Fue sin duda un tipo simpático. No lo niego. Confieso que de niño lo asocié a papanoel (no fui adventista de cuna), y es que mostraba un rostro tan amigable y de abuelo "chocho", que ya me hubiera gustado tenerlo como abue. No obstante, saber y entender quién era y a qué representaba es lo que lo desenmascara raudamente y lo convierte en el personaje que hizo que la primera bestia apocalíptica vaya recuperándose de su herida mortal sufrida en 1798. Hoy por hoy, el catolicismo es mucho más aceptada y se encamina a su obra con la segunda bestia más rápido de lo que parece gracias a este personaje que en vida fue, pero que para los católicos en general está en el cielo intercediendo por la humanidad.
Hoy fue beatificado por Benedicto XVI, y se presentó la imagen que debe ser venerada:
Pero, seamos francos y hablemos claro. Este asunto es simplemente una muestra más de idolatría satánica .
Culto a las imágenes en la Iglesia Católica Apostólica y Romana
Después de que la iglesia cristiana fuera perseguida cruelmente por el imperio romano hasta principios del siglo IV, una “luz de esperanza” parecía avizorarse para el cristiano oprimido por largos años, era la conversión de Constantino.
“La conversión nominal de Constantino, a principios del siglo cuarto, causó gran regocijo; y el mundo, disfrazado con capa de rectitud, se introdujo en la iglesia. Desde entonces la obra de corrupción progresó rápidamente. El paganismo que parecía haber sido vencido, vino a ser el vencedor. Su espíritu dominó a la iglesia. Sus doctrinas, ceremonias y supersticiones se incorporaron a la fe y al culto de los que profesaban ser discípulos de Cristo.”[1]
Sin duda el “cuerno pequeño” (Dn. 7:8, 24, 25) empezaba de esa manera su obra maestra, introducir una falsa adoración y todo un sistema de culto muy diferente al de la Biblia. Para congraciarse con el pueblo, Constantino, no solo aceptó la fe cristiana sino que la declaró como la religión oficial del imperio. No hay duda que este detalle desencadenó la caída más grande de la fe cristiana de los primeros siglos.
Pero, ¿cómo es que logró introducir una serie de doctrinas, ceremonias y supersticiones a la fe cristiana que se contrapone categóricamente a través de las Sagradas Escrituras? Pues tan simple como parezca, apartando de la cristiandad justamente eso, las Sagradas Escrituras, la Biblia.
“Una vez suprimido lo que descubría el error [La Biblia], Satanás hizo lo que quiso. La profecía había declarado que el papado pensaría "mudar los tiempos y la ley." (Daniel 7: 25.) No tardó en iniciar esta obra. Para dar a los convertidos del paganismo algo que equivaliera al culto de los ídolos y para animarles a que aceptaran nominalmente el cristianismo, se introdujo gradualmente en el culto cristiano la adoración de imágenes y de reliquias. Este sistema de idolatría fue definitivamente sancionado por decreto de un concilio general. Para remate de su obra sacrílega, Roma se atrevió a borrar de la ley de Dios el segundo mandamiento, que prohíbe la adoración de las imágenes y a dividir en dos el último mandamiento para conservar el número de éstos. El espíritu de concesión al paganismo fomentó aún más el desprecio de la autoridad del Cielo. Obrando por medio de directores inconversos de la iglesia, Satanás atentó también contra el cuarto mandamiento y trató de echar a un lado el antiguo sábado, el día que Dios había bendecido y santificado (Génesis 2:2, 3), para colocar en su lugar el día festivo observado por los paganos como "el venerable día del sol [el domingo]."[2]
Es decir, sin la Biblia como regla de autoridad y fe, el cristianismo se tornó en cualquier otra cosa, menos en la religión que Cristo enseñó a sus discípulos y la cual solo un remanente guardó a través de toda la historia.
Cuando el emperador Constantino logró un acercamiento entre el imperio y la iglesia en el siglo IV, se produjeron transformaciones significativas. Creció el denominado “culto inferior”, es decir, “la veneración a los santos, las santas, las reliquias y las imágenes, y las peregrinaciones a lugares sagrados”.[3] Esta tendencia habría se perdurar e incrementarse en la Edad Media. La religiosidad de este tiempo se convirtió muchas veces en superficial, idolátrica, supersticiosa y ritualista.
Las controversias por las imágenes, del siglo VIII, pusieron al tema en discusión y consolidaron la posición católica. El Concilio Ecuménico de Nicea del año 787 hizo distinción entre tres clases de adoración: el culto a Dios, llamado latría, o adoración; el culto a los santos, llamado dulía, o veneración; y el culto a la Virgen, denominadohiperdulía. La postura medieval sobre el particular fue ratificada en el Concilio de Trento en contraposición a la actitud de los reformadores. El Concilio Vaticano II reafimó la profesión de la veneración y devoción a los apóstoles, los mártires, María, los ángeles y los santos.[4]
LA BIBLIA YLA IDOLATRÍA
A lo largo de la Biblia, desde el Génesis al Apocalipsis, existen numerosos pasajes en las que hombres adoran a ídolos e imágenes hechos de diversos materiales, sin embargo en su gran mayoría no pertenecían al pueblo escogido por Dios.
La idolatría se practicó desde muy temprano en la historia. Los antepasados inmediatos de Abrahán "servían a dioses extraños" (Jos. 24:2). Los patriarcas se dedicaron a la adoración monoteísta de Jehová, pero miembros de sus familias fueron influidos a veces por la idolatría (Gn. 31:30, 32-35; 35:1-4). Fue un pecado frecuente en Israel (Dt. 32:16; 2 R. 17:12; Sal. 106:38) y una preocupación más que pasajera en la iglesia cristiana primitiva (1 Co. 12:2). El paganismo cananeo era popular por causa de sus bajas normas éticas en contraste con las elevadas de la religión hebrea, y la religión más exigente a menudo era abandonada por la adoración más fácil de Baal.
Desde la conquista de Canaán hasta la cautividad babilónica, la idolatría fue una modalidad persistente y desmoralizadora en la experiencia de Israel. En el período más temprano se repetía una y otra vez este esquema: Israel caía en la idolatría y era víctima de la agresión (Sal. 106); luego surgía un juez que lo liberaba y restablecía el culto a Yahweh. La fluctuación entre la adoración al Dios de Israel y la idolatría prosiguió durante el tiempo de los reyes, con frecuencia fortalecida por alianzas políticas y casamientos con paganos (1 R. 11:1-13; etc.). En esos tiempos la batalla contra los ídolos fue encabezada por profetas: Elías desafió al idólatra Acab (21:17-27); Amós previno al pueblo de que la cautividad sería el resultado de la adoración a dioses falsos (Am. 5:1, 26, 27); Oseas denunció el "becerro de Samaria" (Os. 8:4-6); Isaías ridiculizó la locura de adorar la obra de las propias manos (Is. 44:9-20); Jeremías predijo el castigo divino como resultado de la adoración de ídolos (Jer. 7:16-20, 29-34); Ezequiel anunció la desolación del país por causa de la idolatría (Ez. 6). La repetición de estas advertencias es muy frecuente, lo que indica la seriedad del problema en tiempos del AT.
Durante el cautiverio, los israelitas aprendieron la lección con respecto a la idolatría. Su rechazo de las imágenes llegó a ser tan fuerte y duradero que siglos más tarde consideraron que aun los estandartes romanos los contaminaban; y hasta llegaron a destruir el águila de oro del templo de Herodes. Hicieron todo esfuerzo posible por aislarse de cualquier influencia que pudiera inclinarlos hacia la idolatría. La nueva adoración en la sinagoga, que era muy común en tiempos del NT, fue una protección efectiva contra la influencia extranjera. La tendencia anterior de confraternizar con las naciones vecinas dio lugar a un aislamiento fanático (Jn. 4:9; Hch. 10:28) que tuvo consecuencias muy negativas.
El problema de la idolatría
El problema de la idolatría era tan grave en la antigüedad que los primeros 2 mandamientos del Decálogo se ocupan en forma muy definida de esta fase de la vida religiosa (Ex. 20:3-6). Durante el período del éxodo hubo 2 violaciones notables de estos mandamientos: primero fue la adoración del becerro de oro (cp 32); segundo, la apostasía en Sitim, donde Israel cayó en las prácticas licenciosas de la idolatría moabita (Nm. 25:1, 2).
El segundo mandamiento expresa con claridad: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que hay arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni debajo del agua. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás. Porque el Señor tu Dios soy Yo, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y la cuarta generación, a los que me aborrecen” (Ex. 20:4-6).
El catecismo católico omite este mandamiento en forma desafiante a la autoridad de la Biblia enseñando por Cristo (Mt. 5:17, 18).
¿Por qué Dios prohíbe las imágenes o ídolos para representarlo?
Salomón dijo: “He aquí, los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener, ¿cuántos menos esta casa que yo he edificado?” (2 Cr. 6:18). Si lo más hermoso que pudo hacer Salomón era insignificante para adorar a Dios, ¿qué decir de los ídolos de metal, yeso, etc?
Por más grandes y costosos, de las más hermosas piedras preciosas y del material más fino, nada de ello puede ser comparado con todo lo que Dios es. Lo único que hacen esas imágenes e ídolos es empequeñecer a Dios. Inevitablemente lo reducen al tamaño de un concepto netamente humano. Y este es, en realidad, el meollo del asunto. Una pobre imagen mental de Dios es el pecado fundamental que el segundo mandamiento quiere ayudarnos a evitar.[5]
El salmista dice: “No a nosotros, oh Eterno, no a nosotros, sino a tu Nombre da gloria, debido a tu invariable amor y a tu fidelidad. Por qué dirán las naciones: "¿Dónde está su Dios?" Nuestro Dios está en el cielo, y hace lo que quiere. Los ídolos son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven. Orejas tienen, pero no oyen; tienen nariz, pero no huelen. Manos tienen, pero no palpan; tienen pies, pero no andan; ni hablan con su garganta. Como ellos son los que los hacen, cualquiera que en ellos confía. Oh Israel, confía en el Eterno. El es tu ayuda y tu escudo. Casa de Aarón, confía en el Eterno. El es tu ayuda y tu escudo. Los que reverenciáis al Señor, confiad en él. El es vuestra ayuda y vuestro escudo. El Eterno se acuerda de nosotros, y nos bendecirá. Bendecirá la casa de Israel, bendecirá la casa de Aarón, bendecirá a los que la respetan, a pequeños y a grandes. El Eterno aumentará bendición sobre vosotros, sobre vosotros y sobre vuestros hijos. Que vosotros seáis bendecidos por el Señor, que hizo el cielo y la tierra. Los altos cielos son del Eterno, pero dio la tierra a los hombres. Los muertos no alabarán al Señor, ni cuantos descienden al silencio. Pero nosotros exaltaremos al Eterno, ahora y siempre. ¡Alabad al Señor!” (Sal. 115: 1-18).
Sin duda, la sociedad actual es así, prefiere creer en “cuentos de hadas”, en supersticiones vanas que lo único que hacen es alejarlos más y más de Dios. Eso es lo que Satanás busca, que la humanidad se aleje de Dios a través de los ídolos, santos, imágenes, pues sabe que a Dios no le gusta compartir adoración, pues es fuerte y celoso (Ex. 20:4).
El culto a las imágenes es una obra de Satanás
Satanás fue arrojado del cielo justamente porque deseaba ser como Dios, sentarse en el trono de Dios, quería ser adorado y alabado. Quería que le rindan adoración a él pues era también hermoso y poderoso. Sin embargo, estaba pidiendo algo que sólo le pertenecía a la deidad, a Dios. Es por ello que a lo largo de la historia de la humanidad siempre buscó desviar a hombres y mujeres de la verdadera adoración, que es “en espíritu y en verdad” (Jn. 4:24).
El Gran Conflicto entre Cristo y Satanás se inició por el tema de la adoración. Satanás quería, quiere y querrá ser adorado como Dios, y para ello utiliza diversos medios, imágenes, ídolos, santos, etc. Todo lo que no es del agrado de Dios es del agrado de Satanás. Y si yo adoro y venero a hombres muertos, santos y santas de mis preferencias, estoy desobedeciendo lo que Dios en su Palabra me dice (Ex. 20:4-6) y por ende estoy obedeciendo a Satanás.
La idolatría es un asunto serio
Muchos católicos sinceros no ven con malos ojos el asunto de la adoración a imágenes pues aseveran que no es idolatría, sino que es una imagen, una ayuda para acercarse más a Dios.
Y cuando rezan frente a las imágenes de los santos, la Virgen María, y ángeles lo único que están haciendo es mirar la imagen para concentrarse y no distraerse. Ellos le rezan pues se sienten indignos de ir directamente a Dios, por ello interceden a los santos y los santos a María, la virgen y ella va a Jesús, pues es su madre, y como es su madre el hijo le obedece.
Loco pensamiento, se olvidan de que JESÚS ES DIOS. Y que “es el único mediador entre Dios y el hombre, Jesucristo hombre” (1 Tim. 2:5). No hay razón de venerar a imágenes ni a ídolos, vayamos a Dios directamente en oración. Cristo es nuestro intercesor (Jn. 16:27).
CONCLUSIONES
En primer lugar, se debe tener en cuenta que el asunto de veneración a imágenes es un asunto de adoración y es este tema el meollo del Gran Conflicto entre Cristo y Satanás.
En segundo lugar, la adoración que Dios dispuso en su palabra a través de toda la Biblia es “en espíritu y en verdad” (Jn. 4: 24).
En tercer lugar, el ingreso de todo el sistema de adoración a Dios a través del culto a imágenes de Dios, la Virgen, los santos y ángeles es obra de Satanás ingresados después de la conversión nominal de Constantino a principios del siglo IV.
En cuarto lugar, los romanos tenían un sin número de dioses, las cuales fueron sustituidos por los santos, la virgen, ángeles, etc.
En quinto lugar, Dios en su Palabra prohíbe todo tipo de idolatría, pues lo único que logra ese tipo de culto a imágenes o ídolos es “distorsionar la verdadera naturaleza de Dios”, y Dios no es un Dios de materia inerte.
En sexto lugar, Dios condena en su Palabra ese tipo de adoración y culto, tanto así que les promete el fuego eterno en el día final (Apo. 21:8), a todo adorador falso.
En séptimo lugar, debe recordarse que el único medidor entre Dios y los hombres es Cristo (1 Tim. 2:5), nadie más, ni siquiera la “virgen María”, que en la Biblia nada dice acerca de su ascensión y su labor como intercesora, por tanto es simplemente una herejía terrible.
En octavo lugar, Satanás sabe que le queda poco tiempo y por ello hizo, hace y hará todo lo posible para que tú y yo nos apartemos de la adoración verdadera, y nos distraigamos con imágenes absurdas y simples.
Finalmente, es probable que muchos se hayan encontrado con este escrito y noten que es un tanto duro. Disculpas desde aquí, pero hemos estado orando para que este escrito llegue hasta ti. Vaya a la Biblia, yo fui católico, pero fue la Biblia, la misma Biblia latinoamericana la que abrió mis ojos y me mostró que estaba en error. Hoy es tiempo, vé a Jesús ora directamente al Padre para que te dé luz que necesitas. No necesitas confesarte a hombres simple, confiesa tus culpas a Dios en oración, háblale como si fuera un amigo, cuéntale todo lo que te pasa, y no te defraudará.
Pr. Heyssen J. Cordero Maraví
[1] Elena G. de White, El conflicto de los siglos (Buenos Aires: ACES, 2005), 53, 54.
Un interesante artículo de apologética católica. Una vez más haciendo uso de una filosofía simple y sutil muestra gran imaginación. Lo publico como un material para analizar, puesto a que de manera especial hace alusión a la iglesia adventista del séptimo día.
Uno de los principios esenciales del protestantismo, formulado por el propio Martín Lutero, es el principio de la “sola Scriptura” (sola Escritura): la Divina Revelación es transmitida de un modo auténtico únicamente a través de la Sagrada Escritura (es decir, la Biblia), sin la Sagrada Tradición.
Dejo planteados los siguientes cuestionamientos en torno a dicho principio, para la reflexión de nuestros hermanos protestantes:
1. El principio protestante de la “sola Escritura” no se encuentra enunciado en la Biblia. Entonces, ¿no es acaso un principio auto-contradictorio?
2. ¿Cómo sabes que la Biblia es Palabra de Dios? ¿Te basta que ella misma diga que lo es? En última instancia, ¿es la Biblia la que hace creíble a Jesucristo o es Jesucristo el que hace creíble a la Biblia?
3. La Biblia no dice cuáles son los libros inspirados por Dios. Entonces, ¿cómo conoces el canon, es decir la lista de los libros que integran la Sagrada Escritura? ¿Con qué derecho Martín Lutero eliminó siete libros del canon de la Biblia?
4. Según la mayoría de los estudiosos del Nuevo Testamento, pasaron al menos veinte años desde la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo al Cielo hasta el momento en que comenzó a ser escrito el Nuevo Testamento y alrededor de cincuenta años más hasta que terminó su composición. Entonces, ¿cómo se transmitió la Revelación cristiana durante todo ese período?
5. ¿Qué garantías tienes de haber comprendido correctamente la Divina Revelación transmitida por escrito en la Sagrada Escritura si la Iglesia no tiene la potestad de interpretarla con la autoridad de Cristo? ¿Para qué sirve una Revelación infalible que sólo puede ser interpretada de un modo falible?
6. El principio protestante del “libre examen” (la libre interpretación personal de la Biblia) no está enunciado en la Biblia. Entonces, ¿no es acaso contradictorio con el principio protestante de la “sola Escritura”?
7. La Biblia dice que Jesús prometió que los poderes del infierno no prevalecerían contra la Iglesia fundada por Él sobre la piedra que es Pedro. Entonces, ¿cómo es posible que, según el punto de vista protestante, la Iglesia de Cristo haya claudicado sustancialmente durante muchos siglos?
8. La Biblia dice que Jesús enseñó que el hombre que repudia a su mujer y se une con otra comete adulterio. Entonces, ¿por qué los protestantes admiten el divorcio?
9. La Biblia dice que Jesús, al instituir la Eucaristía en la Última Cena, afirmó: “Esto es mi Cuerpo". Entonces, ¿por qué muchos protestantes no creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía?
10. [Esta última pregunta es sólo para adventistas del séptimo día]. La Biblia dice que el Concilio de Jerusalén narrado en los Hechos de los Apóstoles, al determinar cuáles normas de la religión judía eran obligatorias para los gentiles convertidos al cristianismo, no incluyó la observancia del sábado. Entonces, ¿por qué los adventistas del séptimo día sostienen que es necesario observar el sábado en lugar del domingo, día de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo?
Como se puede apreciar, los seis primeros puntos de esta lista plantean cuestionamientos de índole general, mientras que los últimos cuatro plantean cuestionamientos de índole particular. No habría mayores dificultades para multiplicar los cuestionamientos de esta última clase.
La palabra Sábado proviene del verbo hebreo šabbat, y significa descanso o reposo. ¿Qué reposo? La Biblia nos dice en el libro de Génesis 2:1-3: “Así quedaron acabados los cielos y la tierra, y todas sus criaturas. Y acabó Dios en el séptimo día la obra que hizo, y reposó en el séptimo día de todo lo que había hecho en la creación. Y Dios bendijo al séptimo día, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”. Dios no descansó en el séptimo día porque estuviera cansado después de su obra creadora, sino para establecer un monumento recordatorio de la Creación a todas las generaciones futuras. En el séptimo día Dios reposó, lo santificó y lo bendijo. Es pues el Sábado un día de reposo, un día santo y un día bendito.
Al observar el Sábado como un día de reposo el cristiano reconoce dos cosas muy importantes:
Dios es nuestro Creador
• Al reposar el séptimo día nosotros afirmamos reconocer a Dios como creador de todo el universo. No podemos aceptar a un Dios creador sin observar lo que El mismo ordenó observar como un recuerdo de su creación. "Acuérdate del día sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra. Pero el sábado es el día de reposo del Señor tu Dios. No hagas ningún trabajo en él; ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas."Porque en seis días el Eterno hizo el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que contienen, y reposó en el séptimo día. Por eso, el Señor bendijo el sábado y lo declaró santo ”. Éxodo 20:8-11.
Dios es nuestro Salvador
• Al observar el séptimo día nosotros reconocemos a Dios como nuestro Salvador libertador del pecado. Nuestro Salvador personal. Egipto fue el escenario en el cual el pueblo de Dios fue sometido a esclavitud. Dios libró a su pueblo con mano poderosa para que sea libre de los egipcios y pueda adorarle solamente a El. Egipto es un símbolo de la esclavitud del pecado. Dios nos ha hecho libres del pecado por medio de Cristo para adorar en espíritu y en verdad. "Guardarás el día sábado para santificarlo, como el Eterno tu Dios te ha mandado. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es sábado dedicado al Eterno tu Dios. Ningún trabajo harás, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni tu ganado, ni el extranjero que está dentro de tus puertas; para que descanse tu siervo y tu sierva como tú.Acuérdate que fuiste esclavo en Egipto, y que el Eterno tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y brazo extendido. Por eso el Señor tu Dios te ha mandado que guardes el sábado ”. Deuteronomio 5:12-15.
El Sábado es una señal distintiva del pueblo de Dios. Los hijos de Dios se identifican con El a través de la señal que Dios mismo ha establecido para identificar a su pueblo. "Di a los israelitas: Guardad mis sábados, porque el sábado es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que Yo Soy Jehová que os santifico”. Éxodo 31:13. "Les di también mis sábados, para que fuesen una señal entre mí y ellos, para que supiesen que Yo Soy Jehová que los santifico”. "Santificad mis sábados, y sean una señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo Jehová soy vuestro Dios. Ezequiel 20:12, 20.
Dios operó un triple milagro en el desierto con relación al Sábado al derramar el Maná sobre la tierra, para que el pueblo de Israel entendiera la santidad de su Santo Día y lo observara. (Éxodo 16:4-30).
El cuarto mandamiento de la Ley de Dios nos dice: "Acuérdate del día sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra. Pero el sábado es el día de reposo del Señor tu Dios. No hagas ningún trabajo en él; ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. "Porque en seis días el Eterno hizo el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que contienen, y reposó en el séptimo día. Por eso, el Señor bendijo el sábado y lo declaró santo”. Éxodo 20:8-11. El apóstol Santiago nos dice que debemos observar toda la ley, y no solo algunos de sus mandamientos “Porque el que guarda toda a Ley, y ofende en un solo punto, es culpable de todos” Santiago 2:10.
Nuestro Señor Jesús dijo cuando estuvo en esta tierra "No penséis que he venido para abolir la Ley o los Profetas. No he venido a invalidar, sino a cumplir” Mateo 5:17. El mismo Jesús observó el día de reposo según el mandamiento (Lucas 4:16; Marco 6:2, 3; Marco 1:21).
Uno de los relatos más asombros de la Biblia nos muestra la solemnidad del séptimo día. Aún en la muerte de Cristo sus discípulos guardaron el día de reposo. El Santo Hijo de Dios fue sepultado después de su muerte pero no pudo ser enterrado según la costumbre con especias aromáticas y ungüentos, por lo cual tuvieron que volver sus discípulos el primer día de la semana: “Era la tarde del día de la Preparación (viernes), y estaba por empezar el Sábado. Las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron de cerca, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon aromas y perfumes. Pero reposaron el sábado, conforme al Mandamiento. El primer día de la semana (domingo), muy de mañana, las mujeres fueron al sepulcro, llevando los aromas que habían preparado; y otras mujeres con ellas. (Lucas 23:54-56; 24:1).
Los apóstoles continuaron guardando el Sábado después de la muerte de Cristo (Hechos 17:2; 13:14, 15, 42, 44; 16:12, 13). De esta manera entendemos que la muerte de Cristo no abolió el Día del reposo. Jesús dejó una advertencia para los que vivan en los últimos días de la historia de este mundo y padezcan persecución por causa del evangelio "Orad que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado” (Mateo 24:20).
En la nueva tierra celestial se guardará el Sábado por la eternidad "Y de mes en mes, y de sábado en sábado, vendrán todos a adorar ante mí —dice el Eterno” (Isaías 66:23).
El cambio del Sábado por el Domingo
El diccionario de la Real Academia Española nos da la siguiente definición de la palabra Sábado: “ Sexto día de la semana, séptimo de la semana litúrgica”. El termino “Semana” se define como: “Serie de siete días naturales consecutivos, del lunes al domingo. El mismo diccionario nos dice que: “Semana Litúrgica es un período de siete días consecutivos que comienza el domingo y concluye el sábado”. Encontramos aquí una doble definición del día Sábado para un mismo nombre. Pero en el principio no fue así. En el libro de Génesis encontramos una semana de siete días bien definidos “fue la tarde y la mañana un día”.¿ Como es posible que en la actualidad tengamos dos definiciones para el día Sábado?.
La Profecía de Daniel 7:25 nos dice que Satanás instigará a los poderes de este mundo para cambiar los tiempos y la ley. Tanto el tiempo “calendario” como la ley de Dios han sido cambiados. El actual calendario gregoriano cambió el contaje de los días, iniciando cada día de medianoche a medianoche. En la actualidad la semana inicia el día lunes y termina el domingo. Pero la Palabra de Dios muestra otra cosa: “fue la tarde y la mañana un día” esta expresión que encontramos en el primer capítulo de Génesis nos explica que un día inicia a la puesta del sol y termina en la siguiente puesta del sol. El inicio de un día es la parte de la tarde, y el fin del día es la parte de claridad. Bíblicamente la semana comienza el día domingo (Lucas 24:1) y termina el Sábado (Génesis 2:1,2).
La ley de Dios fue cambiada por los hombres. El cuarto mandamiento nos ordena, entre otras cosas, adorar el Sábado, y el segundo mandamiento nos ordena no adorar otros dioses aparte del Único Dios. En el Concilio de Nicea, en 325 d.C., la Iglesia decretó la transferencia de la solemnidad del sábado al domingo.
“En el día venerable del Sol, que los magistrados y las personas residentes en las ciudades reposen y cierren todas su oficinas...” (Philip Schaff, History of the Christian Church, vol. 3, pág. 1902).
La Iglesia reconoce el cambio. “La Iglesia... tomó el domingo pagano y lo convirtió en domingo cristiano... y así el domingo pagano, dedicado a Balder se convirtió en domingo cristiano consagrado a Jesús.” (The Catholic World, vol. 58, n° 338, pág. 809).
La Iglesia reconoce haber hecho un cambio contrario a la voluntad de los Apóstoles. “El festival del domingo, como otros festivales, siempre fue una ordenanza humana y no existía la menor intención de los apóstoles en establecer un mandamiento divino al respecto; lejos de ellos y de la iglesia apostólica primitiva, transferir las leyes del sábado al domingo.”(The History of Christian Religion and Church, pág. 186).
No encontramos en las Sagradas Escrituras un versículo que nos ordene cambiar el día de reposo al domingo. El mismo Jesús dijo que El había venido para guardar la Ley y no para cambiarla o abolirla. Por tanto, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que el Sábado es el verdadero día de reposo que Dios estableció para siempre. El cristiano que desea identificarse como tal y anhela observar la ley de Dios debe guardar el séptimo día: El Sábado.
Algunos eruditos adventistas estudiaron la ley de animales limpios/inmundos logrando interesantes resultados. Junto con darlos a conocer, añadiré mis comentarios personales.
1. La íticos 11 es única en la Biblia
De acuerdo con el ritual de Levítico, lo inmundo tiene dos características básicas. Primero, la condición de inmundo se adquiere por el contacto directo o indirecto ya sea con sangre, cuerpo muerto o esqueleto, etc.. Segundo. Este tipo de impureza se podía eliminar valiéndose de una ceremonia apropiada para esa finalidad, razón por la cual se la denominaba ritual de la impureza. No guardaba relación con las impurezas de los animales inmundos.
Este tipo de impurezas es de naturaleza esencialmente diferente, por cuanto no era adquirida: estaba en la naturaleza del animal, lo que quiere decir que eran inmundos de forma permanente. Por este motivo no existía ritual que pudiera librarlos de la impureza que le era propia, por cuanto no llegaron a ser inmundos por causa de algún contacto con elementos impuros.
Además, la inmundicia de estos animales no se transfería al tocarlos. Los israelitas podían entrar en contacto con ellos, ya sea directo o indirecto, sin que tuvieran que ser considerados inmundos. En efecto, ellos criaban animales inmundos para destinarlos a diferentes trabajos. Por ejemplo, utilizaban burros, caballos y camellos para el transporte de carga y de personas. Su impureza no afectaba de manera alguna a los israelitas. La persona llegaba a ser inmunda únicamente por consumir la carne de los animales que no eran limpios y, en este caso, no había ni un ritual a ser seguido con la finalidad de eliminar la impureza por haberlos comido. Se esperaba que los israelitas simplemente obedecieran al Señor. Debería también añadir que un animal después de morir podía llegar a ser ritualmente impuro, y la impureza del que lo tocara podía ser eliminada. Con esto observamos claramente que la condición natural de impureza del animal era diferente de la ritual.
2. La ley también se registra en Deuteronomio 14
El hecho que la ley haya sido registrada en el libro mencionado es muy significativo, por cuanto Deuteronomio no se ocupa de las leyes ceremoniales. En este caso particular no existe discusión en el contexto de la impureza ritual. Deuteronomio 13 es una exhortación a adorar sólo al Señor. La última parte guarda relación con las leyes para el diezmo. Entre ellas figura el tema de los animales impuros. Esto sugiere que la ley de los animales impuros era una ley alimentaria de naturaleza diferente de la ceremonial.
3. La distinción animales limpios/impuros es anterior a Moisés
La ley que establece la diferencia entre animales limpios e impuros es mencionada por primera vez en la Biblia en el relato del diluvio, antes de que existiera cualquier israelita (Gén. 7:2, 3). En el contexto del cambio en la dieta humana, mientras dos pares de animales inmundos entraron en el arca, en cambio, de los limpios fueron preservados de a 7 pares. Esto sugiere que los limpios deberían utilizarse para la alimentación de Noé y de su familia sin el riesgo de que alguna especie en particular se extinguiera.
4. La motivación de la santidad
La razón que da el texto bíblico justifica la reglamentación singular con relación a la santidad: "Yo soy Jehová, vuestro Dios. Vosotros por tanto os santificaréis y seréis santos, porque yo soy santo" (Lev. 11:44). El contraste es entre lo impuro y lo santo. En el Antiguo Testamento la impureza es una metáfora del imperio de la muerte. Lo santo es aquello que pertenece a Dios y, por lo tanto, constituye un símbolo de la vida. La ley establecida busca preservar la vida de la gente, razón por la cual trata de mantenerla alejada de la esfera de la muerte; esto es, del ámbito de la enfermedad y del sufrimiento.
5. Es una ley alimentaria
Es tan obvio que la gente lo pasa por alto. Esta ley regulaba el tipo de carne que a los israelitas se les permitía consumir y, por lo tanto, formaba parte de una antigua tradición alimentaria dada por Dios a su pueblo. Dios siempre se interesó en la alimentación de sus hijos. A Adán y a Eva les dio frutas y granos (Gén. 1:29). Después de la caída les permitió comer "plantas del campo" (Gén. 3:18) y, finalmente, instruyó a Noé para que comieran carne (9:3). A los seres humanos Dios los hizo parcialmente responsables del cuidado de la vida, dándoles instrucciones acerca de cómo preservarla para su gloria (1 Cor. 10:31). El señorío de Cristo comprende también nuestros cuerpos, por cuanto él se interesa por el bienestar de nuestra dimensión física tanto como del bienestar espiritual (1 Cor. 6:19, 20; 3 Juan 2).
No existe evidencia en el Nuevo Testamento que indique que por intermedio de su sacrificio Cristo haya eliminado la ley de los animales limpios/inmundos.
No hay duda que el sábado es, bíblicamente, el día de reposo. Adán y Eva no fueron judíos. Abraham y José, hombres fieles de Dios tampoco fueron judíos. Pero guardaron la Ley de Dios. Por ejemplo José no acepta pecar con la esposa de Potifar justamente porque sabe que es pecado la fornicación. Y si no había ley, cómo sabía que la fornicación era pecado?
El sábado es para toda la humanidad.