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domingo, 9 de diciembre de 2012

El sello de Dios y la marca de la bestia



Cuando Jesús vuelva, habrá dos grupos de personas en la Tierra: los que tiene el sello de Dios y los que tienen la marca de la Bestia. 


Dios tiene un pueblo en la Tierra identificado por una vida de obediencia a los mandamientos. El cuarto de los mandamientos presenta las características del Creador de la vida.



La marca de la bestia es una postura contraria a los mandamientos de Dios. 
El domingo se torno la marca de la desobediencia, de la apostasía.

A disfrutarlo...!

sábado, 1 de diciembre de 2012

Sábado bíblico


(heb. shabbâth, "[día de] reposo", "cesación"; shabbâthôn [una variante de shabbâth]; ambas palabras derivan del verbo shâbath, "cesar", "descansar", "guardar el sábado"; gr. sábbaton,"sábado").



El día de reposo semanal, instituido al final de la semana* de la creación y observado por los adoradores de Dios, tanto judíos como cristianos, durante toda la época abarcada por la historia bíblica. Cuando Dios acabó de crear la tierra, "reposó el día séptimo de toda la obra que hizo" (Gn. 2:1,2). Este "reposo"* no fue consecuencia del cansancio o la fatiga (Is. 40:28), sino del hecho de que la tarea estaba completa y el mundo era perfecto (Gn. 1:31). Concordaba en todo sentido con su ideal, y le puso fin a su trabajo, porque su obra ya no se podía mejorar. Entonces "bendijo Dios el día séptimo, y lo santificó" como un monumento recordativo de su obra creadora (2:3). Puesto que "el día de reposo [sábado] fue hecho por causa del hombre" (Mr. 2:27) -es decir, en beneficio del hombre- es lógico llegar a la conclusión de que la bendición divina con que el Creador invistió al 7º día de la semana debía constituir un canal de felicidad para Adán y Eva. Puesto que Dios también lo "santificó" (Gn. 2:3), o lo separó para uso sagrado, podemos estar seguros de que nuestros primeros padres dedicaron esas horas santas a Dios. Que el Creador tenía la intención de que la bendición del sábado fuera para todos los hombres de todos los tiempos, resulta evidente de la declaración de que "fue hecho por causa del hombre" (Mr. 2:27), con el propósito de que éste descansara y lo empleara con motivos santos. De acuerdo con esto, el 7o día es un día de reposo para todos los que reconocen que son descendientes de Adán y Eva, y no sólo para los judíos. En efecto, éstos recién aparecieron muchos siglos después de la creación, y Dios nunca tuvo la intención de que ellos monopolizaran la observancia del sábado. Es evidente que nuestros primeros padres y sus descendientes entendieron el significado del 7º día, porque: 1. Dios no llevó a cabo las obras de la semana de la creación en beneficio propio, sino en favor del hombre. Y puesto que el reposo de Dios en el 7º día no era consecuencia del cansancio, y que ese día formaba parte de la semana de la creación, tal como su nombre lo indica, resulta evidente que la bendición y la santificación del sábado también eran en beneficio del hombre, particularmente para su bien espiritual y moral. 2. Desde los albores de la historia la semana de 7 días ha sido conocida y aceptada como medida de tiempo (Gn. 7:4, 10; 8:10, 12; 29:27). Puesto que su duración no depende de los movimientos de ninguno de los cuerpos celestes, y no hay manera de trazar su origen aparte del relato de la creación que encontramos en Gn. 1 y 2, la aceptación por parte del hombre de la semana de 7 días en aquellas primeras épocas se debe remontar al hecho de que Dios estableció el 7º día de la semana como día de reposo, bendición y santificación. 

La 1ª aparición de la palabra sábado en las Escrituras se encuentra en Ex. 16:21-30, en relación con la caída del maná antes de la llegada de Israel al monte Sinaí. Dios puso énfasis en la importancia del 7º día de la semana, como día de descanso, al proporcionar una doble ración en el día 6º y nada en el 7º. Este milagro semanal comenzó el 2º mes después de la partida de Israel de Egipto (vs 1, 14, 15), y duró 40 años, hasta el mes 1º (Jos. 5:10-12; cf Ex. 12:2-11; 16:35), es decir, más de 2.000 sábados semanales sucesivos. 

En el monte Sinaí, Dios prescribió la observancia del reposo del 7º día con las palabras del 4º mandamiento del Decálogo (Ex. 20:8-11). Escribió esta ley con su propio dedo en tablas de piedra (Ex. 31:18; Dt. 9:10) y le dio instrucciones a Moisés para que fuera puesta en el arca del pacto (Dt. 10:1-5). La palabra "acuérdate", con que comienza el mandamiento relativo al sábado, no quiere decir que la observancia del 4º mandamiento es más importante que la de los otros 9, porque todos son iguales (Jos. 2:8-11; Stg. 2:10,11). El pueblo de Dios tenía que "acordarse" del sábado porque "en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día"; es decir, el sábado es un monumento recordativo del Creador y de la creación. Por eso, "Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó" en el mismo principio. Dios sabía que la tendencia natural del hombre consistiría en preocuparse tanto de las cosas que había hecho durante los 6 días de la creación, que olvidaría Quién las había hecho, una tendencia universal y evidente desde aquellos lejanos tiempos (Ro. 1:20-25). 

Las Escrituras del AT a menudo diferencian al verdadero Dios de los dioses falsos por su poder creador. Por ejemplo, en Sal. 96:5 leemos: "Todos los dioses de los pueblos son ídolos; pero Jehová hizo los cielos". Era el propósito del Señor que el hombre comprendiera "las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad" por medio "de las cosas hechas" (Ro. 1:20). De acuerdo con esto, el Creador infinitamente sabio instituyó el sábado con el fin de que no se olvidara a Dios y se deslizara hacia la idolatría, y así fuera una bendición para el ser humano y no una carga. El Señor declaró definidamente que sería una "señal" permanente entre él y su pueblo, por medio de la cual siempre reconocerían que el verdadero Dios era su Dios (Ex. 31:13). Además de su importancia universal para todos los hombres, el sábado tendría un significado adicional para Israel como recuerdo de que el Señor los había librado de la esclavitud egipcia y les había dado descanso (Dt. 5:12-15). 

Aparte de los sábados semanales (Lv. 23:3) había 7 sábados ceremoniales por año, diseminados a lo largo del calendario litúrgico: 1 y 2. Los días 1º y último de la fiesta de los Panes sin Levadura (vs 7, 8). 3. El Pentecostés (v 21). 4. El 1er día del 7º mes (v 24). 5. El Día de la Expiación (v 27). 6 y 7. Los días 1º y último de la fiesta de las Cabañas (vs 34- 36). Los sábados ceremoniales podían caer en cualquier día de la semana, y de vez en cuando coincidían con el sábado semanal. Además de los sábados semanales y anuales, cada 7 años había un año sabático,* durante el cual no se trabajaba la tierra (25:3-7). Cada 50 años se proclamaba un jubileo,* que duraba un año, durante el cual las propiedades volvían a sus dueños originales. 

Al imponer la suspensión del trabajo, el 4º mandamiento proveía el tiempo para el descanso físico y el refrigerio espiritual. Sin embargo, ese tiempo no se debía dedicar a la ociosidad, porque Dios instruyó a su pueblo para que se reuniera en "santa convocación" (Lv. 23:3; cf Ez. 46:3). La preeminencia del sábado sobre los demás días de la semana se acentuó en el ritual del antiguo tabernáculo y del templo mediante la ofrenda de un cordero adicional (Nm. 28:9, 10) y de la renovación en ese día de los panes de la proposición (Lv. 24:5-8; 1 Cr. 9:32). De acuerdo con la ley levítica, la sanción que merecía la violación del sábado era la muerte (Ex. 31:14-16), y a lo menos se registra un caso de ajusticiamiento de alguien que violó el sábado voluntariamente (Nm. 15:32-36). 

La violación del sábado fue uno de los pecados que dio como resultado el cautiverio babilónico (Jer 17:19-27). Tal como Jeremías, el profeta Ezequiel se lamentaba porque en sus días el sábado era ignorado en gran medida (Ez. 20:12-24; 22:8; 26:23, 38). Al escrutar el futuro, Isaías previó la conversión de los gentiles y prometió una bendición para quienes guardaran el sábado (ls. 56:2-6; cf 58:13). Después del cautiverio los judíos cayeron de nuevo en el descuido con respecto a la observancia del sábado, y Nehemías impulsó una reforma con el fin de fomentar dicha observancia (Neh. 10:31-13:15-22). 

Durante la época intertestamentaria los fariseos cargaron el sábado con una cantidad de reglamentos triviales que hicieron de él una carga en vez de una bendición. Esos pesados reglamentos, codificados más tarde en la Mishná, formaban parte de la tradición que Jesús combatió tan vigorosamente durante todo su ministerio (Mt. 23:4; Mr. 7:1-13). La Mishná (Shabbath 7.2) hace una lista de 39 trabajos diferentes que no se pueden llevar a cabo en ese día, y hay además una cantidad innumerable de otros minuciosos reglamentos. En efecto, 2 tratados completos de la Mishná, Shabbath y Erubin, se dedican a enumerar los diversos reglamentos concernientes al sábado. Estaba prohibido, por ejemplo, deshacer un nudo, escribir más de 2 letras del alfabeto o borrar un espacio mayor del que da cabida a 2 letras, encender un fuego o apagarlo. El reglamento más conocido es el que se refiere al "camino de un sábado", que era de más o menos 1 km. También se consideraba violación del día de reposo contemplarse en un espejo fijo en la pared. Se podía vender a un gentil el huevo que la gallina ponía en sábado, pero no se lo podía comer; también se podía contratar a un gentil para que encendiera una vela o el fuego ese día: se consideraba ilegal escupir en tierra, no fuera que una hoja de pasto recibiera irrigación por ese medio; no se permitía que alguien llevara un pañuelo durante el sábado, a menos que una punta estuviera cosida a la ropa, en cuyo caso ya no era técnicamente un pañuelo, sino parte de las vestiduras. De este modo Los rabinos ponían énfasis en los aspectos negativos de su observancia, es decir, en lo que no había que hacer, y de esta manera magnificaban la importancia de las formas de la religión mientras le restaban trascendencia a su contenido. Hicieron del sábado un fin en sí mismo, y convirtieron a los hombres en esclavos de él. Estos reglamentos negativos y minuciosos sirvieron eficazmente para oscurecer su verdadero propósito. Este énfasis rabínico sobre su rígida observancia llegó a su apogeo durante el ministerio terrenal de nuestro Señor, y en ningún otro aspecto entró Jesús en un conflicto más agudo con los dirigentes del judaísmo que con respecto a la observancia del sábado. Enseñó que éste había sido instituido en beneficio del hombre (Mr. 2:27, 28), y enfatizó los aspectos positivos de su observancia, es decir, en la clase de actividad que se puede llevar a cabo en ese día. Nada de lo que dijo o hizo se puede interpretar como opuesto al sábado que aparece en los Diez Mandamientos o en la ley levítica. Su protesta estaba orientada exclusivamente contra los abusos que había sufrido el día de reposo en manos de los rabinos, y su propósito consistió en liberar el día de los pesados reglamentos con que lo habían sobrecargado (Mt. 23:13). Era su costumbre dedicar el día a su participación en los servicios religiosos y a la instrucción religiosa (Mr. 1:21; 3:1; Lc. 4:16-27; 13:10), a actividades sociales apropiadas (Mr. 1:29-31; 2:23; Lc.14:1-3) y a obras de misericordia. Llevó a cabo 7 de sus milagros de sanidad durante el sábado (Mr.1:21-31; 3:1-5; Lc. 13:10-17; 14:1-4; Jn. 5:1-15; 9:1-7). Véase Sábado, Camino de un. 

Durante toda la epoca comprendida por el NT, los cristianos guardaron el 7º día de la semana como su día de reposo. En vista de la gran importancia que los judíos le adjudicaban, y a la luz de la tormenta de oposición suscitada por la inobservancia por parte de los gentiles de las prescripciones rituales (Hch. 15; Gá. 2; 3), la más mínima desviación de la observancia del sábado establecida por el Decálogo, ya sea por parte de Pablo o de cualquiera de los dirigentes de los tiempos apostólicos, inevitablemente habría producido una avalancha de protestas similar a la que surgió con respecto a reglamentos como la circuncisión, a comer con los gentiles y diversas otras disposiciones relativas a la liturgia (Hch. 11:1-3; 15:1, 2; 21:20, 21; Gá. 3:1; 4:10; 5:1). Parece imposible que si hubiera habido una contienda acerca de la observancia del sábado, no haya sido registrada en el NT. Pero los autores del NT guardan un completo silencio al respecto. Por el contrario, se menciona frecuentemente que el apóstol Pablo, al recorrer el mundo gentil para proclamar el evangelio, entraba "en la sinagoga en un día de reposo [sábado]" (Hch.13:14, 44; 16:13; 17:2; 18:4). Se puede argumentar que lo hacía porque estaba seguro de encontrar en ese día una buena audiencia. Pero, al mismo tiempo, el NT guarda silencio con respecto a cualquier reunión religiosa cristiana celebrada en el 1er, día de la semana que pueda proporcionar la más mínima evidencia de que los creyentes de aquel tiempo le adjudicaban alguna importancia especial a ese día. Entre los pasajes del NT que a veces se citan en un intento de probar la observancia del 1er, día de la semana por los cristianos de los días apostólicos, se encuentran Mt. 28:1, Hch. 20:7, 1 Co. 16:2 y Ap. 1:10, pero cuando se los examina se descubre que estos versículos no proporcionan evidencia alguna que indique la transferencia de la santidad del 7º día de la semana al 1º, o que los cristianos de la iglesia primitiva hayan considerado alguna vez que el 1er día era un día santo. La verdad absoluta es que desde el principio hasta el fin la Biblia no reconoce otro día fuera del 7º de la semana como día santo semanal de perpetua obligación. (Para una explicación del problema presentado en el texto griego de Lc. 6:1, véase CBA 5:726,147, 148.) Véanse Día del Señor; Primer día de la semana. 

La 1a mención al sábado proveniente de fuentes extrabíblicas aparece en un óstracon con inscripciones, que se encontró en la isla de Elefantina* (fig 440). Estas inscripciones del s V a.C. fueron hechas por colonos judíos que vivían en la isla, quienes eran mercenarios por cuenta de los persas. En los registros de las naciones antiguas no se menciona nunca el sábado. El término bab. shabatu, relacionado por algunos con el 7º día, no era de descanso semanal, sino el nombre que se le daba al día en que caía la luna llena, y que se celebraba como festividad una vez por mes. Algunos han visto vestigios de la existencia del 7º día de la semana en los tabúes especiales adjudicados a los días 7º,14º, 21º y 28º del mes, que aparecen en las antiguas hemerologías de Mesopotamia, es decir, en las listas de días propicios y adversos, que contienen reglas acerca de lo que se debe hacer y no hacer en ciertos días. Es posible que estas disposiciones reflejen en cierto modo y en forma vaga el recuerdo de la semana original conocida por los patriarcas. Un estudio de las prácticas religiosas de las naciones paganas de la antigüedad pone en evidencia que el politeísmo y la idolatría borraron casi totalmente el conocimiento de Dios y del verdadero culto. Los paganos se enteraron de la existencia del sábado por medio de los judíos de la Dispersión. 

"Sábado" en Diccionario Bíblico Adventista, 1016-1019.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre


Un solo Dios. 

La universidad del cristianismo (ver com. vers. 1, 4) se amplía con el reconocimiento de la soberanía divina de Dios sobre todo el universo (ver com. Hech. 17: 23-28; Rom. 10: 12; 1 Cor. 8: 4; Efe. 4: 6;1 Tim. l: 17). 


Un solo mediador. 

El pecador puede ser reconciliado con Dios sólo mediante Jesús (ver com. Juan 14: 5-6; Rom. 5: 1-2). Dios no necesita ser reconciliado con el hombre, pues su voluntad (1 Tim. 2: 4) fue la que inició el plan de salvación. Además, proporcionó el medio de salvación con la vida y la muerte de Cristo. Ver com. Rom. 5: 10. Pablo excluye claramente la necesidad de mediadores humanos y el supuesto valor que algunos han atribuido a esa supuesta mediación o intercesión. 

Jesucristo hombre. 

Un énfasis en la naturaleza de Cristo como "hombre". Jesús no representaba a ningún nivel social o nación en particular, sino a toda la humanidad sin distinción de ninguna clase. Pablo está condenando la teoría del docetismo (ver t. V, p. 890) que surgió en los tiempos apostólicos, y que enseñaba que Cristo nunca tuvo un cuerpo humano, sino sólo la apariencia de haberlo tenido. Juan se refiere a esta herejía como al "anticristo" (1 Juan 4:3). 

Fuente: COMENTARIO BÍBLICO ADVENTISTA, t.7

martes, 20 de noviembre de 2012

El Santuario


       
Con referencia al santuario, Levítico 16,19 dice que el sacerdote “lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel”
¿Cómo podían contaminar el santuario los hijos de Israel siendo que al pueblo ni siquiera se le permitía entrar en sus recintos? Aunque ellos no podían entrar al santuario, los sacerdotes “llevaban” sus pecados hasta él en la sangre de los animales. El sacerdote depositaba los pecados simbolizados por la sangre “contaminada”, dentro del santuario. Una vez al año, sin embargo, los pecados acumulados eran transferidos nuevamente; pero esta vez para ser eliminados del santuario. Mediante este servicio, el santuario era “purificado”. Los pecados eran completamente desterrados del campamento, lo cual era una sombra de la manera en que Dios se propone extirpar los pecados del universo.
            “Y además de esto, [Moisés] roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales [el santuario terrenal] fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que éstos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Hebreos 9:21-24).
 El contexto de Daniel 8:14 (“Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”) indica que puede referirse únicamente al santuario celestial y al proceso de purificación que  en él se llevaba a cabo al tiempo señalado.
¿Por qué necesitaba ser purificado el santuario celestial? A causa de nuestros pecados que habían sido llevados hasta allí. Bajo el nuevo pacto, inaugurado a la muerte de Jesús, el pecado es transferido del pecador a Jesús –primero como sacrificio (Cordero), luego como Sumo Sacerdote– y finalmente es depositado en el santuario celestial, razón por la cual éste necesita ser purificado.
No obstante, llegará el tiempo cuando Jesús dejará de ser nuestro Sumo Sacerdote que ministra en el santuario celestial. Entonces, cuando regrese por segunda vez, lo hará “sin pecado” (Hebreos 9:28). Después que el santuario es purificado y los pecados son transferidos sobre Satanás (véase más abajo), Jesús no los lleva más sobre sí, como Sumo Sacerdote. De la misma manera, en el servicio del Antiguo Testamento el sumo sacerdote tampoco llevaba los pecados sobre sí después que el santuario terrenal era purificado y aquéllos transferidos al macho cabrío emisario.
Varios pasajes del libro de Levítico se refieren al pecador que llevaba al santuario un animal para sacrificarlo con el fin de que “el sacerdote [hiciera]... expiación por su pecado”. Esta frase se repite a través de todo el libro. Las personas necesitaban expiación porque habían pecado. Mediante el sistema sacrificial se había provisto .una forma de separarlos de sus pecados y concederles el perdón. Podemos comprender que los pecadores necesitan que se haga expiación por ellos.
Sin embargo, ¿qué significa Levítico 16:15, 16? “Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario” (la cursiva es nuestra).
¿Expiación por el lugar santo? La gente peca. Las personas quebrantan la ley. La gente necesita expiación. ¿Pero un edificio? ¿Por qué un edificio, una estructura inanimada, habría de necesitar expiación?
*          “Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados” (Levítico 16:16).
¿Por qué necesita purificación el santuario? A causa de todas las transgresiones de los hijos Israel, que los sacerdotes traían a él día tras día. Los pecados eran quitados del pecador y depositados en el santuario (recuerde la ilustración del virus). Del mismo modo, como el pecado contaminaba al pecador también mancillaba el santuario cuando era depositado allí por medio de la sangre. “El hecho de que durante el Día de la Expiación el santuario fuera purificado de todos lo pecados del pueblo de Israel –escribe el erudito Ángel M. Rodríguez–, sugiere que los pecados del pueblo habían sido transferidos, mediante el sacerdote, al santuario”.
Una vez al año, en el Día de la Expiación el mismo santuario debía ser purificado. Así como la expiación que se hacía en favor de un pecador involucraba la remoción del pecado de la persona misma, también la expiación por el santuario involucraba la eliminación del pecado del edificio
El proceso del santuario contemplaba dos aspectos especiales: El ministerio en el primer departamento, que era un procedimiento diario, continuo, mediante el cual el pecado era transferido al santuario; y el ministerio en el segundo departamento, el día de la expiación, que desalojaba el pecado de allí. El Día de la Expiación -que en el pensamiento judío es el día del juicio (también conocido como el “día de las purificaciones”)– los animales eran sacrificados y su sangre llevada al santuario, como durante el ritual cotidiano Pero había diferencias cruciales entre los rituales de Día de la Expiación y los sacrificios diarios. En primer lugar, este día es especial anual la sangre era llevada al segundo departamento, el lugar santísimo, y se asperjaba delante del propiciatorio, que estaba detrás del segundo velo. Ese era el único momento del año en que se introducía la sangre hasta allí.
Una segunda diferencia, destacada tanto por eruditos adventistas como por no adventistas, surge de hecho de que en ninguna parte se menciona que durante el Día de la Expiación alguien colocara las manos sobre la cabeza del macho cabrío del sacrificio
No se hace ninguna referencia a confesión alguna de pecados sobre él.
*          “Degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados” (Levítico 16:15, 16).
En otras palabras, la sangre introducida en el lugar santísimo para hacer propiciación por el santuario no contenía pecado, como en el caso de la sangre de los sacrificios diarios. En un sentido, era “sangre limpia”. Se ha sugerido que esta “sangre limpia” recibía todos los pecados acumulados en el santuario durante el año. Volviendo a la analogía del virus, un frasco limpio y vacío (la sangre limpia) era llevado al almacén (el santuario), donde ahora se colocaba el virus (el pecado) para ser llevado afuera, “purificando” así el santuario. “Los ritos cotidianos transferían el pecado y la impureza al santuario –escribe el erudito Alberto Treiyer–, y el rito anual (Día de la Expiación) transportaba este depósito fuera del santuario”.
Como parte del ritual del Día de la Expiación, después que se había hecho la purificación del santuario mediante la sangre “limpia” del chivo sacrificado (recuerde que la expiación involucra la transferencia del pecado), un segundo macho cabrío era introducido en el servicios sumo sacerdote pondrá sus “dos manos –ensangrentadas por haber asperjado la sangre– sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por manos de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada” (Levítico 16:21, 22).
La secuencia es clara: el pecado era transferido del pecador al animal mediante la confesión y la imposición de las manos. Entonces el animal era sacrificado, y el sacerdote, mediante la sangre contaminada, depositaba el pecado en el santuario. El Día de la Expiación, el sacerdote llevaba sangre limpia al santuario, la cual recibía todos los pecados (transformándose así en sangre cargada de pecado), y entonces éstos eran colocados sobre la cabeza del macho cabrío vivo, que a su vez era enviado al desierto. Mediante este procedimiento, que comenzaba con el pecador, el pecado era conducido fuera del campamento, con la resultante purificación del santuario, el campamento y el pueblo.
Los detalles de estos ritos pueden sufrir mucha elaboración (y especulación). Lo que más debe interesarnos aquí es la transferencia del pecado. En el servicio del santuario, el pecado no se desvanecía simplemente. No era sólo cuestión de que fuese perdonado y luego olvidado. En lugar de ello, el Señor desarrolló un elaborado ritual, simbólico del procedimiento mediante el cual el pecado es realmente eliminado.
*          “Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por la sangre de ésta se transferían figurativa-mente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario celestial. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando los pecados registrados en el cielo”.
La purificación del pecado en el templo terrenal no era sino una ilustración de la purificación del pecado en el santuario celestial: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado” (Daniel 8, 13). “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales [el santuario celestial] fuesen purificadas así” (Hebreos 9:23). En el santuario terrenal, esta purificación era simbolizada mediante la remoción del pecado; en el celestial, el registro de los pecados será borrado. “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). Los resultados, ya sea en símbolo (terrenal) o en realidad (el celestial) son los mismos: el santuario es purificado.
Por fin, ¿qué sucede con los pecados después que el registro de los mismos es borrado y eliminado del santuario? El pecado se deposita sobre el macho cabrío emisario quien, en el pensamiento judaico, representa al jefe de los ángeles rebeldes. Elena de White escribió:
*          “Se vio además que, mientras que el holocausto señalaba a Cristo como sacrificio, y el sumo sacerdote representaba a Cristo como mediador, el macho cabrío simbolizaba a Satanás, autor del pecado, sobre quien serán colocados finalmente los pecados de los verdaderamente arrepentidos. Cuando el sumo sacerdote, en virtud de la sangre del holocausto, quitaba los pecados del santuario, los ponía sobre la cabeza del macho cabrío para Azazel. Cuando Cristo, en virtud de su propia sangre, quite del santuario celestial los pecados de su pueblo al fin de su ministerio, los pondrá sobre Satanás, el cual en la consumación del juicio debe cargar con la pena final. El macho cabrío era enviado lejos a un lugar desierto, para no volver jamás a la congregación de Israel. Así también Satanás será desterrado para siempre de la presencia de Dios y de su pueblo, y será aniquilado en la destrucción final del pecado y de los pecadores".
En el sistema terrenal, el pecado era transferido del pecador al animal, al sacerdote, al santuario, al sacerdote nuevamente, y por fin al macho cabrío, que a su vez era llevado al desierto “por mano de un hombre destinado para esto”. (Aunque la Biblia no lo menciona, este hombre debía encontrarse en excelente condición física para conducir al macho cabrío tan lejos del campamento que no pudiera regresar nunca: un ejemplo de cuán lejos y permanentemente el Señor se propone alejar el pecado de su pueblo). En el verdadero servicio del santuario, simbolizado por el sistema terrenal, el pecado es transferido del pecador a Jesús como Cordero, a Jesús como Sacerdote, al santuario celestial y finalmente a Satanás, quien es desterrado de la presencia del pueblo de Dios, sólo para ser erradicado definitivamente junto con el pecado y los pecadores en el juicio final.
 El Señor pudo destruir a Satanás el mismo día en que éste se rebeló. En lugar de hacerlo, y en armonía con su carácter de amor, justicia y misericordia, el Señor escogió –a un costo infinito para sí mismo– eliminar el pecado de esta forma, un paso a la vez, ante el universo observador. En el santuario terrenal había ángeles bordados en las paredes del primer departamento; dos querubines de oro habían sido colocados en el lugar santísimo, la culminación del procedimiento expiatorio: Y todo esto no era sino un símbolo del interés que el universo manifiesta en el plan de salvación. Mediante un procedimiento abierto y ordenado, que incluía su muerte, y luego su ministerio sumo-sacerdotal en un santuario físico literal, el Señor contestará para siempre todos los interrogantes acerca de la gran controversia y el origen del mal. El santuario del cielo es literal, no porque Dios necesite que así sea, sino porque las inteligencias celestiales la necesitan para ver de que manera Dios trata con el pecado. Mediante una estructura física visible, Dios permite al universo observador que vea claramente cada paso en la solución del conflicto.
“En el ritual típico –escribe Ángel M. Rodríguez, el pecado confesado por el penitente y su responsabilidad eran transferidos al santuario mediante la victima sacrificial y el sacerdote. Se puede aseverar que por el momento el santuario asumía su culpa, y el pecador era perdonado, El día de la expiación el santuario era purificado, y así la posición de Dios (en el santuario) quedaba aclarada”.
Todavía quedan por contestarse otras preguntas importantes concernientes a todo este asunto de los ritos del santuario celestial. ¿Como afecta nuestras vidas el día de la expiación celestial? ¿Que significado tiene esto para nosotros en la actualidad? El capitulo que sigue se aboca a la investigación de estos asuntos porque lo que sucede en el santuario celestial es extremadamente relevante para los que se encuentran en la tierra y cuyos pecados están registrados allá.

 Clifford Goldstein
© Desequilibrio fatal, pp. 108-116



             
Agradecimientos a Recursos de Escuela Sabática

domingo, 18 de noviembre de 2012

El enigmático número 666



El número 7 es el número de Dios, y el número 666 es el número del hombre.

Dios creó al hombre en el sexto día, tal vez por eso nos gusta tanto el viernes.

Cuando la Biblia habla del 666, destaca una acción humana coordinada por el enemigo con el objetivo de apartar al hombre de lo sagrado.

Los tres números "6" hacen una alusión a la trinidad del mal y también identifica el poder usado por el mal para perseguir a los siervos de Dios, los cristianos.


Finalmente, el 666 es una forma apocalíptica de identificar a quién es la bestia, el poder perseguidor de los últimos días.

Pr. Luís Gonçalves


Temas

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