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miércoles, 10 de agosto de 2011

El remanente del tiempo del fin

¿Cuáles son las implicancias prácticas de este concepto teológico?


El concepto del remanente tiene una larga historia bíblica, que va desde el Génesis (6:9; 7:23) hasta el libro de Apocalipsis (12:17); y es fundamental para entender la naturaleza del pueblo de Dios y su intención divina para ellos. En el centro de este concepto bíblico yace un profundo interés en la preservación de la vida humana. Las familias, las tribus y las naciones del mundo antiguo muy frecuentemente se veían amenazadas por la posibilidad de la exterminación a través de ataques militares u otras catástrofes. Por lo tanto, era natural que se preguntaran por el tema de la supervivencia. Si aunque fueran unos pocos, un remanente podía sobrevivir, el grupo no se extinguiría. Se hacían todos los esfuerzos para asegurarse de que un remanente de ellos quedara en la Tierra.

Significado teológico

Perspectiva del Antiguo Testamento: En el Antiguo Testamento, el concepto de remanente tenía un rico contenido teológico. Estaba enraizado en el conflicto cósmico, y transmitía la certeza de que, en este conflicto cósmico, Dios saldría victorioso. Las fuerzas del mal intentaron exterminar al pueblo de Dios, la simiente de la mujer (Gén. 3:15), y circunstancialmente, pareció que tuvieron éxito al engañar, corromper y perseguir a gran parte del pueblo de Dios. No obstante, Dios siempre preservó un remanente. Por medio de estos fieles, llevó a cabo sus intenciones a lo largo del desarrollo de la historia. Fueron preservados por medio de su gracia salvadora. En la mayoría de las ocasiones, esto sucedió en medio de una apostasía nacional (ver Gén. 7:23; 1 Rey. 19:14; Apoc. 2:24). Cuando la verdad fue rechazada, Dios preservó un remanente por medio del cual la verdad fue protegida y restaurada.

Perspectiva cristológica: El remanente está estrechamente vinculado con la persona y la obra de Jesucristo. Si bien el pueblo de Dios forma parte de la simiente de la mujer (Apoc. 12:17; ver Rom. 16:20), Jesús es la Simiente de la mujer; el pueblo de Dios es su descendencia, pero él es el Hijo de la promesa (Apoc. 12:5). Él es la mejor expresión del remanente. Vino a un mundo de rebelión y pecado, permaneció absolutamente leal a Dios y derrotó definitivamente a las fuerzas cósmicas del mal. Jesús fue el instrumento majestuoso de Dios para revelar al universo la verdad acerca del carácter amoroso de Dios. En él y a través de él Dios preservó la raza humana. Por lo tanto, la identidad y la obra del pueblo remanente de Dios están determinadas y centradas en la persona y la obra del Hijo de Dios.

Los adventistas y el remanente de Dios del tiempo del fin

Los adventistas creen que Dios los levantó en el cierre del conflicto cósmico como un movimiento de reforma con el fin de preparar al mundo para el regreso de Cristo. Encontraron su identidad, su mensaje y su misión como remanente de Dios en el tiempo del fin en Apocalipsis 12 al 14. El concepto de remanente desempeña un papel importantísimo en Apocalipsis y encuentra su expresión por medio de diferentes términos. Son llamados específicamente “el remanente/ el resto” (12:17). La palabra griega utilizada por Juan es loipos, y designa aquello que pertenece “a la parte de un todo que permanece o continúa y, así, constituye lo que queda del todo”.1 En el Apocalipsis señala, entre otras cosas, al remanente en la iglesia de Sardis (3:2), y al remanente fiel en Tiatira (2:24).2

Remanente histórico: De acuerdo con Apocalipsis, el remanente es una entidad histórica. Apocalipsis 12 provee un resumen profético de la experiencia de la iglesia cristiana. El dragón avanza primero contra el Hijo de Dios (12:2, 4, 5) y luego contra la mujer, la iglesia, en un intento por destruirla (12:13). Como resultado, el verdadero pueblo de Dios pasa a la clandestinidad y es protegido por Dios (12:14-16). Los 1.260 días señalan el período durante el cual la iglesia experimenta la apostasía, imponiendo su posición sobre los demás por medio del poder civil (ver Hech. 20:29, 30; 2 Tes. 2:2-6; Dan. 7:25; 8:12). Los reformadores intentaron restaurar la verdad bíblica pero, desafortunadamente, su tarea quedó inconclusa. Otras verdades bíblicas necesitaban ser restauradas. Cerca del fin del conflicto permanece un remanente, y es objeto de ataque del dragón (Apoc. 12:17).

Remanente visible: De acuerdo con el Apocalipsis, el remanente del tiempo del fin es identificable, visible.Posee algunas características específicas. Primero, guardan los mandamientos de Dios (12:17; 14:12). Se hace referencia primariamente al Decálogo. El tema central en este conflicto gira alrededor de la adoración: ¿A quién deberían adorar los seres humanos (14:7)? Dado que la ley de Dios fue alterada (ver Dan. 7:25), es necesario restaurarla. El séptimo día sábado ha de ser reinstalado en el Decálogo. Los hombres necesitan comprender que la apostasía en la iglesia le abre la puerta a mayores engaños demoníacos (Apoc. 13:13, 14). El remanente, por medio de la gracia de Dios, guarda sus mandamientos. Segundotienen el testimonio de Jesús (Apoc. 12:17). El testimonio de Jesús es identificado con el don de profecía (19:10). Los dones espirituales, incluso el don de profecía, deberían estar presentes en el pueblo remanente de Dios del tiempo del fin. El don de profecía fue manifestado poderosa y específicamente entre nosotros en el ministerio deElena de White, aun cuando todavía anticipamos un glorioso cumplimiento de Joel 2:28 y 29.

El remanente también se caracteriza por tener la fe de Jesús (Apoc. 14:12); es decir, abrazar las enseñanzas de Jesús, basado en un compromiso de fe con él. Es responsabilidad del pueblo de Dios del tiempo del fin llamar al mundo a volver a las enseñanzas bíblicas de Jesús y sus apóstoles. Finalmente, el remanente tiene la paciencia de los santos (14:12). “Paciencia”, aquí, significa “resistencia”. En un tiempo en que prevalece el engaño y la apostasía parece predominar, el remanente resiste los ataques constantes del enemigo y sigue comprometido con el Salvador amante.

Misión del remanente: Pero el remanente también tiene una misión particular, y corresponde a la misión del movimiento adventista (Apoc. 14:6-12). En el centro de su proclamación está el evangelio eterno.Necesita ser oído nuevamente al fin del conflicto en el contexto del juicio final. Llaman a la humanidad aadorar a Dios el Creador, no al dragón y sus aliados (14:7). Es parte de su misión proclamar que la apostasía del mundo cristiano alcanzará dimensiones globales, pero que no será capaz de ofrecer la salvación que promete. Finalmente, se desplomará bajo su propio peso de engaño (14:8). El remanente anuncia que los que adoran a la bestia y se identifican con la agenda que promueve experimentarán la derrota (14:9-11). Por medio del remanente, Dios está reuniendo a su pueblo de cada tribu, pueblo y lengua. Las características mencionadas anteriormente, al igual que la misión que acabamos de analizar, definen quiénes somos e identifican al movimiento adventista con el remanente histórico y fiel de Dios.

El remanente y la iglesia cristiana

El pueblo de Dios en Babilonia: Dios tiene un pueblo en la Babilonia figurada, y es nuestra misión llamarlo a salir y formar parte del remanente escatológico de Dios del tiempo del fin (18:4). Estos son cristianos sinceros que sirven a Dios en diferentes denominaciones cristianas e incluso entre las religiones mundiales.Forman parte de la iglesia de Cristo. En la actualidad, no forman parte del grupo visible; es decir, no poseen las características del remanente, pero es el plan de Dios sacarlos de su invisibilidad a través de la misión de su pueblo remanente. Podemos, entonces, sugerir que la plenitud de la iglesia de Cristo está constituida por un remanente visible e histórico que tiene características específicas, y también por creyentes leales que todavía están en Babilonia, en el exilio. Necesitan escuchar el mensaje del remanente para poder reafirmar su compromiso con la verdad bíblica y no ser engañados por el dragón y sus aliados.

La plenitud del remanente: Esta comprensión del remanente no deja lugar para el exclusivismo. Dado que en la actualidad la iglesia es más grande que el remanente, este no puede proclamar exclusivismo eclesiástico. Dios también está activo fuera del remanente. Por lo tanto, no hay salvación fuera de la iglesia; esto no es exclusivismo soteriológico. Como ya se ha indicado, el componente invisible de la iglesia de Cristo, llamado por Jesús “otras ovejas que no son de este redil” (Juan 10:16), necesita escuchar el mensaje del remanente. Entonces, sucederá algo maravilloso y glorioso. A medida que el conflicto cósmico se acerque a su final, la expectativa escatológica de la unidad de la plenitud de la iglesia de Cristo será una realidad. El remanente y los que salen de Babilonia constituirán la plenitud del remanente escatológico de Dios. El pueblo de Dios, de cada tribu, nación y lengua, “dará voz al gran testimonio final al mundo”.Las fuerzas del mal “pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegido y fieles” (Apoc. 17:14). ¡Maranata!





Fuente: Revista AdventistaMayo 2010 / "God's End-Time Remnant". Adventist ReviewDiciembre 2009
Autor: Ángel Manuel Rodríguez. Doctorado en teología (ThD) Andrews University.Desde 1992 comienza a el trabajar para Biblical Research Institute (BRI) General Conference of Seventh-day Adventists y desde el 2002 es el Director. Autor de destacados libros y artículos en la revistas adventistas, destacándose su columna mensual en Adventist World. Fue director del Antillian College y vicepresidente académico delSouthwestern Adventist University.
Referencias: 1. Johannes P. Louw and Eugene Albert Nida, Greek-English Lexicon of the New Testament: Based on Semantic Domains (New York: United Bible Societies, 1989), t. 1, p. 613. Ver también Frederick William Danker, A Greek-English Lexicon of the NT and Other Early Christian Literature (Chicago: Chicago University Press, 2000), p. 602, que declara que loipos se refirere “a lo que queda, especialmente después de que se ha realizado alguna acción”. 2. Para un análisis más detallado, ver Ekkehardt Mueller, “The End-time Remnant in Revelation”, Journal of the Adventist Theological Society 11 (2000), pp. 188, 189. 3. Jon Paulien, “Eschatology and Adventist Self- Understanding”, en Lutheran and Adventists in Conversations: Report and Papers Presented 1994- 1998 (Silver Spring, Md.: General Conference of Seventh-day Adventists, 2000; Geneva, Switzerland: Lutheran World Federation, 2000), p. 237.


lunes, 1 de agosto de 2011

El sermón apocalíptico de Mateo 24

Introducción

Las palabras tan contrastantes de Jesús sobre el templo de Dios y su ciudad culminaban, en cierta forma para el Israel antiguo, los tantos anuncios proféticos que desde la antigüedad Dios había enviado acerca del “día del Señor”. Ese día de juicio los profetas lo anticiparon para con las ciudades de sus días, cuyos pecados llegaban a un punto que rebasaban la paciencia divina. Sus ruinas fueron microcosmos ilustrativos del juicio que tendría lugar, en el fin del mundo, en el macrocosmos global y planetario, cuando los mismos pecados que las habían causado pasasen a ser la nota tónica del mundo entero.

Esto entendían también los discípulos del Señor. Al ser testigos de la venida del Mesías prometido, pensaban que si había todavía un día del Señor para volver a destruir Jerusalén, debía ser el mismo día que traería a Jesús de los cielos para terminar con este mundo de pecado. Por eso le preguntaron, momentos más tarde,“¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?” (Mat 24:3). Y cuando más tarde Jesús ascendió a los cielos, confirmando su promesa de volver, volvieron a preguntarle:‘¿Restituirás el reino a Israel en este tiempo?” (Hech 1:6).

1. Microcosmos del fin

Este es el título de un artículo reciente que escribí, por pedido, para la revista Vida Feliz. Allí vinculo la destrucción de las torres gemelas con las predicciones del Espíritu de Profecía. También, por analogía, con la introducción al sermón profético de Jesús y otras profecías que anunciaron la destrucción de algunas ciudades impías del mundo antiguo, incluyendo la vieja Jerusalén.

“‘Maestro, mira qué piedras y qué edificios (Mar 13:1 [Luc 21:5: “adornado de hermosas piedras y dones”]), atinó a decirle uno de ellos. Pero los sentimientos del Señor estaban muy lejos de la vanagloria humana que tanto agrada a los mortales. Para sorpresa de todos, Jesús le respondió: “‘¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada’” (Mat 13:1-2).

¿En qué consistía el “día del Señor”, según los antiguos profetas? En un día amargo, de ira (Ez 22:24; Lam 2:22), de angustia (Isa 13:6ss; 19:16; Jer 30:5-7; Joel 1:16; Abd 12-15), de castigo, venganza, ruina y desolación (Isa 34:8; 63:4; Jer 46:10; 47:4; 50:27-28), de tinieblas y oscuridad (Eze 30:2-3), “de guerra contra las ciudades fuertes y las altas torres” (Sof 1:14-15; Am 5:18-20). ¿Qué es lo que Dios castigaba en aquellos prototipos pequeños del día final?

Ese día del Eterno, según Isaías, debía abatir “la altivez de los ojos del hombre”, y humillar “la soberbia de los hombres”, para que sólo el Señor fuese exaltado (Isa 2:11-12; 14:12-13; Jer 50:29-32). De allí que la destrucción apuntaba mayormente a los símbolos de la arrogancia humana tal como se veían patentados “sobre toda torre alta, y sobre toda muralla fortificada” de sus ciudades (Isa 2:15). ¡Cuán vanos resultaban entonces tales escudos humanos detrás de los cuales procuraban parapetarse, sin buscar refugio en el único lugar seguro que Dios ofrece! (Sal 27:5; 31:19-23; 36:7-8; 91).

A lo largo de los siglos Dios usó el mismo método para referirse al fin del mundo a través de juicios locales y correspondientes a una sola nación o ciudad. La caída del “ícono máximo del capitalismo mundial” (Clarín, 17 de octubre, 2001), tampoco fue el fin, sino un preludio o anticipación del fin. Fuera del diluvio universal y del fuego final, no hay ningún macrocosmos que hubiese estado predicho a través de los microcosmos de los pueblos antiguos. Desde ese pequeño mundo palestino al que le estaba llegando también su hora, Jesús quería llevar a sus discípulos a realidades universales.

2. Hacia el macrocosmos

Siempre hubo guerras, pestes, hambres y terremotos (Mat 24:6-7). Pero cuando tales tragedias típicas de un mundo en pecado se multiplicasen y adquiriesen dimensiones universales, entonces sabríamos que el fin estaría cerca (v. 6úp,8). ¿Cómo sabemos que estas palabras de Jesús se cumplen hoy? No es necesario bautizar el siglo que pasó con nombres nuevos, ya que todos, crédulos e incrédulos cuentan la tragedia de dos guerras mundiales, lo que no ha sido sino “principio de dolores” en relación con los sucesos finales.

Desde un mismo principio los discípulos del Señor tuvieron que padecer persecución, pero el aborrecimiento del cual se harían objeto por llevar el Nombre de Cristo sería universal (v. 9), como universal debía ser también la predicación del evangelio (v. 14). Hoy estamos llevando el Nombre de Cristo “a toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apoc 14:6), pero “la ira de las naciones” (Apoc 11:18) está todavía contenida (Apoc 7:1-3), esperando ser suelta para la última tribulación (Apoc 12:17).

Entonces vendrá el fin, “y todas las naciones de la tierra se lamentarán”, mientras que el Señor enviará a sus ángeles para juntar “a sus elegidos de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro”(Mat 24:30-31). Sí, el relámpago que ilustra la naturaleza visible de la venida del Señor no se mostraría en Jerusalén ni en el pequeño mundo de Judea, ni “en las cámaras” o lugares cerrados y ocultos (v. 23,26), sino en una dimensión mundial, “del oriente al occidente” (v. 27). Ya que todos estarían entonces confrontados con el segundo y último macrocosmos de destrucción del planeta, equivalente en su proyección de inmoralidad y castigo universales al primero (Mat 24:37-39). Por esa misma razón, el juicio final no estaría confinado a Jerusalén, Roma o algún otro lugar, sino que comprendería a “todas las naciones” (Mat 25:32).

Siempre hubo engaño en materia religiosa. Falsos cristos, falsos profetas (v. 4-5,11), a quienes el diablo engaña para que engañen. Pero ese tipo de engaño se multiplicaría en forma especial en la época del fin(v. 11), con manifestaciones de engaño mayores que lo común que sacudirían, inclusive, a los mismos escogidos (v. 24; 2 Tes 2:9-12). Libre de los prejuicios y limitaciones nacionalistas que compartió con los demás discípulos al principio, Juan puede describir 60 años más tarde la extensión universal de ese engaño, advirtiendo que abarcaría a “los habitantes de la tierra” (Apoc 13:14), y a los gobernantes “de todo el mundo” (Apoc 16:13-14).

3. La “abominación asoladora” (Mat 24:15)

Volviendo al microcosmos que preocupaba especialmente a sus discípulos, Jesús les anticipó que la imposición de los estandartes idolátricos paganos sobre el predio contiguo al templo, algo abominable para los judíos, sería la señal que permitiría a los cristianos saber exactamente cuándo debían abandonar no sólo Jerusalén, sino también las regiones circundantes (Mat 24:16-18). En su huída debían evitar ser atrapados por sus compromisos comerciales o sociales (véase Luc 21:34-36), no fuese que les pasase lo que le pasó a la mujer de Lot (Luc 17:32-33). Siendo que no debían preocuparse por salvar lo que pudiesen de sus pertenencias (v. 17-18), el Señor les aconsejó orar para que su huída no se diese ni en sábado ni en invierno (v. 20).

Pero, ¿a cuál de las abominaciones mencionadas por Daniel se refirió Jesús? Siendo que Dan 11:31 y 12:11 rinden “abominación” en singular, como en Mat 24:16, algunos han pensado que Jesús se refirió a uno de esos dos pasajes, o a ambos. El contexto de la destrucción del templo literal de Jerusalén tiene que ver, sin embargo, con Dan 9:26-27. Después de la última semana profética que correspondía a los judíos (v. 24), después de la muerte de su Mesías a la mitad de esa semana en que el sacrificio regular perdería toda validez celestial (v. 25-26), vendría el asolador que traería las “abominaciones” hasta que la ruina decidida cayese sobre el asolador (v. 27). Es obvio que esas “abominaciones” se refieren no sólo a la invasión romana que destruyó el templo, sino también a la otra que vendría después sobre el pueblo del nuevo pacto bajo la Roma cristiana apóstata.

Captando, sin duda, que algunos podrían confundirse con respecto a las dos diferentes abominaciones de las que habló Daniel, Jesús agregó: “el que lee, entienda”. Siendo que esa expresión la usó el Señor cuando habló en parábolas (Mat 15:10,15-17; Mar 7:14-18), uno podría inferir que al señalar la abominación sobre la Jerusalén terrenal, el Señor quiso que se la entendiese como parábola o símbolo de la abominación que sería puesta en medio de la iglesia cristiana, tal como las otras dos declaraciones de Daniel lo habían anticipado (11:31; 12:11; véase 2 Tes 2:3-4). Esa abominación, desde que fuese implantada en forma oficial en el cristianismo, duraría 1290 días-años y causaría una tribulación que se extendería por 1260 días-años (Dan 7:25; Apoc 11:2-3; 11:6,14; 13:5). Véase A. R. Treiyer, The Day of Atonement. From the Pentateuch to Revelation (Siloam Springs, 1992), 339-346.

Captando la similitud de los dos eventos, el de la Roma pagana sobre la Jerusalén terrenal y el de la Roma papal sobre la Jerusalén espiritual (Apoc 11:2), varios intérpretes han visto también en Dan 11:31, durante la mayor parte del S. XX, esa doble dimensión. Sin embargo, hacia fines del S. XX, como resultado de estudios sobre hermenéutica (interpretación) bíblica, nuestros teólogos pudieron distinguir entre las profecías condicionales que pueden tener una doble dimensión, y las profecías apocalípticas que no son condicionales y que, por consiguiente, no dan margen a una doble o triple interpretación. Dan 11:31 y 12:11 son vistos (como antes, pero ahora en forma exclusiva como algunos también los habían visto antes), como referencia a la Roma medieval, la única que fue enmarcada con fechas proféticas (Dan 7:25; 12:11; Apoc 11:2-3; 14:6,14; 13:5).

En el sermón profético de Jesús, sin embargo, no hay fechas proféticas. Su visión apocalíptica fue adaptada a la comprensión de sus discípulos, con el propósito de llevarlos del microcosmos de sus días al macrocosmos del fin.

“Mezcló la descripción de estos dos acontecimientos... Por misericordia hacia ellos, fusionó la descripción de las dos grandes crisis, dejando a los discípulos estudiar por sí mismos el significado. Cuando se refirió a la destrucción de Jerusalén, sus palabras proféticas llegaron más allá de este acontecimiento hasta la conflagración final de aquel día en que el Señor se levantará de su lugar para castigar al mundo por su iniquidad... Este discurso entero no fue dado solamente para los discípulos, sino también para aquellos que iban a vivir en medio de las últimas escenas de la historia de esta tierra”, DTG, 566-567.

En base a este hecho, y sin negar que el día ni la hora nadie lo sabe de su venida, sino sólo Dios en su sola potestad, se ha sugerido recientemente que la época de su venida se dará, no importa el año en que Dios escoja, en el otoño del cono norte. Si es que el clamor de su pueblo porque la huída no sea ni en sábado ni en invierno, es tenido en cuenta por el Señor como lo fue en ocasión de la destrucción de Jerusalén, no podría tratarse del verano del cono norte porque, en ese caso, en el sur sería invierno. En un mundo global, quedan como opciones la primavera y el otoño. Y siendo que el otoño corresponde a la época de las fiestas finales, se lo ha sugerido como la época más probable de su venida. (A. Lista, El Retorno de Jesús y el Ritual Judío [Bs.As., 1999]).

4. La “gran tribulación” (Mat 24:21,29)

El hecho de que algunos eventos estuviesen fusionados en el discurso de Jesús, no significa que su discurso careciese de orden. Cristo anunció entonces “algunos de los acontecimientos más importantes de la historia del mundo y de la iglesia desde su primer advenimiento hasta su segundo; a saber, la destrucción de Jerusaén, la gran tribulación de la iglesia bajo las persecuciones paganas y papales, el obscurecimiento del sol y de la luna, y la caída de las estrellas. Después, habló de su venida...”Conflicto de los Siglos, 444. Correspondía ir, sin embargo, a las profecías de Daniel y Apocalipsis para determinar a cuál de esas dos tribulaciones, la pagana y la papal, se refirieron mediante fechas proféticas.

Después de describir la destrucción de Jerusalén, Jesús pasa a referirse a la “gran tribulación” medieval que llevó a los papas a exterminar a millones de personas que se le opusieron a lo largo de los siglos.

“Entre estos dos acontecimientos [la destrucción de Jerusalén y la 2da. Venida], estaban abiertos a la vista de Cristo largos siglos de tinieblas, siglos que para su iglesia estarían marcados con sangre, lágrimas y agonía. Los discípulos no podían entonces soportar la visión de estas escenas, y Jesús las pasó con una breve mención. ‘Habrá entonces grande aflicción [tribulación]—dijo—cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora, ni será... Durante más de mil años iba a imperar contra los seguidores de Cristo una persecución como el mundo nunca la había conocido antes. Millones y millones de sus fieles testigos iban a ser muertos...”Deseado de todas las Gentes, 584.

De un autor católico moderno leemos la siguiente confesión: “Comparado con la persecución” medieval, “la persecución de los cristianos por los romanos en los primeros tres siglos después de Cristo fue un procedimiento suave y humano... Debemos colocar la Inquisición... entre las más oscuras manchas en el registro de la humanidad, pues revela una ferocidad desconocida en ninguna bestia”. “La crueldad y la brutalidad fueron aparentemente más frecuentes en la Edad Media que en ninguna civilización antes de la nuestra”W. Duran, The Age of Faith, 784, 829.

Tres tribulaciones apocalípticas

Tanto Daniel como Juan en el Apocalipsis hablaron de tres tribulaciones que tendrían que ver con Roma en su fase pagana (primera) y papal (las dos restantes). De la persecución romana de los césares paganos se refirió Juan en Apoc 1:9, cuando se consideró a sí mismo compañero “en la tribulación” de los miles de cristianos que sufrían bajo el yugo imperial. También se refirió Jesús a esa tribulación que sufrieron los apóstoles bajo el poder opresor de Roma y de las naciones que gobernaban bajo su autoridad en Mat 24:9-10. De la segunda tribulación, la que está enmarcada en fechas cuyo cumplimiento histórico está confirmado en forma asombrosa, se refirió Jesús más específicamente como “gran tribulación”.

Daniel habló del poder intolerante que la causó, el papado romano, en términos de duración que se extendería por “tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo” (7:25; 12:6-7), es decir, por 1260 días-años, según la confirmación adicional de Juan (Apoc 11:2-3; 12:6,14; 13:5).

En referencia a los sucesos del tiempo del fin que se verían enmarcados por el juicio investigador previo, el aumento de la ciencia, la angustia o tribulación final y la liberación del pueblo de Dios (Dan 12:1-4), uno de los ángeles preguntó al varón vestido con el ropaje sacerdotal del Día de la Expiación: “¿Cuándo se cumplirán estas cosas extraordinarias?” (v. 5-6). La palabra “cosas extraordinarias” o “maravillas” es la traducción de la raíz hebrea pele’, fácil de recordar por el mundo del deporte debido a un jugador famoso a quien apodaron con una pronunciación equivalente. Aparece 16 veces en la Biblia hebrea, y se refiere a cosas maravillosas o sorprendentes no sólo desde una perspectiva positiva, sino también, y a menudo, negativa.Así, se describen los juicios de Dios mediante ese término que se dan, por ejemplo, con la destrucción de una ciudad o de un imperio (Ex 15:11; Isa 25:1-2), o mediante “un prodigio grande y espantoso” (Isa 29:14). La justicia de Dios revelada en tales juicios es algo extraordinario también (Sal 88:12 [13]).

“Todo eso” [kol ’eleh], referente a todo lo que ocurriría en el “tiempo del fin”, “se cumplirá” según escuchó Daniel, “cuando se acabe de quebrantar el poder del pueblo santo”, luego de “un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo” (Dan 12:7). En otras palabras, eso tendría lugar luego de la “gran tribulación”. Pero entonces Daniel intervino y preguntó: “Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas [’eleh]? (v. 8). Se le respondió que su comprensión estaba sellada para “el tiempo del fin”.

Nuevamente el ángel le refiere la gran tribulación que purificaría mediante el horno de la aflicción a los que pasasen por ella (v. 10; cf. 11:35; Apoc 6:9-11). 1290 días-años duraría la “abominación asoladora” y el quitamiento del “continuo” (v. 11), todo lo cual precedería al juicio final. “Feliz el que espere y llegue” al día en que en el cielo se iniciase el juicio investigador, al cabo de 1335 días-años, cuyo propósito sería vindicar a los santos y darles el reino (v. 12). También Daniel se levantaría entonces, luego de ese juicio, “para recibir” su “herencia” (v. 13; cf. 7:22).

Interpretaciones futuristas que tienden a confundir

En años recientes, algunos han querido vincular los 1290 días-años y los 1335 días-años de Daniel 12:11-12 con el fin del tiempo de gracia y la 2da. Venida de Cristo o algo relacionado con esos eventos finales. Para ello han interpretado los días en forma literal, sin relación con años. Pero esa interpretación carece de consistencia porque se contradice con el principio bíblico de “día por año” para las profecías apocalípticas, claramente confirmado por la exégesis bíblica así como por su cumplimiento histórico.

Por otro lado, las profecías fechadas no tienen doble cumplimiento, en relación con épocas distintas. Los 400 años de cautividad israelita en Egipto no volvieron a cumplirse. Los 70 años de cautividad en Babilonia tampoco volvieron a cumplirse. Las 70 semanas de Dan 9 no volverán a tener cumplimiento. Tampoco los 1260, 1290, 1335 y 2300 días-años que ya se cumplieron en la historia y no debe esperarse un doble cumplimiento para el futuro. Los que en nuestras filas han intentado poner para el futuro lo que ya se cumplió, se basan en una declaración del Espíritu de Profecía sin tener en cuenta las numerosas declaraciones que dió para negar que habría un espacio enmarcado en tiempo que se daría luego de 1844(véase Apoc 10:7).

La cita del Espíritu de Profecía que ha sido utilizada se refiere a la tribulación final (la tercera si seguimos la relación con Roma, ahora en su fase papal y última).

“Así como el sitio de Jerusalén por los ejércitos romanos fue la señal para que huyesen los cristianos de Judea, así la asunción de poder por parte de esta nación [los EE.UU], con el decreto que imponga el día de descanso papal, será para nosotros una amonestación. Entonces será tiempo de abandonar las grandes ciudades, y prepararnos para abandonar las menores en busca de hogares retraídos en lugares apartados entre las montañas”Maranata, 178.

Que tanto los estandartes romanos idólatras en tierra santa como la imposición de un falso día de reposo que no honra a Dios conforme a lo que él indicó en sus mandamientos sean una “abominación”, aunque ella no lo mencione aquí, no es algo que necesite discutirse. Pero, ¿hay algo que nos permita vincular esta declaración suya con el período de abominación mencionado en Dan 12:11? De ninguna manera. Para hacerlo, tendríamos que pasar por encima de muchas otras declaraciones suyas que fueron terminantes con respecto a algún tipo de fecha futura.

Nuestra interpretación de Apoc 10:7 sigue en pie. El pasaje no dice que el tiempo seria corto, según algunas versiones han tratado de traducirlo, sino que "el tiempo [profético] no será más".

"Este tiempo, que el Angel declara con un solemne juramento, no es el fin de la historia de este mundo, ni del tiempo de prueba, sino del tiempo profético que debía preceder a la venida del Señor. Esto es, la gente no tendrá otro mensaje sobre tiempo definido (Apoc 10:4-6). Después de este periodo de tiempo que llega de 1842 a 1844, no puede haber una delineación definida de tiempo profético. El recuento más largo llega al Otoño de 1844," Ms 59, 1900.

"Al Señor le había placido mostrarme que no habría tiempo definido en el mensaje dado por Dios desde 1844," 2MS: 83 (1885).

"Nuestra posición ha sido de esperar y velar, con ninguna proclamación de tiempo entre el cierre de los periodos proféticos en 1844 y el tiempo de la venida del Señor". 10MR:270 (1888).

Con este contexto tan claro, no se puede entender de otra manera una cita del Espíritu de Profecía que tiene que ver con la respuesta de ella a un hombre que la acusaba de varias cosas. Dijo que "le hablamos a él de algunos de sus errores en el pasado, que los 1335 días habían terminado y [le dijimos] muchos de sus errores," París, Maine, 27 de Noviembre de 1850.

"Algunos tomarán la verdad que se aplica a su tiempo y la colocarán en el futuro. Acontecimientos de la secuencia profética que se han cumplido en el pasado son colocados en el futuro, y así es como, a causa de esas teorías, se debilita la fe de algunas personas. Según las instrucciones que al Señor le ha complacido darme, Ud. esta en peligro de llevar a cabo la misma obra al presentar a otros verdades que ya tuvieron su lugar y realizaron su obra especifica para ese tiempo en la historia de la fe del pueblo de Dios. Ud. acepta como verdaderos estos hechos de la historia bíblica, pero los aplica al futuro. Todavía mantienen su fuerza en su lugar debido en la cadena de los acontecimientos que nos han convertido en el pueblo que hoy somos, y como tales deben presentarse a los que moran en las tinieblas del error," 2 MS: 117-118.

5. Las señales estelares de la cercanía del fin.

La tendencia al futurismo—que se manifiesta en procurar empujar hacia adelante lo que ya se cumplió—en relación con la “gran tribulación” medieval a la que se refirió Jesús, conduce a otro problema que algunos han querido también introducir en nuestra iglesia, ya tocando los bordes del tercer milenio. Si la tribulación a la que se refirió Jesús es la final que se da al concluir el juicio celestial (Dan 12:1), no la que debía preceder a su inicio, entonces el gran terremoto de Lisboa en 1755, el día oscuro en 1780, y la caída de las estrellas en 1833, todos precediendo al juicio que comienza en el cielo en 1844 (Dan 8:14), no tuvieron nada que ver con lo que anunció el Señor y lo confirmó en el sexto sello en el Apocalipsis(Apoc 6:12-13). ¿En qué quedaría la historia de nuestra Iglesia, bajo una interpretación tal? Cualquiera puede imaginárselo.

Es cierto que en el Antiguo Testamento Dios dio señales estelares en relación con los microcosmos del fin (Joel 2:30-31). La destrucción de Jerusalén en el año 70 fue precedida también por señales estelares macabras que presagiaban el fin.

“Aparecieron muchas señales y maravillas como síntomas precursores del desastre y de la condenación. A la medianoche una luz extraña brillaba sobre el templo y el altar. En las nubes, a la puesta del sol, se veían como carros y hombres de guerra que se reunían para la batalla... Temblaba la tierra...”CS, 32-33.

El anuncio de Jesús, así como el que confirmó a Juan, debía darse luego de la “gran tribulación” del quinto sello (Mat 24:21,29; Apoc 6:9-10). Aunque el período de tribulación culminaba, según Daniel y Juan, en 1798 (1260 días-años), con el juicio al papado romano cuyo poder político recibió un golpe mortal (Apoc 13:3), la tribulación o persecución o angustia que había causado el papado romano durante tanto tiempo había sido acortada por misericordia divina. Inmediatamente después de esa persecución que fue acortada antes de recibir su golpe mortal, se darían las señales estelares.

“La persecución contra la iglesia no continuó durante todos los 1260 años. Dios, usando de misericordia con su pueblo, acortó el tiempo de tan horribles pruebas. Al predecir la ‘gran tribulación’ que había de venir sobre la iglesia, el Salvador había dicho: ‘Si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados’ (Mat 24:22). Debido a la influencia de los acontecimientos relacionados con la Reforma, las persecuciones cesaron antes del año 1798”, CS, 309-310.

“Después de describir el largo período de prueba por el que debía pasar la iglesia, es decir, los 1260 años de la persecución papal, acerca de los cuales había prometido que la tribulación sería acortada, el Salvador mencionó en las siguientes palabras ciertos acontecimientos que debían preceder su venida y fijó además el tiempo en que se realizaría el primero de estos” (cita Mar 13:24). Los 1260 días, o años, terminaron en 1798. La persecución había concluído casi por completo desde hacía casi un cuarto de siglo. Después de esta persecución, según las palabras de Cristo, el sol debía obscurecerse”, CS, 351.

¿Debía el terremoto del sexto sello considerárselo como el más grande de la historia? En absoluto. Una de las señales de la cercanía del fin tendría que ver con un incremento de “terremotos en diversos lugares”(Mat 24:7). Pero uno de ellos, descripto como “un gran terremoto” (Apoc 6:12), daría inicio a las señales relativas al “tiempo del fin”. Ninguno de los terremotos que se dieron en China o en la India fueron seguidos por el oscurecimiento de un día y la lluvia de meteoros predicha. Las señales debían ser enviadas a los discípulos del Señor, es decir, a quienes iban a entenderlas, en el mundo cristiano.

Lo mismo puede decirse del oscurecimiento del sol, cuya causa no se conoce plenamente aún. No hay testimonios históricos de incendios de bosques que se hubiesen dado en el lugar del oscurecimiento, de tal magnitud como para abarcar tanto territorio como el que presenció ese evento. Tampoco debía esperarse que la lluvia de meteoros fuese causada por eventos sobrenaturales, ni tampoco debía esperarse que no volviesen a repetirse. Claro está, el orden de los eventos y el efecto causado no iban a ser igualados.

Según el Apocalipsis, habría un terremoto final que destruiría todas las obras de los hombres, en la última plaga, sepultaría islas y barrería con todas las montañas (Apoc 6:14; 16:18-20). Es el mismo terremoto final que cierra todas las series apocalípticas, no el que las inicia (Apoc 8:5; 11:19; 16:18-20). No se daría como señal precursora para que levantemos nuestras cabezas, sabiendo que nuestra “redención está cerca” (Luc 21:28). Tendría lugar en el mismo fin, luego que el cielo se enrollase (o corriese) “como un pergamino” para que desde la tierra pudiese verse venir al Señor en toda su gloria (Apoc 6:14), y los impíos clamasen a los montes y a las rocas que caigan sobre ellos, algo que el Señor cumplirá (v. 15-16).

En otras palabras, ninguna otra señal cósmica del Apocalipsis reservada para el fin mismo, puede relacionársela con las preliminares que aparecen al iniciarse el 5to. sello, luego de la gran tribulación medieval de la que advirtió Jesús en su sermón profético. Con respecto a la serie de eventos cataclísmicos que concluirían cada serie, el Espíritu de Profecía los ubicó en el fin también, no como señal precursora, sino como culminación de las séptuples series proféticas del Apocalipsis.

“Una crisis había llegado en el gobierno de Dios. La tierra estaba llena de transgresión. Las voces de los que habían sido sacrificados a la envidia y odio humanos estaban clamando bajo el altar por retribución [referencia al 5to. sello]. Todo el cielo estaba preparado para ir, a la voz de Dios, en socorro de sus elegidos. Una palabra de él, y los relámpagos del cielo habrían caído sobre la tierra, llenandola con fuego y llamas. Pero Dios tenía que hablar, y habrían habido truenos y relámpagos y terremotos y destrucción”,en RH, 5, 7-17-1900.

Contrastes entre la tribulación medieval y la final.

Llama la atención a la manera en que Jesús se refirió a la tribulación medieval. Por su extensión y crueldad, algo confirmado en la historia humana, según ya vimos, esa tribulación sería única, “como nunca hubo desde el principio del mundo, ni habrá después” (Mat 24:21). Daniel se refirió con términos equivalentes, sin embargo, a la tribulación final que será corta, y en donde los poderes de este mundo no podrán prevalecer como sucedió durante la gran tribulación medieval (Dan 7:25; Apoc 13:7). “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran Príncipe que se pone de pie por tu pueblo. Y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces. Pero en ese tiempo será librado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro” (Dan 12:1).

Es indudable que esa tribulación que sucede al juicio y a las señales del fin, es también única pero por motivos diferentes. Es la tribulación que se dará no sólo porque los redimidos de la última generación tendrán que permanecer en pie ante los poderes de este mundo que procurarán destruirlos a menos que una marca les sea impuesta (Apoc 13:4,15-17), sino también por tener que permanecer en pie ante la ira del Cordero, con el fallo de la corte celestial ya tomado y en espera a conocer su resultado (Apoc 6:17-18; 14:9-12).

Conclusión

¿Cuántas señales quedan por cumplirse para que venga el Señor? ¡Casi todas se han cumplido! Sin embargo, los vientos de las pasiones humanas, de la persecución o tribulación final, siguen contenidas(Apoc 7:1-2). La tormenta está lista para estallar. Pero por misericordia a quienes deben ser sellados, Dios sigue estirando el tiempo de oportunidad (v. 3). ¡Cuánta paciencia divina! ¡Cuánta misericordia!

La última señal que se dará antes que expire el tiempo de gracia será la imposición de la “marca de la bestia” (Apoc 13:15-18). La siguiente tendrá que ver con la primera plaga del Apocalipsis. Y la última señal que se dará del fin mismo será la nube que envuelve al Salvador.

“Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, de un tamaño como la mitad de la palma de la mano. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de obscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del hombre”, Conflicto de los Siglos, 698.





Fuente: Mensajes Distintivos Adventistas
Autor: Dr. Alberto Treiyer. Teólogo e investigador sobre los mensajes bíblicos y proféticos distintivos que Dios nos dio para este tiempo.
B.A., Colegio Adventista del Plata, E. R., Argentina, M.Div. y D.Theol., Universidad de Estrasburgo, Francia.
Nota: originalmente publicado el 23 de diciembre de 2008 en esta misma sección de Ojo Adventista


martes, 12 de julio de 2011

LAS SIETE CABEZAS DE LA BESTIA DE APOCALIPSIS 17: ¿SIETE PAPAS?


Por 
Roy E. Graf Maiorov
Es frecuente encontrar en la literatura o audios distribuidos por algunos ministerios disidentes la afirmación de que las siete cabezas de la bestia de Apocalipsis 17 representan a siete papas (siete reyes). Quienes hacen esta afirmación cuentan usualmente a los siete papas a partir de 1929, año en que se firmó el tratado de Letrán entre la así llamada Santa Sede y Benito Mussolini. De esta manera, se pretende que el papado no ha tenido poder político por un lapso de unos 130 años aproximadamente, entre 1798, cuando se produce la “herida de muerte” descripta en Apocalipsis 13:3, y 1929 cuando supuestamente el papado habría recuperado su poder temporal (territorial) y por lo tanto la “herida mortal” habría sido sanada.  
Aunque no es posible aquí destacar todas las debilidades de este punto de vista, sin embargo es necesario señalar ciertas presuposiciones o pretensiones erróneas del mismo.



Las cabezas: ¿reyes o reinos? 
En primer lugar, se presupone que las cabezas deben estar representando “reyes” en el sentido de individuos, o reyes individuales, y no reinos, como afirmado los intérpretes adventistas tradicionalmente. Esta pretensión es difícil de sostener. Primero, está claro que los símbolos que se refieren a reyes en Daniel en realidad representan reinos. Así, por ejemplo, en Daniel 7:17, se dice que las cuatro bestias que aparecen en la visión de ese capítulo representan cuatro reyes; pero de la lectura del v. 23 queda claro que esos “reyes” en realidad son reinos. Es decir que aunque los términos “reyes” y “reinos” son intercambiables, lo son sólo en el sentido de que “reyes” se refiere a “reinos” pero no en el sentido de que “reyes” puede referirse a reyes individuales o reinos a la vez. Otros textos donde también se usa el término “rey” o “reyes” como sinónimos de “reino” o “reinos” son Daniel 2:37-44; 8:21-23. Por otro lado, cabe destacar que las cabezas son utilizadas como símbolo de reinos no sólo en Apocalipsis 17 sino también en Daniel. De la comparación de Daniel 7:6 (donde aparece la tercera bestia semejante a un leopardo con cuatro cabezas) con Daniel 8:22 (“cuatro reinos se levantarán de esta nación”), queda claro que las cabezas del primer pasaje sólo pueden representar reinos y no reyes específicos. A esto hay que adicionar el hecho de que de las siete cabezas se dice que representan “siete montes… y son siete reyes” (17:9-10). La última cláusula explica la primera. Y esto está en total consonancia con la simbología del Antiguo Testamento donde los montes a menudo representan reinos (Daniel 2:44, 45; Jeremías 51:24, 25).                                                
En segundo lugar existen objeciones de carácter histórico a la interpretación que identifica a las siete cabezas de la bestia de Apocalipsis 17 con siete papas. En ella se suele asumir que con la firma del tratado de Letrán se produce o se inicia la restauración de la herida mortal de la bestia de Apocalipsis 13. ¿Es correcta esta afirmación? Es necesario reconocer que la misma ha sido sostenida por prominentes evangelistas adventistas por décadas, como así también por algunos destacados intérpretes de las profecías. Pero, ¿qué significa realmente la restauración de la herida mortal? ¿Está relacionada únicamente con la recuperación del poder político de la Roma papal? En principio hay que señalar que la restauración de la herida mortal no tiene demasiada relación con la recuperación de las posesiones territoriales del papa, los que por sí mismos son insignificantes, sino con la restauración de su poder perseguidor gracias al apoyo otorgado por otras naciones que ponen a su disposición el poder político para los fines de dominio religioso de Roma. Esta es la razón por la que la misma Elena de White, escribiendo mucho antes de 1929 podía ver tendencias proféticas que señalaban en la dirección de la restauración de la herida mortal del papado, en una época en que el papado no tenía posesiones territoriales. Ella declaró en El conflicto de los siglos: “En los acontecimientos que están desarrollándose actualmente, especialmente en dicho país [Estados Unidos], se ve un rápido avance hacia el cumplimiento de dichas predicciones 
[las encontradas en Apocalipsis 13:3, 8]”.
Elena de White presenta la  restauración de la herida mortal de Roma en términos de la recuperación de su poder perseguidor al afirmar también que “Roma tiene su mira puesta en el restablecimiento de su poder, y tiende a recuperar su supremacía perdida. Establézcase en los Estados Unidos el principio de que la iglesia puede emplear o dirigir el poder del estado; que las leyes civiles pueden hacer obligatorias las observancias religiosas; en una palabra, que la autoridad de la iglesia con la del estado debe dominar las conciencias, y el triunfo de Roma quedará asegurado…”. Los 1260 años habían sido un período de opresión del pueblo de Dios al fin del cual “el poder papal recibió su golpe mortal”.


La restauración de ese golpe mortal no puede ser otra cosa que la recuperación del poder para oprimir al pueblo de Dios nuevamente y no la recuperación de su dominio territorial. Esto está en total acuerdo con el contexto de Apocalipsis 17 donde se afirma que los diez reyes (o reinos) representados por los diezcuernos de la bestia “entregarán su poder y su autoridad a la bestia” (v. 13). Sólo gracias a la asociación renovada con el poder político de las naciones es como la bestia conseguirá un nuevo período de dominio y la recuperación de su poder perseguidor. Cabe resaltar, en este contexto, que el papado en realidad no perdió completamente su dominio territorial durante el período que va entre 1798 y 1929. En realidad, esa pérdida fue paulatina y recién se consumó completamente en relación a los Estados Pontificios en 1870 con la unificación de Italia. Napoleón mismo firmó con la sede romana un concordato que implicaba cierto reconocimiento a la autoridad de Roma. De allí que fuera el propio papa Pío VII quien en 1804 coronara a Napoleón como 
emperador en la catedral de Notre Dame, en París. Por supuesto que eso no le impidió a
Napoleón invadir Italia y coronarse rey de la península al año siguiente. De hecho en 1808 el papa fue desterrado por los franceses. Pero tras la derrota de Napoleón en 1814 el papa pudo regresar a Roma.  Fue, de todos, modos un período turbulento para el papado. 
En 1848 se proclamó la II República Romana (la primera había sido establecida por Napoleón en 1798) que, aunque efímera, implicó la huida de Roma del papa, quien pudo regresar nuevamente a Roma gracias a la intervención favorable de Francia.
Finalmente, en 1870 las tropas del Reino de Italia consumaron la anexión completa de los llamados Estados Pontificios. Aun en esas circunstancias, el papado conservó algunos rasgos de su poder temporal-territorial. Justo González lo presenta de esta manera: “Víctor Manuel [el rey de la Italia unificada] le concedió entonces al Papa, además de una fuerte renta anual, los palacios del Vaticano, de Letrán y de Castelgandolfo, con derechos de extraterritorialidad y de soberanía. Pero Pío IX declaró que esto no era aceptable, y por tanto siguieron años de tensión entre el Vaticano y el gobierno italiano, hasta que en 1929, al firmarse los tratados de Letrán, el papado aceptó los hechos consumados”. Esto significa que, a los efectos prácticos, el papa siguió siendo el soberano del Vaticano aunque bajo circunstancias que estaban lejos de ser las anteriores a 1870. Por esa razón el Tratado de Letrán fue más un asunto de aceptación de “hechos consumados” por parte del papado que de creación de un orden político totalmente nuevo. En verdad, cuando las fuerzas del Reino de Italia tomaron posesión de Roma en 1870, “los vencedores, por respeto a la persona del Papa Pío IX, no entraron a los palacios vaticanos, pudiéndose afirmar que el Estado Vaticano continuó existiendo en aquel reducido territorio en que no fue materialmente sustituida su autoridad por la italiana, manteniéndose, asimismo, en forma inalterable su derecho de legación activo y pasivo, celebrando concordatos; reconociendo nuevos Estados; actuando como mediador en algunas controversias y considerando al Papa como jefe de un Estado reconocido como sujeto de Derecho Internacional”.


Es entonces arbitrario e históricamente inexacto suponer que el papado sanó su herida mortal (o al menos inició su “proceso de sanidad”) a partir de 1929.Estrictamente hablando, el papa nunca se vio en la necesidad de renunciar a su trono ni dejó de ser un jefe de Estado a pesar de las limitaciones impuestas a su poder político en forma progresiva desde 1798 y hasta 1870. Por lo tanto no se puede pretender, como frecuentemente hacen los proponentes de la interpretación que equipara a las siete cabezas con siete papas, que la sexta cabeza representaría al Papa Juan Pablo II (sexto papa si se cuenta desde Pío XI, quien ocupaba la sede romana durante la firma del Tratado de Letrán). Tampoco es correcto pretender que el atentado contra su persona perpetrado en 1981 puede corresponder a una “herida mortal” equivalente a la infligida sobre la institución papal como un todo en 1798. Ni mucho menos que la restauración de esa herida sería una falsificación de la resurrección del mencionado papa (el “octavo” de 17:11) luego de la extinción del papa actual, Benedicto XVI (el séptimo desde Pío XI). Tal postura, que aplica los conceptos de herida mortal y de sanidad de la herida mortal (Apocalipsis 13: 3, 12) en forma corporativa a la institución papal en 1798 y, simultáneamente, en forma individual a Juan Pablo II en tiempos más recientes no es más que sensacionalismo profético sin base bíblica ni sustento histórico.


La identidad de las siete cabezas
Si las siete cabezas de la bestia de Apocalispis 17 no son siete papas, vale entonces preguntarnos a quienes representan esas siete cabezas. Los intérpretes adventistas en general han afirmado que se trata de siete poderes políticos sucesivos que se han opuesto al pueblo de Dios a través de su historia. Algunos autores arrancan la                                                enumeración de esos siete poderes con Egipto y siguen con Asiria, Babilonia, MedoPersia, Grecia, Roma pagana, Roma eclesiástica o papal. El “octavo” sería el poder papal
restaurado luego de haber sufrido la herida mortal. Esta posición afirma que el “uno es” de Apocalipsis 17:10 se refiere al imperio dominante durante el período en el cual Juan recibe la visión. Ese imperio sería Roma, el sexto, tras el cual “cinco … han caído”.  De esta manera, la explicación de la visión de Apocalipsis 17 (v. 17 en adelante) estaría dada desde la perspectiva temporal de Juan.  Otros autores adventistas arrancan su enumeración de los imperios o poderes sucesivos que se han opuesto al pueblo de Dios a través de la historia con Babilonia, el primero de los presentados en el libro de Daniel. En ese caso la secuencia seguiría con Babilonia, Medo-Persia, Grecia, Roma pagana, Roma eclesiástica o papal durante los 1260 años, Roma papal durante el período de la herida mortal (o bien Francia Revolucionaria o Estados Unidos) y finalmente Roma papal restaurada (con su herida mortal sanada). Según esta postura el “uno es” de Apocalipsis 17 se refiere al tiempo del fin del cual trata la visión. La visión estaría desarrollada desde el punto de vista temporal del período de la sexta cabeza. Esta postura considera que la bestia “era” (vv. 8, 11) durante el período de dominio del papado a través de los 1260 años; “no es” (vv. 8, 11)durante el período en que el papado está bajo los “efectos” de la herida mortal; y “será” cuando la “herida mortal” sea sanada y se restaure el poder perseguidor del papado. Es decir que hay un sincronismo entre las etapas de la bestia (“era”, “no es” y “será”) con las siete cabezas que se puede sintetizar de esta manera:





Conclusión
El punto de vista de que las siete cabezas de Apocalipsis 17 representan a siete papas de tiempos recientes, parte de una interpretación de base futurista y literalista. No tiene sustento bíblico ni histórico. Los intérpretes adventistas recientes coinciden, en cambio en afirmar que se trata de siete imperios o poderes que se han opuesto a lo largo del tiempo al pueblo de Dios. El énfasis suele colocarse en el hecho de que “la herida mortal” del papado finalmente será sanada y su poder perseguidor restaurado por un cierto período de tiempo en el futuro. 
En la práctica, quienes identifican las siete cabezas con siete papas recientes logran un efecto equivalente al de colocar una fecha a la segunda venida de Cristo; pues, aunque no lo hagan directamente, generan una falsa expectativa en relación al papa actual y al siguiente. Quienes simpatizan con este punto de vista esperan la aparición del siguiente papa y con ello el desenlace final de las profecías relativas al tiempo del fin y la segunda venida. Esta interpretación favorece, una vez más, el descrédito de la profecía, de manera similar a la forma en la que lo han hecho en el pasado quienes han tratado de fijar sucesivas fechas para la venida de Cristo. En estas circunstancias es bueno recordar                                      “que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal” (2 Pedro 1:20, 
La Biblia de las Américas).


lunes, 4 de julio de 2011

El Dr. Hugo Gambetta y su Instituto de Entrenamiento Laico: Una muestra de disidencia más


Rancho "La Esperanza" es mayor logro y sueño cumplido del Dr. Hugo Gambetta. Después de años soñando  tener una facultad de teología propia, una empresa a su manera, una institución que marche de acuerdo a sus opiniones e ideas, el "humilde" siervo de Dios al fin ve su sueño hecho realidad.

La mayoría de gambettistas, o al menos parte de ellos, desconoce probablemente que su líder máximo por fin ve coronado una de sus hazañas más importantes: Instituto de entrenamiento Laico. Aunque no vincula su empresa con la Iglesia Adventista del Séptimo Día directamente, esta empresa educativa religiosa disidente está diseñada para ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA, al menos ese es el primer requisito para todo aquél que desea estudiar en el Rancho La Esperanza.

En definitiva, el Dr. Gambetta ha creado una institución "educativa" para "formar" a misioneros. Me pregunto si  se "educará" en esa institución como Dios desea, separado de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Me pregunto si  se "formará" a misioneros cuando el pensamiento disidente de su líder máximo es rebelde e indómito a la voz de Dios.

En muchas ocasiones escuché y leí comentarios sobre el Dr. Gambetta en donde decían que él jamás insinuó ni pretendió marchar al margen de la IASD muy por el contrario aseveraban que su misión era únicamente predicar el evangelio. Pues ahora, al  ver que tiene una empresa con donaciones y diezmos de supuestos adventistas creo que muchos entenderán cuál es su objetivo final: Tener una iglesia propia.

Pregunto, ¿Para qué educar jóvenes misioneros "adventistas" si ellos no servirán en la Iglesia Adventista del Séptimo Día? ¿Con qué objetivo el Dr. Gambetta desea un ejército de misioneros o laicos entrenados con su pensamiento? Simple como parezca por una sencilla razón: Quiere tener su propia iglesia, una adventista igual que el Movimiento Reforma, o simplemente como los disidentes clásicos y modernos que conocemos. Esas que abiertamente desafían e injurian  a la Iglesia de Dios, la IASD.

¿Se imagina Ud. lo que pasaría si miles y cientos de jóvenes y niños con el pensamiento disidente y deformista "adventista" del Dr. Gambetta harían? Simple: Convertirse en cizaña, en piedra de tropiezo para no pocos ASD. En definitiva, el Dr. Hugo Gambetta está actuando astutamente en la juventud y la niñez cientos que ya estudian en su instituto de entrenamiento laico, escuela secundaria, primaria, centro de vida sana, imprenta o editora, etc.

Para los que alguna vez han conversado con el Dr. Hugo Gambetta y lo han conocido en tiempos que era pastor con credencial de la IASD, saben que él siempre quiso tener su propia facultad de teología. Ese fue siempre uno de sus mayores sueños. Y al fin lo logró.



Pueden ver su página oficial: http://www.rancholaesperanza.org

domingo, 26 de junio de 2011

El ecumenismo en el nuevo milenio

Hace setenta y cinco años, William Temple, el entonces arzobispo de Canterbury, llamó al movimiento ecuménico “el gran acontecimiento nuevo de nuestra era”. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, el ecumenismo no sólo ha llegado ya a no ser nuevo, sino menos original y vital. Alcanzó su punto máximo alrededor de 1970. Se percibía una cierta euforia tras el Concilio Vaticano II. Se veía la unidad orgánica de las iglesias como una posibilidad real. Se esperaba que la Iglesia Católica Romana pronto se uniría al Concilio Mundial de Iglesias. Florecían varias uniones de iglesias significativas y se entablaban diálogos entre diversas denominaciones.
La mayoría de los observadores del escenario ecuménico consideran la Conferencia Misionera Internacional de 1912 como la “cuna” del movimiento ecuménico. A partir de ese comienzo se desarrollaron tres corrientes ecuménicas independientes (aunque relacionadas entre sí): 1) El Concilio Misionero Internacional, 2) la Comisión de Fe y Orden (teología), y 3) el Movimiento de Vida y Trabajo (problemas socio-económicos). Estas se unieron en 1948 y 1961 para formar el Concilio Mundial de Iglesias (CMI; WCC, en inglés), con su oficina central en Ginebra, Suiza. El CMI comenzó en 1948 con 147 iglesias, y ahora incluye más de 330 iglesias que son miembros, la mayoría de ellas son nacionales. Se celebraron ocho asambleas, la última de las cuales se realizó en Harare, Zimbabwe, en diciembre de 1998.
Durante los años formativos del movimiento ecuménico, la Iglesia Católica Romana (ICR) se mantuvo fuera de él, y en general fue hostil hacia el CMI. En realidad, hubo severas advertencias tanto del papa como del Santo Oficio con respecto a las relaciones ecuménicas. Entonces, en una movida más bien dramática, la ICR se revirtió y en 1964 aceptó el ecumenismo en el Concilio Vaticano II. Un año más tarde, se produjo otro avance cuando el Concilio Vaticano aceptó el concepto de libertad religiosa. Estas dos modificaciones radicales de las reglas pasadas están relacionadas entre sí: Es difícil visualizar el ecumenismo sin por lo menos alguna forma de libertad religiosa. Hoy Roma desempeña un papel principal en el movimiento ecuménico y es la iglesia que está más involucrada en los diálogos inter-confesionales y los institutos ecuménicos. En cierto modo era de esperarse, ya que por lejos es la iglesia cristiana más grande.
Pero la gran pregunta ecuménica que ahora nos confronta es: ¿Cuán real y cuán fuerte es el movimiento ecuménico hoy, al enfrentar los inciertos años del nuevo milenio? Es hora de hacer un control de la realidad.

Control 1: La ilusión de la unidad orgánica
La realidad está, finalmente, entrando en el movimiento ecuménico. Hoy la mayoría de los ecumenistas parecen darse cuenta de que la unidad orgánica mundial de las iglesias cristianas es una ilusión. Además, la ICR no se unirá al CMI como está constituido actualmente. Aunque ha habido muchos diálogos exitosos entre los teólogos, ha habido relativamente poco interés en la unidad orgánica entre las iglesias mismas, y un efecto sólo moderado sobre la vida y la doctrina de las iglesias.

Control 2: Declinación
Otro aspecto de la realidad en el nuevo milenio es que las iglesias así llamadas “principales” —aquellas iglesias que se ven más involucradas con el CMI— han estado declinando. Podría ser más correcto llamarlas, por lo menos a algunas de ellas, las iglesias “antiguas” o “secundarias”, especialmente con respecto a las pérdidas significativas de feligreses en ciertos países.
El crecimiento de las iglesias pertenece ahora a los evangélicos conservadores, los pentecostales, los bautistas, y los adventistas del séptimo día. Estas iglesias tienden, mayormente, a vacilar acerca del ecumenismo, si no son directamente hostiles a él.

Control 3: El peligro del fundamentalismo
Al ingresar al nuevo siglo, ha llegado a ser cada vez más claro que el fundamentalismo religioso creciente, o extremismo, es una fuerza a tomar en cuenta. En cierta forma, es una reacción tanto contra el ecumenismo como contra la secularización. El fundamentalismo es peligroso para la libertad religiosa porque sus celotes no sólo están seguros de que poseen la verdad, sino que sienten la obligación de imponerla a los demás. Otra tendencia contemporánea es el nacionalismo y cuando se une con el fundamentalismo religioso, como sucede actualmente en diversos países, forman una mezcla explosiva que es hostil, por no decir destructiva, tanto para la libertad religiosa como para el ecumenismo. En realidad, en ciertas partes del mundo existe el peligro real no sólo de limpieza étnica, sino también religiosa.

Control 4: Unidad orgánica contra unidad visible
El sueño de la “unidad orgánica” entre las iglesias ahora está siendo reemplazado en los círculos del CMI por la visión de la “unidad visible”, centrándose en tres elementos esenciales: 1) la aceptación mutua del bautismo, 2) la intercomunión (la aceptación mutua del servicio eucarístico), y 3) el reconocimiento mutuo de los ministros ordenados de cada iglesia. En relación con esto, es necesario decir que aunque los adventistas practican la comunión abierta, aceptan como válido sólo el bautismo por inmersión de los creyentes. Aunque reconocen que los ministros de las otras iglesias que elevan a Cristo son “pastores del rebaño” y están involucrados con el plan de Dios para la evangelización del mundo, la Iglesia Adventista no reconoce la ordenación ministerial de los otros cuerpos religiosos, en particular el concepto del “sacerdocio” con todas sus connotaciones históricas y teológicas.

Control 5: El consenso ecuménico de Roma
El consenso ecuménico en la ICR es buscar por lo menos cierta medida de acuerdo en cinco áreas principales: 1) la relación entre las Escrituras y la tradición; 2) la eucaristía como un sacrificio conmemorativo que involucra la presencia real de Cristo; 3) la triple ordenación de diáconos, sacerdotes y obispos en la sucesión apostólica; 4) el magisterio o autoridad de enseñanza del papa y de los obispos, incluyendo la primacía universal del papa; y 5) el papel de la Virgen María como madre e intercesora.
Aquí es donde hay una enorme valla teológica. Los protestantes y los católicos todavía se hallan distantes entre sí en muchos puntos, aunque no tanto como parecían estar en lo pasado, como se indicó recientemente en la declaración del acuerdo entre la ICR y la Federación Mundial Luterana con respecto a la justificación por la fe. En realidad, ha habido un acercamiento asombroso entre los evangélicos conservadores y los católicos. Aunque no debe exagerarse esta convergencia, ya que el golfo doctrinal entre ellos es todavía grande, hay que reconocer que hay una cooperación creciente a lo largo de las líneas socio-políticas, especialmente con respecto al aborto, al casamiento y a los valores familiares.

Control 6: El problema del proselitismo
Un problema con implicaciones ecuménicas que está llegando en forma creciente a ocupar el primer plano, es el proselitismo. La que una vez fue una palabra positiva, al proselitismo se le ha dado una connotación peyorativa en años recientes. En el pasado se refería esencialmente a convertir a una persona de una creencia a otra, que es precisamente lo que procura hacer la evangelización. Hoy a menudo se la usa con referencia al testimonio corrupto, es decir, el uso de la coerción o incentivos materiales o distribución de informaciones falsas con el fin de ganar conversos. Algunas personas van tan lejos como usar la palabra “proselitismo” para significar cualquier forma de evangelización entre personas ya bautizadas, sin importar si viven su relación con Cristo y una iglesia cristiana.
Es preferible hablar de “falso proselitismo” cuando se hace referencia a los métodos erróneos de evangelismo, para evitar el peligro de condenar la evangelización en general, por lo menos en muchas partes del mundo. Tal posición es inaceptable por cuanto el testimonio y el evangelismo son mandatos divinos para los cristianos. Además, el derecho de enseñar y diseminar la religión de cada uno, hoy es reconocido como un derecho humano, como lo es el derecho de recibir información religiosa y cambiar de religión. El evangelismo llega a ser un falso proselitismo cuando una persona o un grupo hacen declaraciones y acusaciones falsas, cuando existe la lisonja y se dan incentivos materiales con el fin de cambiar o mantener una religión, o cuando se fomentan las contiendas, el odio, el antagonismo competitivo o el ridículo. La Iglesia Adventista del Séptimo Día rechaza directamente estas tácticas.

Control 7: Crisis
Actualmente el CMI se halla en una crisis financiera e ideológica. Por ejemplo, los representantes ortodoxos orientales afirman que ellos probablemente abandonarán el CMI a menos que ocurra una reorganización radical. El cambio que piden es sustancial: quieren tener más voz en las actividades del concilio, y objetan la decisión de las relaciones entre iglesias por el voto de una mayoría y prefieren que las decisiones se tomen por consenso. Algunos líderes ortodoxos hasta han sugerido la creación de un segundo cuerpo (como lo tienen muchos parlamentos), y han propuesto que la representación se dé en cuatro familias de iglesias: Católica Romana, Ortodoxa, Reformada y Libre. Por otro lado, las iglesias ortodoxas dan una contribución financiera más bien pequeña al CMI.
Como ya se indicó, la ICR no tiene planes de unirse al CMI y llegar a ser una iglesia entre más de 300. ¿Cómo podría hacerlo? ¡Roma es mucho más poderosa e influyente que Ginebra, donde están ubicadas las oficinas centrales del CMI! Uno recibe la impresión creciente de que tal vez el CMI necesita a la ICR para arrancar el motor ecuménico actualmente débil.

¡Es siempre peligroso profetizar, especialmente acerca del futuro! Sin embargo, unas pocas cosas parecen claras. Los adventistas han atribuido, tradicionalmente, papeles apocalípticos importantes tanto a los Estados Unidos de América como al papado. Ahora hay sólo un super-poder político real, los Estados Unidos, y sólo un super-poder religioso-político, el papado, la Iglesia Católica Romana.
En relación con esto, para usar un término deportivo, el Concilio Mundial de iglesias está realmente jugando en las “ligas menores”. El papel geopolítico creciente de Roma es evidente por sí mismo. Cada vez más se considera al papa como el vocero virtual del cristianismo y, tal vez, de las religiones del mundo. Aun los musulmanes lo han llamado “santo Padre”. El escenario profético escatológico se está preparando.

Bert B. Beach (Ph.D., Universidad de París, Sorbonne) es el director de relaciones entre iglesias de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. Su dirección es: 12501 Old Columbia Pike; Silver Spring, Maryland, 20904; E.U.A. 

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