio, los 144 000 entonces representan al pueblo de Dios que espera a Jesucristo en la II Venida. Como LaRondelle explica:

“Juan descompone el número 144 000 en 12 por 12 000, por lo cual muestra 12 que el número clave, que debe entenderse en su significado en el sistema del pacto como representando al pueblo del pacto o el reino de Dios”.
[22]

(2.2.) El número 1 000 se encuentra mayormente en el AT en un contexto de “guerras, batallas militares” del pueblo de Israel. En sí, viene a ser la unidad bélica israelita (comúnmente organizada por unidades de 1 000 – ver Nm 1: 16; 10: 4; 31: 4-5). Beale hace un pequeño análisis, pero significativo, sobre la relación entre “1 000” del AT con los “144 000” de Apocalipsis:

“El objetivo de enumerar para un censo en el AT fue siempre contar la fuerza militar de la nación, por ejemplo: Nm 1:3, 18, 20; 26:2, 4; 2 Sam 24:1-9; 2 Cro 27:23 (el uso de “mil” en Ap 7 podría también tener una connotación militar, como en Num 1; 31:14, 48). La repetición de ek phyles (“de cada tribu”) en Ap 7:5-8 podría dar eco a la casi idéntica frase repetida ek tes phyles (“de la tribu”) de Num 1:21-43 (Note también “de los hijos de Israel” en Num 2:32 y la misma frase in Ap 7:4)”.
[23]

Después de este análisis, él concluye que los 144 000 son un “ejército escatológico de Dios - no un ejército literal de israelitas, pero es un símbolo de la “iglesia militante”.[24]
Por lo tanto, según lo que se viene estudiando, los 144 000, no judíos literales, representan al pueblo de Dios[25] en su totalidad, militando y venciendo contra las fuerzas del mal en el tiempo del fin. Beatrice S. Neall lo sintetiza de esta manera:

“[…] el número 144 000 debe entenderse como un símbolo de la unidad, la perfección y la consumación de la iglesia de Dios, completa porque se ha completado el número de los elegidos (Apoc. 6:11)”.
[26]

(3) Las tribus: en los versículos 5 al 8, se mencionan 12 tribus pero no con el orden común israelita. Hay cuatro listas, incluyendo Apocalipsis, a lo largo de la Biblia (Gen 49; Nm 1: 5-15; Eze 48). Al hacer la comparación en estas listas, se nota grandes diferencias: (a) Sólo en Apocalipsis la lista de tribus inicia con Judá, a diferencia que en Génesis y Números lo hacen con Rubén, y en Ezequiel con Dan, (b) No hay una similitud en el orden de las tribus de cada lista, (c) Mientras que en Apocalipsis se omite a Dan y Efraín, y se agrega a Leví y a José, en las otras listas aparece Dan y se omite a Leví (tanto en Nm y Eze).
Sin embargo, ¿Es relevante que se agregue, se desordene y se omita algunas tribus? Parece que no. La pregunta que más interés tiene es ¿Estas tribus, son simbólicas o literales? Sobretodo, al recordar que los 144 000, 12 000 de cada tribu, han de aparecer en el tiempo del fin, en el tiempo cuando Cristo venga, estas doce tribus ¿Estarán cuando el Señor regrese por segunda vez? Si se cree que los 144 000 son literales, lo mismo se tiene que pensar de las tribus, por lo tanto ¿Realmente reaparecerán las doce tribus en el futuro, cuando hoy, e incluso en el tiempo de Cristo, muchas de ellas desaparecieron?
[27] Indudablemente que no, por lo tanto, no es aceptable pensar que las Doce Tribus tendrán un papel importante en la escatología bíblica.
Entonces ¿A qué Israel se refiere Apocalipsis 7? Evidentemente a “Israel espiritual”: La Iglesia. Pedro es claro al decir que son los cristianos el nuevo Israel espiritual (1 P 2:9). Que aquellos que han sido lavados por la sangre de Cristo tienen el privilegio, sean judíos o gentiles, de ser parte del pueblo de Dios: La iglesia de Cristo. Para Pablo “todos sois hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús” (Gál 3: 26-29 – énfasis nuestro), por tanto, al ser revestidos por Cristo (ver v. 27), “no hay judío ni griego...” (v. 28). Estando Él, no existe más el Israel político sino el espiritual, o como lo define Pablo “el Israel de Dios” (Gál 6: 16).
(4) Sus características: Ocurre serios problemas, en base a Apocalipsis 14: 1-5, decir que los 144 000 es literal. Las características de este grupo son: “no se contaminaron con mujeres”, “son castos”, “siguen al Cordero”, etc. Sin embargo, ¿Qué pasaría si los 144 000 – de manera literal – “no se contaminaron con mujeres”? Los 144 000 serían sólo varones (¿Las mujeres, dentro del contexto de los 144 000, no irán al cielo?), puesto que no se “contaminaron” con mujeres.
[28] De la misma forma, el texto indica que este grupo “son castos”, entonces, al decir que es literal, diremos pues que ellos nunca tuvieron relaciones coitales, que nunca tuvieron esposas y que fueron solteros toda la vida siendo célibes (¿Es que acaso los casados no irán al cielo?). Una vez más, decir que los 144 000 es literal, sería ir en pos de una mala interpretación bíblica que causaría muchos problemas.
(5) Lealtad: Apocalipsis 7: 4-8 habla que los 144 000 son “israelitas”. Ante esto, se supone que como israelitas que son, si se cree que son literales, ellos únicamente deben de seguir a Dios (el Padre) y no al Cordero (Jesucristo). El israelita literal (o de sangre) no ha aceptado el Mesianismo de Cristo. Por eso, su fe siempre ha sido únicamente en el Padre, y en la espera de la I venida del Mesías, más no en el Mesías Jesucristo. Por lo tanto, si se cree que los 144 000 son judíos literales, se debe pensar que ellos únicamente siguen a Dios el Padre. Sin embargo, Apocalipsis 14: 4 registra que los 144 000 también siguen al Cordero. Esto hace suponer que estos israelitas han aceptado la fe mesiánica predicada por la iglesia. La fe y lealtad de estos judíos no es sólo al Padre sino también al Mesías Jesucristo, creencia principal de la iglesia. Por lo tanto, una vez más, es inadmisible que los 144 000 sean judíos literales.

Después de haber hecho este breve análisis, es imposible, al interpretar de manera correcta la Biblia, decir que los 144 000 es un número literal. Hacerlo, traería varias complicaciones acerca de quiénes y cuántos irán al cielo.
Los 144 000 y la Gran Multitud ¿Distintos o el mismo grupo?
Al saber con exactitud que los 144 000 no es un número literal sino simbólico, y conocer en qué contexto aparece este grupo, ahora se van a responder las siguientes preguntas ¿Qué relación tienen los 144 000 y la Gran Multitud? ¿Son el mismo o distinto grupo? Para contestarlas, se va a estudiar: (1) el modelo “oír - ver”; y (2) se relacionará y se encontrará las similitudes entre estos dos grupos en base a Apocalipsis 7: 4-17; 14: 1-5, 15; 15: 1-4; 19: 1-8. Al hacer este estudio nos daremos cuenta que los 144 000 y la Gran Multitud son el mismo grupo.

(1) Modelo “oír – ver”

Este modelo consiste en ver una realidad en dos perspectivas distintas. Primero cuando el vidente oye, y luego, cuando ve aquello que oyó. En ambos de los casos, de lo que oye y ve, la realidad es la misma. En Apocalipsis se puede ver algunos ejemplos de este modelo:
[29]

Texto
5: 5, 6 “me dijo: No llores; mira, el León…”, “Miré, y vi…, a un Cordero…”
7: 4,9 “Y oí el número… 144 000 sellados”, “Después de esto mire, y vi una gran multitud… de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas”
21: 9-12 “… diciendo: Ven, te mostraré la novia, la esposa del Cordero”, “… y me mostró la ciudad santa…”

En el primer ejemplo, el profeta oye que el León abrirá el sello, sin embargo, cuando es el momento de ver al León, no ve al León sino al Cordero. En ambas situaciones, el personaje y la realidad es la misma: Cristo es el Cordero y el León.
En el segundo ejemplo se da el mismo modelo. El vidente primero oye el número, 144 000, pero aún no ve aquellos 144 000 israelitas (12 000 de cada tribu). Sin embargo, cuando es el momento de ver aquellos israelitas, Juan no ve lo que oyó (144 000), sino ve una Gran Multitud de “todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas…” (7: 9). Una vez más, Juan oye (los 144 000 israelitas) y ve (una Gran Multitud de todas las naciones) la misma realidad.
[30]
Por último, al profeta se le invita ver a la novia (supuestamente, en base a Apocalipsis 12, aquella novia debería ser una mujer), la esposa del Cordero. Pero en vez de ver a una novia, ve a una cuidad, la Nueva Jerusalén. Se le llama a ver una dimensión (una novia), pero se le presenta otra (una ciudad), no obstante, la realidad es la misma.
En estos tres ejemplos, por un lado, al profeta se le invita a escuchar una figura cuya realidad la verá después (como el segundo y tercer ejemplo). Y por otro, se le llama para escuchar una realidad/figura en una dimensión, y luego se le es mostrado otro símbolo/realidad en otra dimensión (como el primero). En ambos casos, las dimensiones son distintas pero la realidad es la misma.
Aplicando este modelo, es aceptable creer que los 144 000 y la Gran Multitud son el mismo grupo. Al inicio, al profeta se le declara el número de sellados (7: 4), número que aun no se le es mostrado. Cuando el profeta llega a ver aquellos 144 000 sellados (v. 9), aquello que escuchó (v. 4), no ve dicha cantidad, sino una Gran Multitud. No de cada tribu de Israel, sino de todas las naciones. Lo cual hace suponer que al vidente se le hace oír un número simbólico de redimidos, y luego se le muestra la realidad de dicho número simbólico. Como declara Müeller: “Los 144 000 y la gran multitud son el mismo grupo en diferentes perspectivas. La primera designación es un término simbólico, el último describe la realidad”.
[31]
Por lo tanto, lo que ha Juan se le fue presentado no es la cantidad de israelitas redimidos, sino a la iglesia (Israel espiritual) en su totalidad que vienen de todas las partes del mundo. Al respecto, LaRondelle concluye:

“Apocalipsis 7 contiene la llave para abrir su propio simbolismo hebreo: el verdadero Israel de Dios no está limitado a 144 000 judíos literales, sino que es un símbolo de la totalidad del Israel espiritual entre toda la raza humana”.
[32]

(2) Similitudes

Los 144 000 y la Gran Multitud aparecen en los capítulos 7, 14, 15 y 19 de Apocalipsis. Cuando se estudia estos capítulos y se relaciona a ambos grupos de redimidos, se podrá notar que ambos tienen las mismas características, indicando así, que son el mismo grupo.

Los 144 000 y La Gran Multitud
A. Están delante del trono de Dios y del Cordero (6: 16, 17; 14: 1; 15: 15).
A´. Están delante del trono de Dios y del Cordero (7: 9, 11, 15; 19: 4).
B. Son rescatados (pasaron). Son primicias (14: 3, 4).
B´. Vienen de la gran tribulación (7: 14).
C. Permanecen vivos en la II venida. Son ellos los que están en el 6to y 7mo sello, y las siete plagas (6: 17-7: 3; 14: 14-20; 15: 5-8).
C´. Aparecen al fin del sexto sello y antes de la caída de las plagas (7: 9-17).
C´. Están vivos cuando Cristo viene (19: 11).
D. Siguen al Cordero adondequiera que va (14:4). Son siervos de Dios (7: 3).
D´. El Cordero… los pastoreará y los guiará (7: 7). Sirven a Dios (7: 15).

En A y A´ se puede notar que ambos grupos están delante del trono de Dios y del Cordero. Según Apocalipsis 6: 17 ¿Quiénes son los únicos que pueden estar de pie delante del “trono de Dios” (v. 16)? Obviamente tendrá que ser un grupo selecto, y dicha selectividad dependerá del Sello de Dios (vv. 2, 3). Sólo los sellados estarán de pie delante del trono de Dios y del Cordero. Lo interesante de todo esto, es que en el versículo 4 son los 144 000 los sellados (los que indudablemente deben de estar de pie del trono de Dios y del Cordero), y en el versículo 9 es la Gran Multitud los que están de pie delante del trono de Dios (¿no se supone que los únicos que deben de estar de pie delante del trono de Dios son los 144 000?). Evidentemente los 144 000 y la Gran Multitud son el mismo grupo.
En B se puede ver que los 144 000 fueron rescatados en el regreso de Jesucristo por II vez. ¿Rescatados de qué? Obviamente rescatados (14: 3, 4) de la última persecución por parte de los agentes de Satanás (ver Ap 13).
[33] En B´ es descrita la Gran Multitud, al parecer, ellos también vienen de la gran tribulación (7: 14). ¿Cuál tribulación? La misma persecución de donde fueron rescatados los 144 000: la del tiempo del fin. Según Apocalipsis 7: 14 y 17 ellos pasan una tribulación y luego son vistos con el Cordero, indicando así que esta persecución es previa a la II Venida. Por lo tanto, una de estas dos opciones ¿O habrán dos grupos de sellados que pasarán la misma persecución? ¿O ambos son el mismo grupo? Lo más lógico es que son el mismo grupo.
En C y C´ se observa algo similar. Tanto los 144 000 y la Gran Multitud sobreviven a la persecución y quedan de pie ante las siete última plagas, sobreviviendo así en la II Venida. La pregunta es semejante a la anterior ¿Habrán dos grupos de redimidos que pasen la persecución, estén de pie ante las plagas y queden vivos cuando Cristo venga? ¿O son el mismo grupo?
En D y D´ tanto los 144 000 y la Gran Multitud, como grupo (s) selecto (s), siguen al Cordero a donde Él va. No sólo eso, a ambos se les llama “siervos” (el mismo término griego [doulos] tanto para los 144 000 como para la Gran Multitud) de Dios. Lo cual, una vez más, indica que ambos son el mismo grupo.

Al hacer esta similitudes, se puede concluir que los 144 000 y la Gran Multitud, en base a sus características, son el mismo grupo.
Objeciones
Algunos han objetado esta posición diciendo que los 144 000 y la Gran Multitud no son el mismo grupo. Por lo menos hay dos razones: (1) Los 144 000 aparecen en la tierra y la Gran Multitud en el cielo; (2) La preposición meta del v. 9 indica que se está iniciando una nueva visión, por lo tanto, se está hablando de dos grupos distintos, cada uno en su respectiva visión. No obstante, hay respuestas para estas objeciones.
En primer lugar, que los 144 000 y la Gran Multitud aparezcan en dos esferas distintas no quiere decir que sean grupos diferentes. Hay que recordar una vez más: a Juan se le presenta dos dimensiones de una misma realidad. La primera: los 144 000 están listos en la tierra para ser sellados y estar en pie delante del trono de Dios, como también pasar la tribulación y las siete plagas. En cortas palabras, los 144 000 preparándose para esta crisis. Como un ejército listos para la batalla. Lo que algunos teólogos denominan “Iglesia Militante”. La segunda: La Gran Multitud está en el cielo puesto que ya han pasado la gran tribulación. Ellos ya recibieron el sello de Dios, han sobrevivido a la persecución y ahora están con el Señor. Al parecer, este ejército ya pasó y venció en la batalla. Esta iglesia fue militante, y ahora es vista como triunfante.
[34] Además, recordemos que el grupo militante que aparece en la tierra (los 144 000), aparece también en el cielo (Ap 14: 1) como iglesia triunfante. Mientras que en Apocalipsis 14 la iglesia triunfante son los 144 000, en Apocalipsis 7 la iglesia triunfante es la Gran Multitud. Como concluye Stefanovic:

“Los dos grupos de las personar redimidas de Dios en el capítulo 7, nominalmente, los 144 000 y la Gran Multitud, son claramente relatados. Ellos son el mismo pueblo vistos en dos etapas de su historia y en sus diferentes roles”.
[35]

Por lo tanto, no habría ningún problema que un grupo aparezca en la tierra y el otro en el cielo. Ambos son el mismo grupo pero presentados en dos situaciones distintas de tiempo.
Por último, que aparezca la preposición meta en el versículo 9 no indica que en Apocalipsis 7 haya dos visiones distintas. Por lo menos, existen dos razones para no aceptar este punto de vista.

(1) La preposición meta que aparece en el v. 9 aparece 21 veces en el libro de Apocalipsis.
[36] Meta puede traducirse como con, después, contra dependiendo el contexto y el uso. En el caso del versículo 9, la traducción es después, el cual va acompañado de “de esto miré”.
En Apocalipsis aparece 5 veces esta formula “Después de esto miré/oí”.
[37] De las cinco veces, sólo una indica que es una nueva visión (4: 1). En las otras cuatro, meta es usada para mostrar la continuación y unidad de la visión.[38]
(2) Hay que recordar que Apocalipsis 7, en su totalidad, es un paréntesis entre el 6to y el 7mo sello. Todo este capítulo es una unidad y no dos visiones diferentes.

En conclusión, no es un impedimento la preposición meta en Apocalipsis 7: 9 para creer que los 144 000 y la Gran Muchedumbre son el mismo grupo.

Los 144 000 y el Remanente

Al inicio se indicó que hay unidad en Apocalipsis 12 al 14. Se enfatizó también que tanto eventos históricos como escatológicos están entremezclados en estos capítulos. En base a estos dos aspectos, se va a relacionar al Remanente de Apocalipsis 12: 17 con los 144 000 (especialmente del cap. 14). Para ello, primero vamos a ver qué parte es histórica y qué parte es escatológica en estos tres capítulos, y luego se hará la relación respectiva.
En el cap. 12 se ve quiénes son los participantes de la lucha en el tiempo del fin: El remanente vs. El Dragón. En el cap. 13 se amplía el panorama diciendo que este mismo Dragón (Satanás) usará dos agentes con el fin de asesinar a los santos (13:10) y recibir la adoración de toda la tierra: La bestia que sube del mar y la bestia que sube de la tierra. Por último, el cap. 14, más que enfatizar la persecución de los santos, detalla: (1) El cumplimiento de las promesas de Dios: (a) Los santos [144 000] con el Cordero en el Monte Sión (Ap 14: 1-5), (b) La segunda venida de Cristo (14: 14); (2) La predicación del tiempo del fin: El Mensaje de los Tres Ángeles (14: 6-12).
Por cuanto a los tiempos, Apocalipsis 12 contiene historia y escatología. Del v. 1 hasta el 16 (a excepción de los versículos 7 al 12 que vienen a ser un paréntesis del cap.) es historia, y el v. 17 es escatología. Para el cap. 13 sucede los mismo, contiene tanto historia como escatología. Mayormente es historia lo relacionado a la bestia que sube del mar (vv. 1-8), y escatológica lo concerniente a la bestia que sube de la tierra y la adoración mundial (vv. 9-18). Y para Apocalipsis 14, al parecer, no se presentan sucesos históricos sino eventos finales.
Si se relaciona la parte escatológica de cada uno de estos capítulos, se puede notar que: (1) El remanente tiene relación con aquellos “santos” perseguidos de Apocalipsis 13:10; (2) El remanente aparece en el mismo contexto escatológico de: (a) El Mensaje de los Tres Ángeles (14: 1-5), (b) Los Santos perseverantes (14: 12); (c) La II Venida (14: 14), y (d) Los 144 000. Esto hace concluir que, por el contexto escatológico, hay una íntima relación entre el Remanente y los 144 000.

Al terminar de relacionar el tiempo del Remanente, ahora se va hacer lo mismo con sus características.
Si se relacionan las características que tiene el Remanente (12: 17), los Santos (13: 10) y los Santos perseverantes (14: 12), se puede notar que prácticamente son las mismas, como por ejemplo: (1) En los tres casos aparecen después de los 42 meses, o sea, en el tiempo del fin; (2) Estos tres grupos guardan los mandamientos de Dios (implícitamente hablando en Apocalipsis 13: 10) rindiendo adoración a Dios; (3) Los tres son perseverantes en medio de las persecuciones del Dragón y sus representantes; y (4) Los tres tienen fe en el testimonio de Jesucristo. Por lo tanto, en base a sus características, es aceptable pensar que el “remanente” de Apocalipsis 12:17 son “los santos” de 13:10, y estos, son “los 144 000” del capítulo 14, especialmente “los santos” del 14:12. Como declara Müeller “Ap 12:17; 13:10 y 14:12 están entrelazados y describen las mismas características del remanente apareciendo bajo diferentes nombres”.
[39] Stefanovic también afirma:

“El libro de Apocalipsis no sostiene la idea de que Dios tiene dos grupos distintos de personas sobre la tierra… Juan el revelador indica claramente que él tiene sólo un pueblo en mente cuando él se refiere a estos como Siervos de Dios (1: 1), el Remanente (12: 17), los santos (14: 12) y la esposa del Cordero (19: 7-8; cf. Cap. 12)”.
[40]

Antes de continuar, se quiere identificar quiénes son los Santos perseverantes de Apocalipsis 14: 12. Para comenzar, el contexto de Apocalipsis 14 es netamente escatológico, por lo tanto, los componentes de este capítulo se tienen que ubicar en el mismo contexto. Siendo así, es lógico pensar que hay una gran relación entre los Santos Perseverantes y los 144 000. Mientras los Santos perseverantes son presentados al inicio militando contra Babilonia, posteriormente ellos son presentados como triunfantes a través del símbolo de los 144 000. Por lo tanto, los 144 000 triunfantes son aquellos Santos perseverantes que antes de la II Venida, vencieron al Dragón.
Al tener esto como base, será más fácil ver la relación entre los 144 000 y el Remanente. Si los Santos perseverantes son los santos que vencen a los agentes de Satanás, y estos santos son el Remanente, y, como se ha visto, los Santos perseverante son los 144 000, es lógico pensar que el Remanente tiene una íntima relación con este grupo. Al parecer, posiblemente los 144 000 pertenecen al remanente. Es probable que los 144 000 son aquellos miembros del remanente que no probarán la muerte cuando Cristo venga.

Conclusiones
(1) Por el contexto simbólico de Apocalipsis 7 y 14, los 144 000 es un número simbólico y no literal. Este es un grupo selecto que representa al pueblo de Dios que, sin haber probado la muerte, están de pie en la II venida. En cortas palabras, ellos son los que reciben a Cristo viniendo con las nubes.
(2) Al estar la Gran Muchedumbre en el mismo contexto escatológico de los 144 000 (cap. 7; 14: 1-5), el haber pasado “la gran persecución” (7: 14), el tener las mismas características, y después de haber usado el modelo “ver-oír” de Apocalipsis, permite concluir que ambos son el mismo grupo.
(3) Mientras que los 144 000 en Apocalipsis 7: 4-8 representan a la iglesia militante, la Gran Multitud representa a la iglesia triunfante. Eso no quiere decir que los 144 000 aparecerán al inicio de la batalla, y la Gran Multitud al final de ella, al contrario, la Gran Multitud representa también la promesa cumplida a los 144 000. Como si la Gran Multitud representara a los 144 000 después de haber vencido en la batalla. En cortas palabras, la Gran Multitud son los 144 000 triunfantes. Y esto es registrado en Apocalipsis 14: 1-5 donde los 144 000 están con el Cordero en el cielo.
(4) Al relacionar al Remanente de Apocalipsis 12: 17 con los 144 000, en base a su contexto respectivamente, es posible que los 144 000 pertenecen al Remanente. Por lo tanto, los 144 000/Gran Multitud “Guardan los mandamientos de Dios y tienen fe en el Testimonio de Jesucristo”.
Autor:
Oscar Mendoza Orbegoso

Referencias Biliográficas
[1]William Barclay, Comentario al Nuevo Testamento: Apocalipsis II (Terrassa: Clie, 1999), 34.[2]Entre ellos Ivan Barchuk, Explicación del Apocalipsis (Barcelona: Clie, 1975), 140-8; Herbert Lockyear, Apocalipsis: el drama de los siglos (Miami: Vida), 97; Sunshine Ball, Daniel y el Apocalipsis (Miami: Vida, 2000), 106. Una postura similar, es la de William MacDonal, quien cree que “Los 144 000 son evidentemente creyentes judíos”, William MacDonald, Comentario bíblico de William MacDonald: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento (Terrassa: Clie, 2004), 1088.[3]Como por ejemplo Antolín D. Gil, El sentido de la historia y la palabra profética (Terrassa: Clie, 1995), 568; Enrique Martorell, El griego del Nuevo Testamento (Terrassa: Clie, 1998), 1: 358-9.[4]Entre ellos Evis Carballosa, Apocalipsis: La consumación del plan eterno de Dios (Grand Rapids: Portavoz, 1997), 150-1.[5]Como Antolín D. Gil, El sentido de la historia y la palabra profética 568; Evis Carballosa, Apocalipsis: La consumación del plan eterno de Dios, 153; William MacDonald, Comentario bíblico, 1088; Mervyn C. Maxwell, Apocalipsis: Sus revelaciones (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1991), 176; Elisabeth Schüssler Fiorenza, Apocalipsis: Visión de un mundo justo (Estella: Verbo Divino, 1997), 98-100.
[6]Francis Nichol, ed., Comentario bíblico Adventista, trads. Víctor Ampuero M. y Nancy Vymeister (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1996), 7: 800.
[7]Ver G.K. Beale and Sean M. McDonough, Commentary on the New Testament Use of the Old Testament, G. K. Beale and D.A. Carson eds. (Grand Rapids, MI: Baker Academia, 2007), 1107-8; Jacques B. Doukhan, Secretos de Apocalipsis: El Apocalipsis visto a través de los ojos hebreos, trad. Claudia Blath (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2008), 77.[8]Para un mayor estudio sobre el papel de Israel en la profecía y el dispensancionalismo, ver Hans LaRondelle, The Israel of God in Prophecy (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 1983); Ibíd., “Israel na profecia”, O Futuro: A visao adventista dos últimos acontecimentos, Artigos teológicos apresentados no V Simposio Bíblico-Teológico Sul-Americano em homenagem a Hans K. LaRondelle, ed. por Alberto Timm et.al. (Sao Paulo: Casa Publicadora Brasileira, 2004), 231-7, de aquí en adelante OF; Gerhard Pfandl, “Israel and the Church”, Journal of the Adventist Thelogical Society 13, no. 2 (2002): 15-29, de aquí en adelante JATS; los siguientes artículos son bajados de la misma página web: Frank B. Holbrook, “Futurism´s Countdown: Fact or Fantasy?”; Gerhard F. Hasel, “God´s Plan for Israel”; Walter F. Specht, “New Testament Israel”, Adventist Research Institute, http://www.adventist biblicalresearch.org/documents/Role%20of%20Israel.htm (consultado: 10 de Febrero, 2009), de aquí en adelante ABR; Clifford Goldstein, “¿Está Iraq en la profecía?”, Como fuego en mis huesos, trad. Adriana Itin (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2001), 101-6. Al estudiar al Dispensancionalismo, se puede notar que es imposible creer que los 144 000 serán judíos de sangre.[9]Ver Hans K. LaRondelle, Las profecías del fin (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1999), 154-60; Kenneth A. Strand, “The "Spotlight-on-Last-Events" Sections in the Book of Revelation”, Andrews University Seminary Studies 27, no. 3 (1989): 204-6, de aquí en adelante AUSS; Loron Wade, “Thoughts on the 144,000”, JATS 8, no. 1-2 (1997): 90-9; Ranko Stefanovic, Revelation of Jesus Christ: Commentary on the Book of Revelation (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2002), 264-7; Mervyn C. Maxwell, Apocalipsis: Sus revelaciones, 176; Urías Smith, Las profecías de Daniel y Apocalipsis (California: Publicaciones Interamericanas, 1949), 2: 468; Jacques B. Doukhman, Secretos del Apocalipsis, 77.
[10]A pesar que la Biblical Research Institute de la Asociación General propone, a través de un artículo escrito por Ekkehardt Müeller (ver Ekkehardt Müeller, “The 144,000 and the Great Multitude”, ABR, http://www.adventistbiblicalresearch.org/documents/144,000great multitude.htm [consultado: 16 de Abril, 2008]), que los 144 000 y la Gran Multitud son el mismo grupo, aun hay teólogos adventistas que piensan lo contrario.
[11]Sin embargo, dentro de la parte histórica hay pasajes escatológicos. Como por ejemplo la II venida de Apocalipsis 1:7. Este evento está en la sección histórica del libro pero es un suceso escatológico porque aun no se ha cumplido. De igual manera, cuando se hace el paralelismo entre la 7ma iglesia, el 7mo sello (con su respectivo paréntesis: Ap 7) y la 7ma trompeta (con su respectivo paréntesis: 10-11:14), se notará que hay una estrecha relación escatológica. Obsérvese el siguiente paralelo:

A. Ap. 3:14-22 : ---------- Iglesia Laodicea [7ma iglesia] ------ II V.
B. Ap. 7-8:1 : -- (anuncio del sellamiento: 144 000) ------ Silencio en el cielo [7mo sello]/II V.
C. Ap. 10-11:14: -- (libro abierto-surge dos testigos) ------ Voces en el cielo [7ma trompeta]/II V.

Con este paralelismo, se puede ver la relación de la última iglesia con los eventos finales. Es probable que Laodicea esté involucrada con el sellamiento (7:1-3), los 144 000 (7:4-8), el librito abierto en el contexto de los dos testigos (10-11:14), y la II Venida (que es el 7mo sello y la 7ma trompeta). Todos estos eventos, a pesar que están en una sección histórica, son escatológicos. Para un mayor estudio sobre el paralelismo del 7mo sello y la 7ma trompeta, los paréntesis que le anteceden, y su relación con los eventos escatológicos, ver Ekkehardt Müeller, “Recapitulation in Revelation 1-11”, JATS 9, no. 1, 2 (1998): 260-77.
[12]En esta sección se observa que la historia y la escatología están entremezcladas. Para un mayor estudio, ver Carlos Olivares, “Un análisis en la determinación de una estructura para el Apocalipsis: Implicaciones”, Theologika 22, no. 2 (2007): 258, de aquí en adelante Theo; Ibíd., “Análisis estructural de Apocalipsis 12 y 13: En busca de un esqueleto estructural”, Theo 20 no. 1 (2005): 34-62.[13]La escatología es el estudio de los eventos finales de la profecía bíblica, a saber, eventos que ocurren a partir de 1798/1844 d.C. en adelante.[14]Kenneth Strand y Elisabeth Schüssler Fiorenza proponen una estructura quiástica para una mayor comprensión y unidad literaria en Apocalipsis, ver Kenneth Strand, “The Eight Basic Visions in the Book of Revelation”, AUSS 25 no. 1 (1987): 107-21; Elisabeth Schüssler, Apocalipsis, 57. Tanto las estructuras quiásticas de Strand y Schüssler son apoyadas por Mervyn Maxwell, Apocalipsis: Sus revelaciones, 54-62; Hans LaRondelle, Las profecías del fin, 105-12; William Shea, “The Parallel Literary Structure of Revelation 12 and 20”, AUSS 23 no. 1 (1985): 37-54; Ibíd., “Revelation 5 and 19 as literary reciprocals”, AUSS 22, no. 1 (1985): 249-57.[15]Los textos serán citados de La Biblia de las Américas (California: The Lockman Foundation, 1997).[16]A la vez, no se estaría respetando los principios de interpretación profética. Para un estudio más amplio sobre estos principios, ver Kenneth A. Strand, “Foundational Principles of Interpretation”, SR-libro 1, 6:3-34; Richard Davidson, “Biblical Principles for Interpreting Apocalyptic Prophecy”, Andrews University, 1-31; Ibíd., “Biblical Principles for Interpreting Old Testament Classical Prophecy”, Andrews University, 1-39; Merling Alomía, “Some Basic Hermeneutic Principles Established by Christ for the Exegetas of All Centuries”, JATS 10, no. 1-2 (1999), 475-85; Edwin Reynolds, “Ten Keys for Interpreting the Book of Revelation”, JATS 11, no. 1-2 (2000): 261-76; William Shea, Estudios selectos sobre interpretación profética-Serie de la comisión de Daniel y Apocalipsis, vol. 1 (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1990).[17]Para un estudio exegético de Apocalipsis 14, ver William Johnsson, “The Saints´ End-Time Victory Over the Forces of Evil” en Symposium on Revelation: Introductory and Exegetical Studies-libro 2, Frank Holbrook ed. (Silver Spring: Review and Herald Publishing Association, 1992), 7: 31-9.[18]Sobre la estructura de Apocalipsis 12 al 14, ver William Shea, “The Controversy Over the Commandments In the Central Chiasm of Revelation”, JATS 11, no. 1-2 (2000): 216; Kenneth Strand, “Chiastic Structure and Some Motifis in the Book of Revelation”, AUSS: 405; William Shea y Ed Christian, “The Chiastic Structure of Revelation 12:1-15:4 The Great Controversy Vision”, AUSS 38, no. 2 (2000): 269-92. Para estos eruditos el mensaje principal de Apocalipsis 12 al 14 es un mensaje de victoria (14: 1-5; 15: 2-4).[19]Al parecer, Juan está dando dos figuras en un mismo contexto. Como si los 144 000 fueran la Gran Multitud que están con el Cordero.
[20]El problema de fondo aquí es “La Gran Tribulación”. Si se cree que la Gran Multitud está conformada por los resucitados que murieron en el Señor de todas las edades, conociendo que ellos pasaron por la “Gran Tribulación” (7: 14), traería dos complicaciones: (1) Se llegaría concluir que todos los que murieron en el Señor desde el Edén hasta la II V. murieron siendo perseguidos, lo cual es ilógico puesto que muchos de ellos han fenecido con la muerte natural; y (2) Se colocaría a la “Gran Tribulación” como histórica y no como escatológica.[21]Vine, W.E., Vine diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo (Nashville: Caribe) 2000, c1999.[22]Hans LaRondelle, Las profecías del fin, 156.[23]G.K. Beale y Sean M. McDonough, Commentary on the New Testament Use of the Old Testament, G. K. Beale and D.A. Carson eds. (Grand Rapids, MI: Baker Academia, 2007), 1107. Para un mayor estudio, ver G.K. Beale, The New International Creek Testament Commentary NIGTC: The Book of Revelation (Grand Rapids, MI: EErdmans Publishing Company, 1999), 416-23; J. Massyngberde Ford, The Anchor Bible: Revelation (Nueva Cork: The Anchor Bible Doubleday, 1975), 38: 118.
[24]G. K. Beale y M. McDonough, 1107.
[25]Loron Wade hace un breve estudio de las características de los 144 000, identificándolas como marcas del Pueblo de Dios. Estas marcas de identidad, según este erudito, son: (1) Ellos son sellados por Dios, (2) Son leales a Dios y siguen al Cordero, (3) Son testigos de Dios y la verdad, concluyendo que los 144 000 son el pueblo de Dios, ver Loron Wade, “Thoughts on the 144,000”: 91-2.
[26]Beatrice S. Neall, “Sealed Saints and the Tribulation”, en Symposium on Revelation: Introductory and Exegetical Studies-libro 1, Frank Holbrook ed. (Silver Spring: Review and Herald Publishing Association, 1992), 6: 262.[27]No sólo eso, Doukhan amplía diciendo que “en los tiempos de Yohanan [Juan], los registros de los que pertenecían a la mayoría de las tribus habían desaparecido con la destrucción del Templo. De los que cualquiera podría estar seguro era de los que afirmaban ser parte de Judá, Benjamín y Leví”. Concluyendo “Por lo tanto, no deberíamos tomar a Israel mencionado aquí en un sentido literal”, Jacques B. Doukhan, Secretos del Apocalipsis, 77.[28]Uno de los puntos más complejos al tratar sobre las características de los 144 000 es cuando se habla sobre mujeres ¿A qué mujeres se está refiriendo el apóstol?. Para una mayor discusión, ver Daniel C. Olson, “Those Who Have Not Defiled Themselves with Women: Revelation 14: 4 and the Book of Enoch”, The Catholic Biblical Quarterly 59 (1997): 492-510.[29]Las palabras que se han puesto en cursiva es para darle mayor énfasis.[30]Bauckham arguye que la relación entre los dos segmentos es precisamente paralelo a la relación entre el león y el cordero en 5: 5-6. Así como Juan oye sobre un león y mira su significado a través del simbolismo de un cordero, así también él oye sobre los 144 000 y entonces entiende su significado a través de una visión de la innumerable multitud. R. Bauckham, The Climax of Prophecy; Studies in the Book of Revelation (Edinburgh: T&T Clark, 1993), 215-6 citado en G.K. Beale and Sean M. McDonough, Commentary on the New Testament Use of the Old Testament, 1108.[31]Ekkehardt Müeller, “The 144,000 and the Great Multitude”. LaRondelle concluye en lo mismo con respecto a este modelo diciendo “Lo que Juan vio fue una aclaración de lo que primero sólo había oído”, Hans LaRondelle, Las profecías del fin, 155.[32]Ibíd.[33]Según la unidad de Apocalipsis 12 al 14, es lógico pensar que los 144 000 son rescatados de las persecuciones de la bestia que sube del mar y la bestia que sube de la tierra (13: 15-17).[34]Beale y McDonough hacen un rápido análisis de ambos grupos en relación a ejército/militante y victoria: “Que el grupo en Ap 7:9-17 es el mismo grupo de guerreros como en 7:4-8 es sugerido además por la observación que en 7:9 ochlos (multitud) puede ser traducido como 'ejército' y mientras que las vestiduras y las palmas son asociados en otra parte con una victoria militar (mirar, respectivamente, 2 Mac. 11:8; 1 Mac. 13:51; cf. Testament of Naphtali 5:4), la traducción viable de soteria en 7:10 como “liberación, victoria” parece confirmar esta conclusión”, ver G.K. Beale and Sean M. McDonough, Commentary on the New Testament Use of the Old Testament, 1107, ver también Doukhan, Secretos de Apocalipsis, 77.[35]Ranko Stefanovic, 270.
[36]En 1: 7, 19; 3: 21; 4: 1; 7: 1, 9; 9: 12; 11: 11; 12: 7, 17; 13: 7; 14: 4; 15: 5; 17: 2, 14; 18: 1; 19: 1, 19; 20: 3; 21: 3; 22: 21.
[37]4: 1; 7: 1, 9; 15: 5; 18: 1.
[38]Como por ejemplo en el 7: 1. A pesar que es un nuevo capítulo, es la continuación del 6to sello, y no una nueva visión. De igual manera en el 15: 5, Juan ve a los santos en el santuario celestial glorificando a Dios (vv. 1-4) y prestos a ver la caída de las siete plagas postreras (vv. 1-8). A pesar que “Después de estas cosas miré” está en el versículo 5, esto no amerita pensar que a partir de este texto es otra visión, puesto que, en base a su contexto, es una sola.[39]Ekkerhardt Mueller, “The 144,000 and the Great Multitude”.
[40]Rango Stefanovic, 270.

jueves, 26 de agosto de 2010

EL ORIGEN PROFÉTICO DEL PUEBLO DE DIOS: Hacia una identidad profética saludable

La impresionante creciente de denominaciones cristianas, es sin duda, la manifestación de clara inconformidad con los grupos tradicionales. En el mundo evangélico por ejemplo las divisiones en estas últimas décadas son “pan de cada día”, y aunque todas las denominaciones cristianas dicen ser el pueblo verdadero de Dios, es notable que pocos hagan el intento, por lo menos, de argumentarlo a la luz de la Palabra de Dios. La razón, es variada, no obstante, una de ellas es la creencia de que “habrán salvos de todas las iglesias”, o en palabras de Cristo, “tengo otras ovejas que no son de este redil” (Jn. 10:16), y la frase conocida de que “todos los caminos conducen a Roma”. Únicamente basta creer en el Señor Jesús, para ser salvo, esto es, la salvación por gracia, mediante la fe (Ef. 2:8).

Sin embargo, ¿Es la Iglesia Adventista del Séptimo Día simplemente otra denominación más? ¿Puede ser catalogada como una iglesia evangélica sabática? ¿Qué es lo que le hace diferente con otras denominaciones? El adventista de hoy se ve retado, sin duda, a mirar a su derredor al bosque espeso de denominaciones, y demostrar con base, el surgimiento bíblico de su iglesia o de su pueblo. Y no sólo eso, sino que, se ve tentado probablemente a reaccionar frente al “coqueteo” con grupos disidentes en el marco de la iglesia adventista. Este asunto no es nuevo, pero es más que necesario recordarlo.

A través del surgimiento profético del pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, Israel, la presente tiene el objetivo de presentar breves argumentos del surgimiento profético del pueblo de Dios en los últimos tiempos, a decir, la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Dios siempre tuvo un pueblo

Es evidente a la luz de la Biblia que Dios siempre tuvo un pueblo escogido. Desde el Génesis mosaico, al apocalipsis juanino, esa idea es más que notable.

En el principio, la promesa hecha a Adán y Eva, después del pecado, conocida como el protoevangelio (Gn. 3:15), muestra claramente la “simiente escogida” para ser el pueblo de Dios. Por donde vendría el Salvador Jesús.

En tiempos de Noé, el “arca” simbolizaba a la iglesia de Dios. Los que abandonan el mundo corrupto, para ingresar a la “iglesia de Dios” y encontrar la seguridad y salvación (Gn.6:18).[1]

Pero la promesa más clara de un pueblo para bendición, es la que Dios hizo a Abraham, en palabras de Dios, “Y haré de ti una gran nación. Te bendeciré, engrandeceré tu nombre, y serás una bendición. […] Y por medio de ti serán benditas todas las familias de la tierra” (Gn. 12:2,3).

Sin embargo, también le profetizó con detalles el destino de ese pueblo, “Ten por cierto que tus descendientes serán peregrinos en tierra ajena, y serán esclavos y oprimidos durante 400 años. Pero yo castigaré a la nación a quien servirán. Después saldrán con gran riqueza” (Gn. 15:13,14).

Es de esta manera que el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento fue profetizado con anterioridad, para su origen y su caminata rumbo a Canaán.

SURGIMIENTO PROFÉTICO DEL PUEBLO DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO: ISRAEL

Dos históricos libros se encuentran, el Génesis y el Éxodo, el principio y la salida, para mostrar el origen del primer pueblo de Dios, como indicaba la “agenda divina”.

Génesis registra, “Ten por cierto que tus descendientes serán peregrinos en tierra ajena, y serán esclavos y oprimidos durante 400 años. Pero yo castigaré a la nación a quien servirán. Después saldrán con gran riqueza” (Gn. 15:13,14).

Éxodo hace alusión a Génesis diciendo, “Pasados los 430 años, en el mismo día, salieron de Egipto todos los ejércitos del Señor” (Ex. 12:41). En expreso, la “agenda Divina”, presenta la primera profecía con fecha exacta para el origen del pueblo de Dios.

En la fecha exacta

El texto menciona claramente, “Pasados los 430 años. Ese mismo día”, salieron de Egipto para enrumbarse a Canaán, la tierra prometida. Para algunos estudiosos existe una contradicción cronológica entre los dos textos (Gn. 15:13 y Ex. 12:41), pues en una menciona 400 años y en el otro 430 años.

Sin embargo se debe tener en cuenta las palabras de Pablo, “Esto, pues, digo: La Ley que vino 430 años después, no abroga el pacto previamente confirmado por Dios, para invalidar la promesa” (Gal. 3:17). Mostrando que La Ley (los 10 Mandamientos en el Sinaí) no anula o abroga el pacto hecho con Abraham cuando lo llamó a salir de Ur de los Caldeos (Gn. 12).

Por lo tanto, Moisés considera los 430 años desde que Abraham salió de Ur hasta el día del Éxodo (215 años desde el llamamiento de Abraham hasta cuando realmente descendió Jacob a Egipto, y 215 años más tarde hasta el mismo éxodo), pues desde que Abraham dejó su terruño fue un peregrino.[2]

Conclusión

En consecuencia, Dios había profetizado siglos antes, el surgimiento de su pueblo, el cual sería oprimida, esclavizada, humillada (Ex. 1:13), pero al final sería libertada, no por mano humana sino por mano divina (Ex.14:30,31).

Sin lugar a dudas, el pueblo de Israel tiene un origen profético. Es por ello que a través de la historia, el pueblo israelita, se sentía segura y orgullosa de ser el pueblo de Dios. No por fábulas, ni historietas, sino por su origen profético en la Biblia, la Palabra de Dios. Y aunque esclavos se atrevieron a increparle incluso a Jesús, “Descendientes de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos” (Jn.8:33), poseedores de una identidad profética sin igual.

SURGIMIENTO PROFÉTICO DEL PUEBLO DE DIOS EN EL TIEMPO DEL FIN: IGLESIA ADVENTISTA DEL SÉPTIMO DÍA

Dos libros proféticos se encuentran, Daniel y Apocalipsis, la profecía y la revelación, para mostrar el último pueblo de Dios tal como indicaba la “agenda divina”.

Daniel, el varón muy amado de Dios, dice “Pero tú Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia aumentará” (Dn. 12:4).

Juan, el discípulo amado, dice “La voz que oí del cielo me habló otra vez, y me dijo: “Ve toma el librito abierto de la mano del ángel que está en pie sobre el mar y la tierra” (Ap. 10:8).

Es interesante notar que en Daniel encontramos un libro cerrado hasta el tiempo del fin, y en Apocalipsis encontramos un libro que está abierto en el tiempo del fin. Pero surge una pregunta importante, ¿Cuándo es el tiempo del fin? Daniel menciona la respuesta, “Y él respondió: Hasta 2300 días de tardes y mañanas. Entonces el Santuario será purificado. Mientras yo contemplaba la visión, y trataba de entenderla […] Pero él me dijo: “Hijo de Adán, entiende que la visión es para el tiempo del fin (Dn. 8:14-17).

Claramente el tiempo del fin, es dado inmediatamente después del cumplimiento de la profecía más grande con fecha exacta en la Biblia (Dn. 8:14), pues cuando Daniel no entendía se le dice “entiende que la visión es para el tiempo del fin”, es decir la visión de los 2300 días, pues es la que casa más exactamente.[3]

En profecía, las tardes y mañanas, o días completos, deben ser entendidos simbólicamente, un día representa un año (ej. Nm. 14:34; Ez. 4:4-6),[4] es decir 2300 años. Pero surge otra pregunta importante, si son 2300 años literales, ¿Cuándo tienen su inicio? Para ello es imprescindible estudiar las “setenta semanas” de Daniel 9, pues son parte de las “2300 tardes y mañanas” (Dn. 9:24-27). Los exegetas conservadores coinciden en forma generalizada que la mejor fecha para el inicio de la profecía es 457/458 a.C.[5]

En consecuencia, la fecha para la culminación de los 2300 años, “de forma sistemática, los autores historicistas han situado el cumplimiento de los 2300 días entre 1843 y 1847”.[6]

El sermón apocalíptico de Jesús

A Jesús le preguntaron, “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas y qué señal habrá de tu venida y del fin del mundo?” (Mt. 24:3). Después de darle algunas señales generales (24:4-28), les presenta señales específicas (24:29-31), después de la persecución. Tres señales astronómicas que son mencionados por el mismo Cristo como eventos antes de Su advenimiento: (1) persecución, (2) “el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor” y (3) “las estrellas caerán del cielo”. Después de ello “Y entonces aparecerá en el cielo la señal del hijo del Hombre, y todas las naciones de la tierra se lamentarán; y verán al hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo, con gran poder y grande majestad” (Mt. 24:30).

Al confrontar el texto anterior con Apocalipsis 6:12-16 “Miré cuando él abrió el sexto sello. Se produjo un gran terremoto, el sol se ennegreció como un saco de cilicio, la luna se volvió toda como sangre, y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es sacudida por fuertes vientos […] Y decían a los montes y a las peñas: “caed sobre nosotros, y escondednos de la vista de Aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero.””

A lectura simple, se nota en expreso que los dos pasajes bíblicos son más que similares. Por historia, conocemos que los eventos descritos en el libro de Apocalipsis tuvieron su cumplimiento como sigue: (1) el terremoto de Lisboa en 1755, (2) el eclipse del 19 de mayo de 1780, y (3) la lluvia de meteoritos el 13 de noviembre de 1833.[7]

Guillermo Miller y la profecía

Hablar del surgimiento del pueblo adventista sin mencionar a Miller es no reconocer cómo Dios guió a su pueblo. Guillermo Miller (1782-1849) es sin duda, la figura cumbre del adventismo.[8] En 1818 llegó a la conclusión que el cumplimento de las 2300 tardes y mañanas, y la purificación del santuario se darían unos 25 años más tarde.[9]

Para Miller, la “purificación del santuario” se refería más explícitamente a la “purificación de la tierra”, es decir, el fin del mundo (Mt. 24:3), y sería purificado con fuego alrededor de 1843. Era en esa fecha aproximada cuando Jesús volvería por segunda vez.

Lo que pocos saben, es que Miller, inicialmente no daba una fecha clara respecto a la “venida de Jesús”, ya que siempre decía: “por el año 1843”. Fue más bien por presión a sus seguidores que se animó a dar una fecha “exacta”, en algún momento de ese año judío, que él calculó corría desde el 21 de marzo de 1843 hasta el 21 de marzo de 1844.[10]

Sin embargo, fue Samuel S. Snow quien convencido, por sus estudios intensivos sobre el tabernáculo mosaico y de los tipos en los festivales judíos, sugirió a Gullermo Miller que Cristo volvería en ocasión al Día de Expiación judía (de los caraítas), en el séptimo mes del año, esto sería en el otoño en vez de primavera de 1844. Es decir el 22 de octubre. Miller y otros dirigentes especiales del movimiento aceptaron esta postura recién el 16 de octubre de 1844, días antes.[11]

Llegado el 22 de octubre de 1844, la experiencia del movimiento adventista fue “dulce como la miel, pero después […] fue amargo” (Ap. 10:10). Dulce por el mensaje precioso y la gran acogida que tuvo, y amargo por el “gran chasco” de no haber visto el regreso de Jesús.

Dios guió al movimiento adventista

Algunos podrían sonreír leyendo la historia del movimiento adventista, pues Jesús mismo dijo: “De aquél día y de la hora nadie sabe” (Mt. 24:36; Mr. 13:32), de la venida de Jesús. No obstante, cuando un sincero lector confronta el sermón apocalíptico de Jesús y las señales astronómicas (Mt. 24:29-31) con las catástrofes del sexto sello (Ap. 12:12-17), no puede dejar de sorprenderse y notar que está hablando del mismo acontecimiento profético.[12]

Guillermo Miller, entendió que Cristo vendría a purificar el santuario (la tierra para Miller), después de las 2300 tardes y mañanas, es decir, el 22 de octubre de 1844, ese sería el día del advenimiento segundo.

Sin embargo, “Dios se propuso probar a su pueblo. Su mano cubrió el error cometido en el cálculo de los períodos proféticos. Los adventistas no descubrieron el error, ni fue descubierto tampoco por los más sabios de sus adversarios. Estos decían: "Vuestro cálculo de los períodos proféticos es correcto. Algún gran acontecimiento está a punto de realizarse; pero no es lo que predice Miller; es la conversión del mundo, y no el segundo advenimiento de Cristo."[13]

Todo estaba profetizado y dirigido por Dios. No importa lo que pensemos acerca del futuro de la iglesia, hay Uno que “hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Ef. 1:11).[14]

En la fecha exacta

Apocalipsis 10 es sin duda el comienzo de la historia adventista. Después del sexto sello (Ap. 6:12-17), y su cumplimiento respectivamente, el 22 de octubre de 1844 es el día de nacimiento de un pueblo con un origen profético, una misión, “Y me dijo: “es necesario que otra vez profetices a muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes”” (Ap. 10:11), y un mensaje relevante “¡Reverenciad a Dios y dadle gloria, porque ha llegado la hora de su juicio! Adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Ap. 14:7), el juicio investigador, en el marco del santuario celestial.

El mismo día en que Dios había señalado, el 22 de octubre de 1844, nació el pueblo de Dios del tiempo del fin, al finalizar las 2300 tardes y mañanas o años. Como es sabido, esa fecha marca el inicio de una etapa nueva para la historia de la humanidad. Cristo inicia su ministerio sumo sacerdotal en el lugar santísimo del santuario celestial (Heb. 8:2; 9:23, 24 cf. Ex. 25:9, 40; Lv.16).

Conclusión

La última profecía con fecha exacta es la del pueblo Adventista del Séptimo Día y su origen profético. No hay otra profecía más con fecha exacta para el surgimiento de un pueblo de Dios. Al cumplimiento de la profecía de las 2300 tardes y mañanas, ese mismo día, el 22 de octubre de 1844, Cristo dio origen a Su pueblo, que “Guarda los mandamientos de Jesús, y tiene el Testimonio de Jesús” (Ap. 14:12), y es contra ella que Satán se opone (Ap. 12:17), con el pueblo remanente de Dios.

Salen de Babilonia, para ser parte de Israel espiritual, de las tinieblas a la luz admirable (1 Pe.2:9).

CONCLUSIONES

Israel como pueblo de Dios, tuvo un origen profético muy claro, es de suponer que el pueblo de Dios en el tiempo del fin, debe tener un origen similar. Es por ello que, al analizar este asunto a la luz de la Biblia, es notable esta realidad.

El mismo día, tal como Dios lo había dicho, levantó un pueblo para el tiempo del fin. Ese pueblo es el pueblo Adventista del Séptimo Día. El 22 de octubre de 1844 no debe ser vista más como un “chasco”, sino como el inicio del ministerio sumo sacerdotal de Cristo en el Santuario Celestial, y el día del nacimiento del pueblo de Dios.

Dios sacó a Israel de Egipto, para llevarlos a la Canaán terrenal, el mismo día que estaba profetizado. Así, Dios sacó a los Adventistas de Babilonia, para llevarlos a la Canaán celestial, el mismo día en que fue profetizado.

Es impresionante el símil de los dos pueblos de Dios, que “guardan los mandamientos de Dios y tienen el Testimonio de Jesús” (Ap. 14:12), son pueblos para bendición a otras naciones con el evangelio eterno.



[1]Brian Jones, La iglesia: Novia regia de Jesús (Buenos Aires: ACES, 1996), 18.

[2]“La profecía que dice que la cuarta generación de los que habían entrado en Egipto saldría de allí (Gén. 15: 16), y su cumplimiento registrado (Exo. 6: 16-20), hacen imposible cualquier otra explicación del período de los 430 años”. Véase Francis, Nichol, ed., “Éxodo”, Comentario bíblico Adventista del Séptimo Día. 7 vols. Traducido por Victor E. Ampuero Matta (Berrien Springs: Pacific Press Publishing Association, 1980), 1:568.

[3]George R. Knight, La visión apocalíptica y la neutralización del adventismo: ¿Estamos borrando nuestra relevancia? (Buenos Aires: ACES, 2010), 34.

[4]Asociación Ministerial de los Adventistas del Séptimo Día, Creencias de los Adventistas del Séptimo Día (Buenos Aires: ACES, 2007), 359.

[5]George R. Knight, 77.

[6]Ibid.

[7]Enoch de Oliveira¸ La mano de Dios al timón (Buenos Aires: ACES, 1986), 24-25.

[8]Miguel Ángel Núñez, La verdad progresiva. Desarrollo histórico de la teología adventista (Lima: Fortaleza Ediciones, 2007), 19.

[9]Richard W. Schwarz y Floyd Greenleaf, Potadores de luz. Historia de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (Buenos Aires: ACES, 2002), 30.

[10]Ibid, 41.

[11]George Knight, 40.

[12]Elena G. de White, El conflicto de los siglos (Buenos Aires: ACES, 2005), 382.

[13]Ibid, 423.

[14]Ty Gibson, Si hay apostasía en la iglesia, ¿Debemos abandonar el barco? (Bogotá: APIA, 1998), 11.


miércoles, 18 de agosto de 2010

POSTMODERNISMO Y NUEVA ERA: CONEXIONES SUTILES


Ruth es inteligente, hermosa, joven y compasiva. Ella fue a la universidad, tiene un buen trabajo, y para su edad sorprende a los demás con su espiritualidad. ¿Espiritualidad en una era secularizada que está tan profundamente atrincherada con la magia de la tecnología?

No te sorprendas. Ruth encontró un nuevo tipo de “espiritualidad”. Mientras ella pueda usar los avances tecnológicos como un asunto rutinario, no se sentirá obligada para con la ciencia y su magia. De esa magia ha saltado a un misterio. El misterio del misticismo, del mundo fascinante de las religiones orientales, donde el “yo” puede lograr su máximo potencial sin la ayuda de la razón, de Dios, ni de la Biblia.

Ruth hizo un salto cuántico. Como hija de la Postmodernidad, ella niega la historia, el tiempo, el Dios del universo, y el significado último de la Cruz. Pero ella no es mala, en términos de moral o de ética. Ahora abrazó los valores de la Nueva Era. El salto es sutil, sugestivo, y a menudo parece satisfactorio. Ella es feliz.

Y también lo es Satanás.

Ruth no está sola. Durante los últimos años, miles como ella, hijos de la Postmodernidad, se han convertido en seguidores de la Nueva Era. Fueron criados como metodistas, católicos, e incluso adventistas del séptimo día. El hecho es que la Nueva Era se ha convertido en un fenómeno religioso de amplio espectro que atrae a miles de seguidores cansados y desarraigados del tradicional cristianismo.

Este artículo intentará abordar cuatro preguntas: ¿Qué es el Postmodernismo? ¿Qué es, espiritualmente, la Nueva Era? ¿Hay alguna relación entre ambos? ¿Qué precauciones deberíamos tomar contra estos sutiles peligros?

¿Qué es el Postmodernismo?

El pensamiento postmoderno no constituye, propiamente hablando, una concepción del mundo, sino una multiplicidad de ellas.1 Según Fredric Jameson, profesor de Cornell University (USA), un signo típico de que se está ante un pensamiento de corte postmodernista es la cuestión de la “sordera histórica”. Este rasgo se constituye en un elemento clave a la hora de conceptualizarlo. El hombre postmoderno ha olvidado cómo se piensa históricamente, y esto produce grandes dificultades al intentar medir la temperatura de algo que ni siquiera podemos asegurar que sea una “época”.2

Un síntoma clave del pensamiento postmoderno es la negación del tiempo como una dimensión explicativa de los hechos. Por el contrario, en las Sagradas Escrituras se presenta a los eventos históricos unidos teleológicamente, siguiendo un curso definido, con significado y propósito. La visión bíblica del tiempo está gobernada por una filosofía de la historia cuyo tema central es el conflicto cósmico entre Cristo y Satanás. Esta visión del tiempo tiene hitos reconocibles: la creación, la caída, el pacto, Cristo, la obra de la redención, el juicio investigador, y la segunda venida de Cristo con su consecuente retribución de castigos y recompensas, la seguridad de un fin y de un nuevo comienzo. Esta “sordera histórica” padecida por el Postmodernismo niega la relevancia de la línea histórica bíblica y la veracidad de sus eventos principales. Así, si la historia ya no tiene valor, tampoco los hechos que la determinan.

El pensamiento postmoderno está demasiado preocupado con el presente, sin sentir ninguna necesidad de raíces históricas o de un destino atrayente. Esta irrelevancia de la historia y del destino produce una superficialidad que permea la cultura postmoderna a partir de sus principales notas: un culto de la imagen y del simulacro, el ordenamiento de una vida que gira en torno a la tecnología, se entreteje a partir de una retórica del mercado y que ha impuesto su lógica del consumo frenético, un nuevo suelo emocional, directa consecuencia de un galopante irracionalismo gestado a partir de la negación de la Modernidad y sus productos. El resultado es lo que Jean F. Lyotard3 llama una negación de las “narrativas maestras” —programas racionales “que cantaban las esperanzas y la fe en la liberación de la humanidad”.4

Así, mientras el Postmodernismo puede haber sufrido una pérdida radical en lo que éste ha rechazado, ha establecido para sí mismo otros grandiosos proyectos socioculturales, apoyados sobre una fuerte base político-religiosa.

El radical desprestigio en que caen los proyectos utópicos durante la Postmodernidad ve cumplida su complementación, por un lado, en la imposición de proyectos socioculturales —efectivamente “reales”— insuflados por fuertes fundamentalismos político-religiosos y, por otro lado, proyectos globalizantes, también marcadamente ideológicos (por más que la idea del “fin de la historia” pretenda negar la existencia de las ideologías predicando su muerte), y sosteniéndose en el espacio central que ha adquirido la economía en el mundo. Este último tipo de proyecto, más comúnmente conocido como el “Nuevo Orden Mundial”, se presenta como democrático y pluralista en materia de religión, pero de alguna manera se las ha rebuscado para fundirse en un único y hegemónico movimiento de ideas cuya arista cultural-religiosa no es otra que la Nueva Era.

A estos elementos centrales que hemos consignado como constituyentes de la Postmodernidad cabe agregar algunos otros, de índole antropológica y social. La mentalidad vigente en la sociedad postindustrial se configura por su visión fragmentada de la realidad, una orientación pragmático-operacional, antropocentrismo y relativismo, atomismo social y una fuerte tendencia hedonista, caracterizada por la constante búsqueda del placer, el fin de la “ética del deber”,5 una renuncia al compromiso y la responsabilidad y el “desenganche institucional a todos los niveles: político, ideológico, religioso, familiar, etc.”6

En su celo por atacar el secularismo y el frío racionalismo que trajo la Modernidad, la Postmodernidad resalta el rol de las emociones, los sentimientos y la imaginación. Los efectos sociales y culturales de la Modernidad se tornan claramente evidentes: un medio ambiente natural que muere, seres humanos alienados, privados de libertad real, un galopante incremento de la pobreza y la delincuencia, la carencia de identidad individual y nacional como efecto de la política mundial de bloques. Ante esto, ¿qué tiene para ofrecer el Postmodernismo? Un movimiento contracultural que va en busca de gratificaciones inmediatas y no diferidas, una irracionalidad puesta de manifiesto en nuevas formas de conocimiento, liberación sexual7 y la anarquía como norma social.

Mientras tanto, la ciencia también cambia su paradigma y abandona el modelo empirio-racionalista que aspiraba a la universalidad y a la objetividad absoluta del conocimiento. Como resultado, adquiere un carácter probabilístico y pasa a depender más que nunca del ojo del observador. La ciencia actual, luego de la desmitologización epistemológica, ya no es aquel terreno firme y seguro de antaño. Todo esto lleva al científico a encontrarse tal como el hombre de la calle frente al misterio de la realidad, situación epistemológica que favorece la apertura de la conciencia hacia otras dimensiones y las cuestiones últimas. Pensemos por un momento en el impacto que tales ideas pudieron ocasionar en el origen de los conceptos pseudocientíficos que integran la Nueva Era, tales como las medicinas alternativas y la astrología, por ejemplo. En este sentido, la relación entre Postmodernismo y Nueva Era se establece especialmente a partir de la vulgarización de las ideas postmodernas. Parte de éstas han ocasionado en el mundo, que en definitiva no se rige intelectualmente, tendencias que confluyeron y se plasmaron en una nueva (vieja) religiosidad.

Así, en la contracultura postmoderna, el movimiento de la Nueva Era encuentra un suelo favorable para echar raíces y crecer.

¿Qué es la Nueva Era?

Entre los primeros en abrazar la Nueva Era hay figuras estelares de múltiples y variadas disciplinas, como Abraham Maslow, Gregory Bateson, Margaret Mead, Carl Rogers, Aldous Huxley, Paul Tillich, y Shirley MacLaine, entre otros. Una de sus principales plumas, Marilyn Ferguson, verdadera arquitecta de la Nueva Era,8 anunció en su libro La Conspiración de Acuario que había llegado la hora de abandonar la “Era de Piscis” y de entrar en una “nueva era” astronómica gobernada por una conciencia universal y diferente. La Nueva Era asimila la cosmovisión oriental en su propio contexto sociocultural. En un momento de la historia marcado por angustias espirituales,9 la Nueva Era ofrece mística religiosa en un vestido encantador: horóscopos, meditaciones, cristales, y misticismo oriental.10 En su médula, la Nueva Era integra una religiosidad que mezcla sugestiones, magia, reverencia por la naturaleza, y una búsqueda por lo nuevo y lo anómalo, ofreciendo su pretendida “auténtica” experiencia espiritual.

Pero, ¿cuáles son algunas de las características primarias de este fenómeno de la Nueva Era? Primero, es extremadamente diverso. Incluye aspectos tan amplios como el espiritismo, la teosofía, el ocultismo, la astrología, el trascendentalismo y la curación mental.

Segundo, incluye tendencias de movimientos sociológicos contemporáneos, como el anarquismo y el hedonismo de los ‘60, la filosofía Zen, el romanticismo naturalista y el misticismo oriental. En gran parte, este ambiente nuevaerista fue preparado por el movimiento contracultural beatnik de la posguerra americana, cuyo espíritu anarquista y rebelde influyó en la aparición, en la década de los ‘60, de los hippies, cuyos slogans predicaban pacifismo, hedonismo, misticismo, orientalismo, romanticismo naturalista, uso y abuso de drogas, y que se expresó como una utopía mundial cuyas consignas manifiestas eran peace and love.11

Tercero, la Nueva Era ha revertido la tendencia rebelde y contestataria de los ‘60 para presentarse como una experiencia significativa e integrada que afirma el potencial del individuo, permite un estilo de vida burgués, y provee un disfraz religioso para tales actividades.

Cuarto, la Nueva Era es religiosa en sus pretensiones. Pero la religión existe en un ambiente relativista en el cual nadie presume tener toda la verdad. Es la religión de los buenos deseos y el amor, que pide pocas exigencias y sólo ofrece recompensas. No hay en ésta lugar alguno para la Cruz, para la gracia divina, ni para la responsabilidad humana, elementos primordiales del cristianismo bíblico.12

Quinto, la Nueva Era, alineándose con la posición antihistoricista del Postmodernismo, es desestructurante de la realidad. Lo logra por medio de dos conceptos: el karma y la reencarnación. En la base del karma yace “la convicción inamovible de que no hay felicidad ni miseria inmerecidas, que cada hombre da forma a su propia fortuna hasta el más mínimo detalle”.13 Todo lo que sucede es debido al karma; es la fuerza que gobierna la vida. La reencarnación, otro principio de la Nueva Era, niega la realidad de la muerte y afirma la inmortalidad del alma. La vida humana nunca muere, sino que se mueve de existencia en existencia, en diferentes formas y niveles de conciencia, hasta alcanzar una última etapa en la que se llega a ser una misma cosa con Dios. Las buenas obras son la clave para la progresión ascendente en la reencarnación.

Postmodernismo y Nueva Era

Habiendo repasado algunas de las notas básicas que caracterizan al Postmodernismo y a la Nueva Era, y luego de haber examinado cómo el primero proveyó el suelo nutricio en el cual la última cimentó su raíz, ahora estamos listos para analizar algunas conexiones entre ambas. No son pocas.

Primero, aunque cada una está anclada en su propia cosmovisión, ambas comparten un anti-racionalismo que niega la relevancia de la historia teleológica y afirma la supremacía del presente.14 Este “irracionalismo metódico” es, quizás, la base para otros elementos que conforman los paradigmas de la Postmodernidad y de la Nueva Era.

Segundo, ambas comparten una atracción pseudo-religiosa. La verdad, siempre tan light, de la Nueva Era es una aliada perfecta de la ética postmoderna, parafraseando a Lipovetsky, demasiado “débil”. Esta nueva espiritualidad de nuestro tiempo ofrece a sus adherentes la seguridad de la religión y la libertad de la Postmodernidad. La combinación de ambas rechaza todos los legados del pasado y todos los sistemas normativos de valores. Sin ninguna pretensión de permanencia, se pierden en todas las culturas, sembrando la desconfianza hacia cualquier cosa que sea básica y fundamental para la vida humana. Esta desconfianza es percibida política y socialmente como una fuerte predominancia del disenso que reemplaza al “moderno” consenso anterior. Una sociedad gobernada por el disenso se torna rápidamente caótica e insegura. Si todo vale, entonces ¿qué es lo justo? ¿Qué es lo ético? ¿Cuál es la norma correcta?

En tercer lugar, está el nexo del humanismo y la religión. La Nueva Era y el Postmodernismo ofrecen una visión humanística de la verdad y la vida que toma en cuenta cualquier pensamiento religioso y cultural para lograr una armonía universal. Mientras que no asimila la orientación cristiana de ver la vida desde la perspectiva de una gran controversia, buscando un fundamento más elevado a partir de un estilo de vida basado en la Cruz y la redención, la Nueva Era no vacila en citar la Biblia y usar sus ilustraciones; hasta en algunos contextos parece casi cristiana. Tampoco vacila en tomar conceptos prestados de otras religiones que colaboran en su búsqueda de atractivos universales y su oferta religiosa de “paz interior”.

Cuarto, la Nueva Era, funcionando en el mundo de la Postmodernidad, trabaja incesantemente hacia un consenso cuya base es distintiva y señaladamente permisiva, cuyos contenidos apuntan definidamente hacia la divinización de la humanidad, la santidad de la naturaleza y la supervivencia eterna del alma. Así puede ser caracterizada como una utopía del presente—una aspiración que el humanismo moderno no ha logrado, pero que le gustaría hacerlo. Esta glorificación de lo humano, tan central para la Nueva Era, completa el círculo iniciado por el naturalismo y el secularismo, cuyas raíces se hunden en el Renacimiento y el mundo postmedieval.

Quinto, tanto la Postmodernidad como la Nueva Era vagan entre la herencia agnóstica del ateísmo precedente y el neopanteísmo místico oriental. Es agnóstica, porque posee un barniz de tolerancia religiosa que se asienta en la indiferencia hacia la verdadera experiencia cristiana. Es panteísta, porque encuentra lo sagrado en la deificación de la humanidad y la naturaleza. Ambas posturas están entremezcladas, y en esa mezcla mística los adherentes de la Nueva Era parecen encontrar su satisfacción.

Los valores de la Postmodernidad están anclados en una inmanencia absoluta. Esta versión postmoderna del agnosticismo intenta reemplazar el fracaso en el conocimiento de lo divino con una búsqueda de lo sagrado en la propia interioridad: “Seréis como Dios”, dijo la serpiente en el jardín del Edén; el Postmodernismo y la Nueva Era parecen decir: “Tú eres dios”.

Quienes están enrolados en el movimiento de la Nueva Era, o simplemente simpatizan con él, objetarán que, por el contrario, nuestra época está signada por un retorno a la religiosidad, una religiosidad originaria, superadora de las formas conocidas, que produce una vuelta del hombre a Dios y a la naturaleza. No nos engañemos, la Nueva Era no representa novedad alguna en este mundo, es lisa y llanamente un neopanteísmo, que condujo al hombre a su autodivinización.

Cristianos, ¡cuidado!

Luego de ver los argumentos, los atractivos, y los postulados del Postmodernismo y de la Nueva Era, ¿qué podemos hacer como cristianos? Cuidarnos es un buen punto de partida. Los peligros son tan reales y tan atrayentes como los que hubo en el jardín del Edén. Hay al menos cuatro puntos significativos para recordar:

1. En la Nueva Era todo es válido. Lo que más importa es la realización máxima del potencial humano y la unión íntima del hombre con la totalidad de la naturaleza.

2. La Nueva Era rechaza todo lo que es básico para el verdadero cristianismo. Ignora la realidad de la condición humana: el problema del pecado. Como tal, no tiene aplicación para las grandes verdades del cristianismo, tales como la necesidad de la reconciliación del hombre con Dios, la encarnación de Cristo y su sacrificio en la Cruz.

3. La Nueva Era es una pseudoreligión. Mientras que rechaza las verdades fundamentales de la Palabra de Dios, intenta establecer una nueva religiosidad universal en la que hombres y mujeres puedan lograr su potencial completo sin Dios. La clave es el poder humano y el potencial interior. Desde su posición filosófica lanza consignas como éstas: ¡Fuera con toda noción de que “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23)! ¡Abajo con la verdad de que todos necesitan el poder y la gracia de Dios para ser libres del pecado!

4. El poder seductor de la Nueva Era y de formas similares de falsa espiritualidad se incrementará en el futuro, y la única seguridad yace en confiar firmemente en Dios y en su Palabra. No hay sustituto. Los cristianos light son presa fácil para la Nueva Era.

Como cristianos, tenemos una responsabilidad para con nosotros, para con el mundo creado por Dios, y para con nuestro prójimo. Quedan como problemas a resolver, como cristianos que vivimos en este mundo y que aspiramos a la vida eterna en otro renovado, cuestiones tales como los reclamos de la crítica postmoderna de un planeta que fenece; la consecuencia del uso indiscriminado de una técnica y una política que dejaron de estar al servicio del hombre y que están matando la naturaleza creada por Dios; una vida burocratizada, vigilada y planificada por los incontrolables mecanismos de poder a cuyo servicio se colocan los mass media; un ser humano alienado económica, social y culturalmente, que ha perdido la única referencia válida que podía tener de sí mismo: la constante comunicación, cara a cara, con el Dios Creador, personal y trascendente, quien nos motiva a servir a otros inspirados por su amor. El vive y porque él vive, nosotros viviremos también.

ACERCA DEL AUTOR: Fernando Aranda Fraga es profesor y licenciado en Filosofía. Actualmente cursa estudios doctorales y se desempeña como docente y Secretario Asociado de Investigación de la Universidad Adventista del Plata, Argentina. Su dirección: 25 de Mayo 99; (3103) Libertador San Martín, Entre Ríos, Argentina. E-mail: uap@uap.satlink.net.
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Notas y referencias

1. José Rubio Carracedo, Educación moral, postmodernidad y democracia: Más allá del liberalismo y del comunitarismo (Madrid: Trotta, 1996), p. 91. Ver también “El desafío del postmodernismo”, Diálogo Universitario 8:1 (1996), pp. 5-8.

2. Fredric Jameson, Teoría de la Postmodernidad (Madrid: Trotta, 1996), pp. 9, 11.

3. Jean F. Lyotard, Le Posmoderne expliqué aux enfants (Paris: Éditions Galilée, 1986), pp. 29-31.

4. Manuel Fernández del Riesgo, “La posmodernidad y la crisis de los valores religiosos,” en Gianni Vattimo et al, En torno a la posmodernidad (Barcelona: Anthropos, 1994), p. 89.

5. Ver Gilles Lipovetsky, Le crepúscule du devoir: L’ éthique indolore des nouveaux temps démocratiques (Paris: Gallimard, 1992)

6. Fernández del Riesgo, p. 89.

7. Ver Gianni Vattimo, Credere di credere (Milan: Garzanti, 1996)

8. Ver Russell Chandler, Understanding the New Age (Dallas: Word Publishing, 1988)

9. Ver Jean-Claude Guillebaud, La trahison des Lumières: Enquête sur le désarroi contemporain (Paris: Éditions du Seuil, 1995)

10. Fernández del Riesgo, p. 90.

11. Roberto Bosca, New Age: La utopía religiosa de fin de siglo (Buenos Aires: Atlántida, 1993), pp. 37-41.

12. Bosca, p. 46.

13. James Hastings, ed., Encyclopedia of Religion and Ethics, (1980), vol. xii, p. 435.

14. Ver Humberto M. Rasi, “Combatiendo en dos frentes”, Diálogo Universitario 3:1 (1991), pp. 4-7, 22-23.


TÍTULO ORIGINAL: Postmodernismo y Nueva Era: las conexiones sutiles por Fernando Aranda Fraga



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