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viernes, 27 de enero de 2017

La Trinidad en la Historia de los Adventistas del Séptimo Día por Merlin D. Burt


En la última década se ha visto el incremento de la actividad antitrinitaria dentro del seno de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (IASD). Se podrían mencionar cuatro razones para esta actividad:
  1. La disponibilidad de información mediante Internet.
  2. Varios grupos de otros adventistas que surgieron del movimiento Millerita que continuaron afirmando la perspectiva antitrinitaria. Como ejemplo podría ser la Iglesia de Dios (del Séptimo Día), también conocida como el Grupo Marion; el punto de vista previo de la Iglesia Mundial de Dios; la iglesia de Dios de Atlanta en Georgia (anteriormente de Oregon, Illinois, o los Adventistas de la Era por Venir [Age to Come Adventists]), y los Testigos de Jehová (la rama de la Iglesia Adventista Cristiana). Se puede decir que los adventistas cristianos, al igual que los adventistas del séptimo día, han aceptado el punto de vista trinitario.
  3. Algunos creen que la doctrina de la Trinidad viene de la teología Católica y que por lo tanto debe ser falsa. Muchos no se han dado cuenta que la doctrina Católica de la Trinidad tiene diferencias con la doctrina bíblica de la IASD sobre la Trinidad. Esto incluye la generación eterna del Hijo y la impasibilidad Divina, que se encuentran influenciadas por la filosofía griega.
  4. Quizás lo más significativo en las últimas décadas, es que algunos adventistas del séptimo día han pensado en retroceder a la fe histórica adventista temprana, o lo que se da en llamar el neorestauracionismo.
Algunos han errado en reconocer la naturaleza dinámica de la teología Adventista del Séptimo día. Históricamente, nuestras doctrinas se han desarrollado en el contexto del núcleo original distintivo de los mensajes de los tres ángeles y conceptos similares. Un pequeño segmento, aunque significativo y en crecimiento de los adventistas “históricos”, están abogando por un retroceso a la instancia antitrinataria. Los adventistas sabatistas y los adventistas del séptimo día siempre han centrado su teología y doctrina en la Biblia. Han rechazado un credo estático y siempre han buscado estudiar, comprender y seguir la Biblia como su fuente de doctrina y la guía de la experiencia. Consecuentemente, no debería sorprender que la doctrina adventista se haya desarrollado a lo largo del tiempo construyéndose sobre estudios bíblicos previos y nuevos.
Mientras el adventismo sabatista emergía a fines de la década de 1840, trajo varias verdades cristianas y las colocó en el marco de la profecía cumplida y el descubrimiento constante de las enseñanzas bíblicas. Una cadena de enseñanzas bíblicas explicó lo que había sucedido en 1844 y porqué Jesús no había regresado. El santuario celestial, el ministerio de Jesús del tiempo del fin en el Lugar Santísimo, y el sábado como el sello de Dios, fueron un enfoque particular. La comprensión adventista de varias perspectivas teológicas continuó desarrollándose y mejorando con el paso del tiempo. Dos ejemplos son el sábado y el diezmo. Los primeros adventistas inicialmente concluyeron, mediante la influencia de José Bates, que el sábado debía comenzar y terminar a las 6:00 p.m. Fue en 1855, cerca de una década después del énfasis en el inicio del sábado, que la presentación bíblica e histórica de J. N. Andrews contribuyó a que los creyentes adoptaran la puesta de sol como el momento correcto para comenzar y terminar el sábado. El diezmo comenzó en 1859 como benevolencia sistemática y tenía poca o ninguna relación con la enseñanza bíblica del diez por ciento. No fue hasta la década de 1970 que el re estudio cuidadoso del tema llevó a que los adventistas del séptimo día adoptaran el marco del diezmo que se practica actualmente. Un proceso similar es evidente en la comprensión adventista de la naturaleza de Dios y la Trinidad.
El propósito de este artículo es bosquejar el desarrollo histórico del punto de vista de la Trinidad de los adventistas del séptimo día desde sus comienzos hasta el presente.
HASTA 1890: PERÍODO ANTITRINITARIO
Hasta cerca de los comienzos del siglo XX, la literatura adventista del séptimo día era casi unánimemente contraria a la deidad eterna de Jesús y la personalidad del Espíritu Santo. Durante los primeros años, algunos sostuvieron que Cristo fue creado. Es muy importante comprender que los puntos de vista adventistas no eran homogéneos. La tensión teológica dentro del adventismo comenzó durante el movimiento Millerita y se ilustra en la vida de dos líderes principales, Guillermo Miller y Joshua V. Himes.
Miller, siendo Bautista, era trinitario. Escribió, “creo en un Dios viviente y verdadero, y que hay tres personas en la Divinidad…. Las tres personas del Dios Triuno están conectadas”.1 Himes, un asociado cercano de Miller, era de la Conexión Cristiana. La rama nororiental de la iglesia cristina “rechazó la doctrina trinitaria como no escriturística”.2 Es importante notar que los adventistas milleritas se centraban en el pronto regreso de Jesús y no consideraron necesario discutir sobre la Trinidad.
Dos de los principales fundadores de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, José Bates y Jaime White, al igual que Himes, habían sido miembros de la Conexión Cristiana y rechazaron la doctrina de la Trinidad. José Bates escribió lo que creía, “respecto a la trinidad, concluyo que era imposible para mi creer que el Señor Jesucristo, el Hijo del Padre, era también el Dios Todopoderoso”.3 Jaime White escribió, “aquí debemos mencionar la Trinidad, la cual tiene que ver con la personalidad de Dios y la de su Hijo Jesucristo”.4 Tanto Bates como White estaban ansiosos por mantener separadas las personalidades del Padre y del Hijo. Esta preocupación se debía, en parte, a la fuerte influencia espiritualizadora de los adventistas del Novio [Bridegroom Adventists] durante los años de 1845 y 1846. Un problema similar resurgiría al concluir el siglo XX con la despersonalización de Dios y los puntos de vista panteístas de J. H. Kellogg.5
Aunque Jaime White rechazó la doctrina de la Trinidad, él sí creía en los tres grandes poderes en el cielo y esto se refleja en su primera colección de himnos.6Aunque opuesto al concepto de Trinidad, no creía que Cristo era inferior al Padre. En 1877 escribió, “la inexplicable trinidad que hace de las tres personas de la Divinidad una y una en tres, es suficientemente mala; pero el ultra unitarianismo que hace a Cristo inferior al Padre es peor”.7
No todos estaban de acuerdo con Jaime White en la igualdad del Padre y el Hijo. Durante la década de 1860, Urías Smith, por largo tiempo editor de la Review and Herald, creyó que Jesús fue “el primer ser creado”.8 Para 1881, él cambió su creencia y consideró a Jesús como “concebido” y no como “creado”.9
Una lista selectiva de los adventistas que hablaron contra la Trinidad y/o rechazaron la deidad eterna de Cristo incluye a J. B. Frisbie, J. N. Loughborough, R. F. Cottrell, J. N. Andrews, D. M. Canright, J. H. Waggoner, y C. W. Stone.10 W. A. Spicer, en un momento dijo a A. W. Spalding que su padre, después de llegar a ser Adventista del Séptimo Día (antes era un ministro Bautista del Séptimo Día), “se sintió tan ofendido con la atmósfera antitrinitaria en Battle Creek que dejó de predicar”.11
Al revisar los escritos de varios pioneros, surgen algunas preocupaciones frecuentes. Al rechazar la Trinidad, algunos vieron a los cristianos ortodoxos como paganos triteístas. Otros argumentaron que la Trinidad degradaba la personalidad de Cristo y del Padre al borrar la distinción entre ambos. Mientras que las primeras posturas sobre la Trinidad y la deidad de Cristo eran imperfectas, había un sincero intento por oponerse a ciertos errores legítimos.
Alrededor de 1890, los adventistas habían llegado a sostener una posición más o menos armoniosa que veía a Jesús como el Hijo engendrado u originado de Dios. Era visto como el Creador Divino junto con el Padre. La naturaleza del Espíritu Santo se discutía muy poco, aunque el Espíritu Santo era considerado generalmente como la influencia omnipresente del Padre y del Hijo en lugar de
una persona.
DESDE 1890 HASTA 1900: SURGIMIENTO DE LA OPINIÓN ANTRITINITARIA
A comienzos de la década de 1890, dos de los pensadores clave en relación con los temas opuestos de la justificación por la fe/ley en Gálatas estuvieron de acuerdo con la divinidad derivada de Jesús. E. J. Waggoner escribió en 1890, en su libro Christ and his righteousness [Cristo y su justicia], “hubo un tiempo cuando Cristo procedía de y venía de Dios… pero ese tiempo era tan lejano en los días de la eternidad que para comprensión finita es prácticamente sin comienzo”.12 En 1898, Urías Smith escribió en Looking unto Jesus [Al mirar a Jesús], “sólo Dios no tiene principio. En la época más temprana, cuando pudo haber existido un comienzo –un período tan remoto que para las mentes finitas es esencialmente eternidad-, apareció la Palabra”.13
El período posterior a la reunión de la Asociación General en Minneapolis, 1888, vio un renovado énfasis en Jesús y el plan de salvación. Esto llevó a considerar su deidad y lo que esto significa para la redención de la humanidad. A. T. Jones estuvo entre los primeros (a excepción de Elena de White) en sugerir que Cristo fue eternamente preexistente. Jones enfatizó Colosenses 2:9 y la idea de que Cristo era corporalmente la plenitud de la Deidad. También describió a Cristo como “la Palabra eterna”.14 Aunque evitó la palabra Trinidad, en 1899 escribió: “Dios es uno. Jesucristo es uno. El Espíritu Santo es uno. Y estos tres son uno: no hay disensión ni división entre ellos”.15
Elena de White desempeñó un rol profético al confirmar la deidad eterna de Jesús y la Divinidad en Tres-Personas. A comienzos de 1878, se refirió a Jesús como el “eterno Hijo de Dios”.16 En El Deseado de todas las gentes, escribió “[Cristo] se había proclamado a sí mismo como el que tenía existencia propia” y “en Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otro”.17 Escribió sobre el Espíritu Santo como la “tercera Persona de la Divinidad”.18 Elena desempeñó un papel importante en instar a la iglesia para que adopte una posición trinitaria bíblica. No obstante, durante años después de la publicación de El Deseado de todas las gentes, la iglesia evitó en general éstas y otras declaraciones. Mientras que ella nunca usó el término Trinidad en sus escritos publicados, reiteradamente comunicó el concepto.
M. L. Andreasen discutió si Elena de White había escrito en realidad algunas de sus declaraciones en El Deseado de todas las gentes y otros libros. Durante 1909, Andreasen pasó tres meses en Elmshaven, California,19 y se convenció de la certeza de la postura que ella había publicado.20
DESDE 1900 HASTA 1931: TRANSICIÓN Y CONFLICTO
Durante las primeras tres décadas del siglo XX, la iglesia permaneció dividida en la postura sobre la deidad de Cristo. El uso de la palabra Trinidad continuó evitándose al publicar. W. W. Precott y A. T. Jones, ambos editores de la Advent Review and Sabbath Herald, fueron partidarios clave de la deidad plena y eterna de Jesús. Durante la década de 1890, Prescott fue más lento que Jones en aceptar el nuevo punto de vista. Pero después de 1900, como editor de Advent Review and Sabbath Herald, publicó artículos sobre la personalidad y la naturaleza eterna del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.21 Prescott aún creía que Jesús tenía una existencia derivada de Dios el Padre. En la Conferencia Bíblica de 1919, presentó una serie de ocho temas devocionales para la conferencia titulada “La Persona de Cristo”, que expresaba su punto de vista. Una discusión cuidadosa en esa conferencia mostró que había opiniones diferentes.22
El inicio del siglo XX vio la lucha de adventistas y protestantes fundamentalistas contra la alta crítica y el desarrollo del “nuevo modernismo” en la cristiandad. Los liberales rechazaron la deidad de Jesús y su concepción virginal. Los artículos adventistas que defendían los puntos de vista bíblicos comenzaron a aparecer con mayor frecuencia en los periódicos de la iglesia. Sin importar las diferencias individuales en algunos detalles, los ministros adventistas se enlistaron contra los puntos de vista liberales. Naturalmente, quienes rechazaron la preexistencia eterna de Cristo no deseaban hablar de sus orígenes y debilitar la argumentación contra la alta crítica. Incluso se toleraron los artículos sobre la Trinidad.23 El resultado fue un aumento del aprecio por la completa divinidad del Hijo de Dios.
DESDE 1931 HASTA 1957: ACEPTACIÓN DE LA POSTURA TRINITARIA
F. M. Wilcox fue crucial en facilitar la transición final hacia una aceptación del punto de vista Adventista del Séptimo Día sobre la Trinidad mediante su conducción en 1931 Statement of Fundamental Beliefs [Declaración de las creencias fundamentales de 1931] y sus artículos en la Review and Herald.24 Se evitaron cuidadosamente los resúmenes doctrinales durante las primeras décadas del siglo XX, debido en parte al conflicto sobre la Trinidad. Según L. E. Froom, Wilcox fue “respetado por todas las partes debido a su solidez, integridad y lealtad a la fe adventista –y al Espíritu de Profecía-, él, como editor de la Review, hizo lo que probablemente ningún hombre podría haber hecho en el logro de la unidad en la aceptación”.25 No fue sino hasta 1946 que la sesión de la Asociación General votó oficialmente una Declaración de las creencias fundamentales.26
Durante la década de 1940, una creciente mayoría de la iglesia creía en la deidad eterna, no derivada de Cristo y la personalidad del Espíritu Santo, aunque todavía había algunos que se negaban e incluso resistían activamente el cambio. Entre estos estaban principalmente unos pocos ministros de edad avanzada y profesores de Biblia tales como J. S. Washburn, C. S. Longacre y W. R. French. En 1944, el libro Daniel and the Revelation [Daniel y Apocalipsis] de Urías Smith fue revisado y se quitaron sus comentarios sobre la naturaleza derivada de la divinidad de Cristo.27
En 1957, el libro Questions on Doctrine [Cuestiones sobre Doctrina] ancló la doctrina de la Trinidad o Divinidad para los adventistas. Aunque el libro trajo conflictos teológicos en otras áreas, no hubo disenso real sobre la enseñanza clara del libro en relación con la Trinidad.28 La declaración ambigua corriente sobre la Trinidad en las creencias fundamentales en la Iglesia Adventista del Séptimo Día fue revisada y votada en la sesión de la Asociación General de 1980.
El proceso de adopción de la Trinidad continúa desde 1900 hasta 1950. Las influencias clave en el cambio fueron:
  1. La publicación reiterada de estudios bíblicos sobre el tema.
  2. Las claras afirmaciones de Elena de White.
  3. La respuesta adventista a los ataques del liberalismo moderno en relación con la deidad de Cristo y su concepción virginal.
  4. La declaración de F. M. Wilcox sobre las creencias fundamentales y sus editoriales en la Review and Herald.
Podemos aprender varias lecciones sobre la historia del desarrollo de la doctrina de la Trinidad en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Primero, debemos reconocer que el desarrollo de la teología adventista ha sido generalmente progresivo y correctivo. Esto se ilustra claramente en la doctrina de la Trinidad. La conducción del Espíritu Santo es dinámica. Otros conceptos doctrinales se desarrollaron de forma similar. Este desarrollo nunca supuso un cambio de paradigma que contradijo la clara enseñanza bíblica sobre el ministerio de Cristo en el santuario celestial y el fundamento profético de la iglesia. Segundo, el desarrollo de la doctrina de la Trinidad demostró que el cambio doctrinal requiere a veces que transcurra la generación previa. A los adventistas del séptimo día, les llevó más de 50 años hasta que la doctrina de la Trinidad se convirtió en normativa. Tercero, las declaraciones inequívocas de Elena de White atenuaron la discusión y proveyeron confianza en la transición hasta el punto de vista actual. Finalmente, la teología adventista depende siempre en forma suprema de la Escritura. La Biblia nos dice que “La senda de los justos se asemeja a los primeros albores de la aurora: su esplendor va en aumento hasta que el día alcanza su plenitud”.29Hebreos 2:1 dice, “Por eso es necesario que prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que perdamos el rumbo”. En definitiva, fue la Biblia la que condujo a los adventistas del séptimo día a adoptar su posición actual sobre la Divinidad o Trinidad.
-Merlin D. Burt, director del Centro de Investigación Adventista, Universidad Andrews, Berrien Springs, Michigan, Estados Unidos | Traducción: Silvia Scholtus de Roscher | Centro de Investigación White | Universidad Adventista del Plata Libertador San Martín, Entre Ríos Argentina 28 de julio de 2009

Referencias
  1. Sylvester Bliss, Memoirs of William Miller (Boston: Joshua V. Himes, 1853), 77, 78. 
  2. Joshua V. Himes, “Christian Connexion”, en Encyclopedia of Religious Knowledge, ed. J. Newton Brown (Brattleboro, VT: Brattleboro Typographic, 1838), 363. 
  3. Joseph Bates, Autobiography of Elder Joseph Bates (Battle Creek, MI: Steam Press, 1868), 205. 
  4. James White, “Preach the Word”, Adventi Review and Sabbath Herald, 11 de diciembre, 1855, 85. 
  5. Véase J. H. Kellogg, The Living Temple (Battle Cree, MI: Good Health, 1903), 26-36, 396-398, 460-460, 484-486. 
  6. Arthur L. White a Hedy Jemison, 2 de julio, 1969; James White, compilación de Hymns for God’s Peculiar People (Oswego, NY: Ricchard Oliphant, 1849), 47. 
  7. James White, Advent Review and Sabbath Herald, 29 de noviembre, 1877, 72. 
  8. Uriah Smith, Thoughts, Critical and Practical on the Book of Revelation (Battle Creek, MI: Steam Press, 1865), 59. 
  9. Urías Smith, Thoughts (1881), 74. 
  10. J. B. Frisbe, “The Seventh Day Sabbath Not Abolished”, Advent Review and Sabbath Herald, 7 de marzo, 1854, 50; J. N. Loughborough, “Questions for Brother Loughborough”, Advent Review and Sabbath Herald, 5 de noviembre, 1861, 184; R. F. Cottrell, “The Trinity”, Advent Review and Sabbath Herald, 6 de julio, 1869, 84; D. M. Canright, “The Personality of God”, Advent Review and Sabbath Herald, 29 de agosto, 1878, 73-74; 19 de septiembre, 1878, 97; J. H. Waggoner, The Atonement (Oakland, CA: Pacific Press, 1884), 164-179; C. W. Stone, The Captain of our Salvation (Battle Creek, MI: n.p., 1886), 15-20. 
  11. A. W. Spalding a H. C. Lacey, 2 de junio, 1947. 
  12. E. J. Waggoner, Christ and his righteousness (Oakland, California: Pacific Press, 1890), 21, 22. 
  13. Uriah Smith, Looking unto Jesus (Battle Creek, Michigan: Review and Herald, 1898), 10. 
  14. A. T. Jones, “The Third Angel’s Message Number 20”, General Conference Bulletin, 27 de febrero, 1895, 378; Ibid., “The Third Angel’s Message Number 17”, General Conference Bulletin, 25 de febrero, 1895, 332. 
  15. A. T. Jones, editorial, Advent Review and Sabbath Herald, 10 de enero, 1899, 24. 
  16. Elena de White, Advent Review and Sabbath Herald, 8 de agosto, 1878, 49. 
  17. Elena de White, El Deseado de todas las gentes (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, 1955, 9º ed. 1977), 435, 489. 
  18. Ibid., 625. 
  19. Lugar donde residía Elena de White [nota de la traductora]. 
  20. M. L. Andreasen, “Testimony of M. L. Andreasen”, Document File 961, 15 de octubre de 1953, Patrimonio White. 
  21. W. W. Prescott, Advent Review and Sabbath Herald, 4 de abril, 1896, 232; General Conference Committee Minutes para el 15 de febrero, 1902, citado en Gilbert Valentine, William Warren Prescott (Tesis de doctorado, Andrews University, 1982), 351; W. W. Prescott, “Studies in the Gospel Message”, Advent Review and Sabbath Herald, 2 de septiembre, 1902, 4; ibid., “Our Place as Sons”, Advent Review and Sabbath Herald, 23 de septiembre, 1902, 6; ibid., “The Eternal Purpose”, Advent Review and Sabbath Herald, 23 de diciembre, 1902, 4; ibid., “Our Personal Saviour Jesus Christ”, Sabbath School Lesson Quarterly, first quarter, 1921, 2, 9, 20; ibid., The Doctrine of Christ (Washington, DC: Review and Herald, 1920), 3, 20, 21. 
  22. Donald E. Mansell, “How the 1919 Bible Conference transcript was found”, documento no publicado, en el archivo de documentación del Patrimonio White, 6 de julio, 1975. 
  23. Stemple White, Canadian Watchman, septiembre de 1923, 18; C. P. Bollman, Advent Review and Sabbath Herald, 15 de marzo, 1923, 4; Lyle C. Shepard, Canadian Watchman, septiembre de 1927, 12. 
  24. F. M. Wilcox, “Christ as Creator and Redeemer”, Advent Review and Sabbath Herald, 23 de marzo, 1944, 2; ibid., Advent Review and Sabbath Herald,, 3 de enero, 1945, 5, 6. 
  25. L. E. Froom, Movement of Destiny (Washington, DC: Review and Herald, 1971), 413, 415. 
  26. Robert Olson y Bert Haloviak, “Who decides what adventists believe: A chronological survey of sources, 1844-1977”, estudio no publicado, Document File 326, 24 de febrero de 1977, Patrimonio White. 
  27. Uriah Smith, Daniel and the Revelation (Nashville: Southern Publishing, 1941), 400; ibid., The prophecies of Daniel and the Revelation (Nashville: Southern Publishing, 1944), 391. 
  28. Questions on Doctrine (Washington, DC: Review and Herald, 1957), 30, 31, 36. 
  29. Proverbios 4:18, NVI. 

miércoles, 25 de enero de 2017

La Trinidad y los Pioneros Adventistas

Recientemente, muchos adventistas considerados los “históricos conservadores”, están promoviendo la idea de que la Iglesia Adventista del Sétimo Día adoptó la doctrina de la Trinidad en el año 1931, y que esto es el comienzo de la apostasía. Esto me ha motivado a escribir este artículo usando fuentes fidedignas y compilaciones de la iglesia. Sus argumentos son mayormente históricos con su concentración y ojos puestos sobre muchos comentarios de nuestros pioneros, especialmente sobre Jaime White y su esposa Elena G. White. Los que pertenecemos hoy día a la iglesia, damos por entendido que el concepto de la Trinidad ha formado parte de las doctrinas fundamentales de la iglesia por siempre:
La Trinidad
Hay un sólo Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, una unidad de tres Personas coeternas. Dios es inmortal, omnipotente, omnisciente, encima de todo, y siempre presente. (Deut. 6:4; 29:29; Mat. 28:19; II Cor. 13:13; Efes. 4:4-6; I Pedro 1:2; I Tim. 1:17; Apoc. 14:6 y 7).
Pero, ¿tienen razón estos adventistas con sus argumentos anti-trinitarios?
Mitos y realidades sobre la Trinidad en la Iglesia Adventista
1.“Todos nuestros pioneros, incluyendo a Elena White fueron anti-trinitarios”. (Fred Allaback, No New Leaders... No New Gods)
El argumento es cierto, que al principio, la mayoría de nuestros pioneros manifestaron conceptos anti-trinitarios. Por ejemplo, Jaime White provenía de la conexión cristiana antes de pertenecer al pequeño movimiento de los observadores del sábado (todavía la iglesia adventista no se había organizado) y en este grupo predominaban ideas arrianas. El concepto de la Deidad que ellos entendían se basaba en lo siguiente:
• Hubo un tiempo, en la eternidad, cuando Cristo no existió. • Cristo recibió la Deidad del Padre y por lo tanto era inferior a Él. • El Espíritu Santo no es la tercera persona de la Deidad, sino es el poder o la influencia de Dios y Cristo.
Esto con el tiempo, y su posterior luz sobre el asunto, cambió.
A- En 1846, Jaime White se refirió al antiguo credo trinitario no Escritural que Jesús es el eterno Dios,( The Day Star, enero 21, 1846). Pero en 1876 escribió que: “los adventistas del séptimo día mantienen la Deidad de Cristo tan cerca con los trinitarios que nos paramos de juzgar aquí”.( Review & Herald, octubre 12, 1876).
Y un año después declaró su creencia de la igualdad del Hijo con el Padre y condenó cualquier posición como errónea que “hace a Cristo inferior al Padre”. (Review & Herald, noviembre 29, 1877).
Esto claramente derrumba la idea de que los pioneros siempre fueron anti-trinitarios, pero hay más ejemplos.
B - Originalmente, Urías Smith y otros enseñaban que Cristo fue el primer ser creado. Luego adoptó la posición de que Cristo era el unigénito no creado.
C - En 1896, W.W. Prescott escribió: “Como Cristo nació dos veces, una vez en la eternidad, el unigénito Hijo del Padre, y otra vez en la carne, de este modo, uniendo lo divino con lo humano en el segundo nacimiento, así que nosotros que hemos nacido una vez ya en la carne, estamos para tener el segundo nacimiento habiendo renacido en el espíritu”.( Review & Herald, abril 14, 1896).
23 años después en la Conferencia Bíblica de 1919 durante una discusión sobre la Deidad de Cristo admitió: “Yo estaba en el mismo lugar que el hermano Daniels y había enseñado las mismas cosas (que Cristo era el principio de la obra creadora de Dios, que hablar de la tercera persona de la Deidad o Trinidad era herética) por autoridad y sin hacer mi propio pensar o estudio, yo supongo que estaba en lo correcto, pero encontré algo diferente”. Transcripciones de la Conferencia Bíblica, julio 6, 1919.
Cuando hizo la pregunta ¿Podemos creer en la deidad de Cristo sin creer en la eternidad de Cristo? Uno de los participantes contestó: “Me la he hecho por años”. A esto Prescott replicó: “Esa es la misma posición que hemos usado en términos en que acomodando el sentido no hay realmente armonía con las enseñanzas de las Escrituras. Creímos por mucho tiempo que Cristo era un ser creado, a pesar de lo que dicen las Escrituras. Yo digo esto que pasando por alto la experiencia que ha pasado por mí en este asunto, este uso acomodaticio de términos que hace la deidad sin eternidad, no es mi concepto ahora del evangelio de Cristo. Pienso que queda corto toda la idea expresada en las Escrituras y nos deja, no con la clase de Salvador que creo ahora, sino una especie de un ser semihumano. Como lo veo, la deidad envuelve la eternidad. La misma expresión la involucra, tu no puedes leer las Escrituras y tener la idea de la deidad sin eternidad.”( Transcripciones de la Conferencia Bíblica, julio 6, 1919).
Podemos observar que los pioneros cambiaron su posición con el correr del tiempo y no mantuvieron una mente cerrada al asunto. Uno de los factores que condujeron al principio al rechazo de la trinidad fue conceptos erróneos de la misma como por ejemplo, enseñaban que la Trinidad era 3 personas en una, o de que Jesús y el Padre eran uno y el mismo.
2.Sólo después de la muerte de Elena White, fue que se introdujo a la iglesia la doctrina de la Trinidad. (Fred Allaback, No New Leaders... No New Gods, pág. 11).
Este es el argumento favorito de los anti-trinitarios y se basan en un sin número de citas de Elena G. White que “supuestamente” apoyan el concepto anti-trinitario. Pero la historia refuta esta posición.
En 1897 y 1898, Elena White enseñó que “En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra”. (Mensajes Selectos, tomo 1, pág 348).
La cita es clara, Cristo no fue creado y tiene vida original, contradiciendo así lo que sostienen los anti-trinitarios hoy día.
Con relación al Espíritu Santo, enseñó a los estudiantes de Avondale Collage en 1899 lo siguiente:
Necesitamos comprender que el Espíritu Santo, que es una persona así como Dios es persona, anda en estos terrenos (Manuscrito 66, 1899. [Extracto de un discurso dado a los alumnos del Colegio de Avondale, Australia.]).
El Espíritu Santo es una persona, porque testifica en nuestros espíritus que somos Hijos de Dios. Cuando se da este testimonio lleva consigo su propia evidencia. En esas ocasiones creemos y estamos seguros de que somos los Hijos de Dios. . .
El Espíritu Santo tiene una personalidad, de lo contrario no podría dar testimonio a nuestros espíritus y con nuestros espíritus de que somos Hijos de Dios. Debe ser una persona divina, además, porque en caso contrario no podría escudriñar los secretos que están ocultos en la mente de Dios. “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Cor. 2: 11) (Manuscrito 20, 1906).
El príncipe del poder del mal puede ser mantenido en jaque únicamente por el poder de Dios en la tercera persona de la Deidad, el Espíritu Santo (Special Testimonies, Serie A, No 10, pág. 37. Año 1897). (El Evangelismo, págs. 447-448)
En el contexto de la crisis de Kellog en 1905 Elena White escribió una advertencia a los obreros conectados con la obra médica en la cual ella, sin ambigüedad apoyaba la doctrina de la Trinidad (Evangelismo, pág. 446):
El Padre es toda la plenitud de la Deidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales.
El Hijo es toda plenitud de la Deidad manifestada. La Palabra de Dios declara que él es “la imagen misma de su sustancia” (Heb. 1: 3). “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3: 16). Aquí se muestra la personalidad del Padre.
El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Deidad, poniendo de manifiesto el poder de la gracia divina a todos los que reciben a Cristo y creen en él como un Salvador personal. Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo (Special Testimonies, Serie B, No 7, págs. 62, 63. Año 1905).
Un caso más interesante es este:
M. L. Andreasen recuenta: “Recuerdo cuan asombrado estábamos cuando fue publicado por primera vez el Deseado de Todas las Gentes, porque contenía algunas cosas que creíamos eran increíbles. Entre otras cosas, la doctrina de la Trinidad, la cual no era generalmente aceptada por los adventistas de entonces”. (The Doctrine of the Trinity in the Seventh Day Adventist Denomination, pág. 20).
Durante el año 1909, Andreasen pasó 3 meses en Elmshaven donde pudo mirar los manuscritos escritos por ella. El escribió: “En su propio manuscrito ví las declaraciones que yo estaba seguro que ella no había escrito, que no podría haber escrito. Especialmente cuando fui golpeado con la nueva cita, ahora familiar del Deseado de Todas las Gentes pág. 489 “En Cristo hay vida original, que no proviene ni deriva de otra.”
Esta declaración en ese tiempo fue revolucionaria y me obligó a una completa revisión de mi posición y de la denominación sobre la Deidad de Cristo.” (Testimony of M.L Andreasen, octubre 15, 1953).
Esto, claramente tomó lugar mucho antes de la muerte de Elena White (la cual fue en 1915). De este modo, la acusación de que sólo después de la muerte de Elena White fue introducida en la iglesia la doctrina de la Trinidad, no tiene fundamento.
3. El libro El Evangelismo ha sido manipulado para apoyar la Trinidad.
Los cambios que se hicieron nunca alteraron el significado original.
Necesitamos comprender que el Espíritu Santo, que es una persona así como Dios es persona, anda en estos terrenos (Manuscrito 66, 1899. [Extracto de un discurso dado a los alumnos del Colegio de Avondale, Australia.] ).
(El Evangelismo, pág 447).
Fred Allaback reclama el hecho de que la oración en el libro El Evangelismo comienza en el medio de la oración original y de que la coma después de la palabra “terrenos” es reemplazada por un período, cambiando el significado de la declaración. Además identifica al Espíritu Santo con el Señor Dios y rechaza aceptar que hay dos personas referidas en esta cita. De hecho, en su folleto, da al Espíritu Santo tres identidades separadas o distintas en un vano intento de probar que no tiene existencia personal.
Identifica al Espíritu Santo con Cristo, luego identifica al Espíritu Santo con el Padre, y más adelante identifica al Espíritu Santo con los ángeles.
La Inspiración dice:
El Padre es toda la plenitud de la Deidad corporalmente, y es invisible para los ojos mortales.
El Hijo es toda plenitud de la Deidad manifestada.
El Consolador que Cristo prometió enviar después de ascender al cielo, es el Espíritu en toda la plenitud de la Deidad, poniendo de manifiesto el poder de la gracia divina a todos los que reciben a Cristo y creen en él como un Salvador personal. Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes -el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo (Special Testimonies, Serie B, No 7, págs. 62, 63. Año 1905).
En esta cita, Fred Allaback dice que significa que hay un trío de 3 dioses vivientes en la familia divina. Es triste ver cuán perfectamente simple es la oración en español reinterpretándola con un sentido diferente a lo que realmente dice.
4.La Trinidad es una doctrina pagana
La trinidad es un concepto Bíblico y no está basado en rituales paganos ni en filosofías. Hay varios ejemplos de la “Trinidad” en las creencias paganas como por ejemplo:
Brahma, Siva y Vishnu del Hinduismo. 
Osiris, Isis y Horus en la religión egipcia. 
Nimrod, Ishtar y Tamuz en Babilonia.
De igual manera, el concepto de “tres” se encuentra en Apocalipsis 14 y el mensaje de los tres ángeles el cual encuentra su paralelismo falso con los “tres” espíritus inmundos de Apocalipsis 16 (el dragón, la bestia y el falso profeta).
5. La trinidad es de origen católico
Otro de los argumentos favoritos de los anti-trinitarios. El registro histórico nos da un cuadro diferente. Aunque el concepto de la Trinidad es Escritural, la doctrina fue formulada en el Concilio de Nicea en el año 325 d.C.
El Concilio convocado por el emperador Constantino, se reunió en Nicea (Asia Menor) para tratar con la controversia arriana.
De los 318 obispos, sólo 6 venían del occidente, y el resto venían de las iglesias orientales donde el obispo de Roma tenía muy poca influencia. El mismo obispo de Roma no estuvo presente, pero envió dos sacerdotes que lo representaran. Esto claramente contradice el reclamo de que la Trinidad es una doctrina de origen católico.
Conclusión
Los primeros pioneros adventistas fueron antitrinitarios. A finales del 1890, Elena White publicó artículos y libros donde hizo fuertes declaraciones apoyando el concepto de la Trinidad, aunque nunca usó la palabra “Trinidad”.
Ya que muchos en la iglesia se opusieron a ello, más de 3 décadas se tomaron para que la iglesia en general aceptara la doctrina.
En 1931, el anuario adventista contenía una declaración de 22 creencias fundamentales, una de las cuales era la Trinidad.
En 1980 en Dallas, las creencias fundamentales fueron reiteradas de que hay un Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, una unidad de 3 personas coeternas.
Los adventistas modernos que se oponen a la Trinidad buscan recuperar la herencia de sus pioneros con referencia a la Trinidad.
Creen que sólo después de la muerte de Elena White, la doctrina de la Trinidad entró a la iglesia y que sus libros fueron manipulados y cambiados.
Como hemos visto tales evidencias no apoyan esas acusaciones. 
Elena de White escribió que:
“No es esencial para nosotros ser capaces de definir con precisión qué es el Espíritu Santo... La naturaleza del Espíritu Santo es un misterio. Los hombres no pueden explicarla, porque el Señor no se la ha revelado. Los hombres de conceptos fantásticos pueden reunir pasajes de las Escrituras y darles interpretación humana; pero la aceptación de esos conceptos no fortalecerá a la iglesia. En cuanto a estos misterios, demasiado profundos para el entendimiento humano, el silencio es oro” (HA, 43-44, 1911).
Mientras que la Trinidad es un misterio divino y ningún mortal podrá entenderla plenamente, las Escrituras claramente indican la igualdad y la coexistencia eterna de las 3 personas de la Deidad. Mientras que la razón humana no puede entenderlo, por fe podemos creerlo.
Que la paz de nuestro Señor Jesucristo sea con cada uno de ustedes.

Declaraciones Trinitarias de Elena de White: ¿Qué es lo que verdaderamente escribió?

Ciertos oponentes de la segunda creencia fundamental de la iglesia (“La Trinidad”) argumentan que las declaraciones de Elena de White que apoyan esta creencia no son confiables, dado que no reflejan fielmente lo que ella escribió y enseñó. Estas personas afirman aceptar los escritos proféticos de Elena de White, pero cuestionan la autenticidad de sus declaraciones que ratifican la creencia de la iglesia en tres personas totalmente divinas, diferentes y coeternas en la Divinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Esta investigación no intentará definir exhaustivamente el concepto de Elena de White acerca de la Divinidad ni analizar el tema de si estuvo totalmente desarrollado en su posición. El interés está en la autenticidad de las declaraciones clave de Elena de White a la luz de las fuentes documentales disponibles. También se debería aseverar con claridad que la creencia fundamental de la iglesia en la Trinidad no está basada en los escritos de Elena de White, sino en su comprensión de la verdad bíblica.
“La tercera Persona de la Divinidad”
Para muchos adventistas, las declaraciones publicadas de Elena de White pueden ser consideradas como la prueba concluyente de sus enseñanzas sobre el tema. En El Deseado de todas las gentes, ella escribe que “el pecado podía ser resistido y vencido únicamente por la poderosa intervención de la tercera persona de la Divinidad, que iba a venir no con energía modificada, sino en la plenitud del poder divino” (p. 625). Así es como el texto se ha leído desde su primera publicación en 1898. Así que, ¿cómo es que los oponentes escapan a la interpretación natural de que existen tres personas distintas en la Divinidad?
Primero, al sugerir que la expresión fue colocada en El Deseado de todas las gentes a través de la influencia de los asistentes de Elena de White y/o Herbert Lacey o W. W. Prescott.[1] Segundo, al señalar que las palabras “tercera persona” no están en mayúscula en el original que se imprimió en 1898, lo que para ellos daría a entender que la palabra “persona” está utilizada en un “sentido más general”.[2] Tercero, al sugerir que, si bien existen en realidad solo dos personas en la Divinidad, “el efecto final para nosotros es que existen tres seres divinos”, dado que el Espíritu Santo es llamado “otro Consolador”. En esta posición, el Espíritu Santo es “el Espíritu (presencia) del Padre y/o de Cristo”, y no en realidad una tercera persona divina diferente.[3]
No responderemos a la tercera interpretación, salvo al estudiar más adelante las declaraciones de Elena de White que hablan del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo como “tres agentes distintos” que trabajan juntos en favor de la humanidad. Pero las primeras dos observaciones están objetando la autenticidad del texto, y por lo tanto es de interés para nuestra investigación. ¿Podemos confiar en que Elena de White realmente escribió este pasaje de El Deseado de todas las gentes? ¿Qué es lo que dice el manuscrito original?
El Centro de Investigaciones White a menudo recibe esta clase de preguntas de personas que cuestionan la lectura o la enseñanza de una declaración publicada. Algunos se sorprenden cuando les decimos que Elena de White no escribió de corrido sus capítulos en forma manuscrita tal como aparecen en libros como El camino a Cristo y los de la serie de El gran conflicto. Ella verdaderamente es la autora del texto, pero gran parte del material que forma parte de los capítulos como los tenemos fue compilado de sus muchas obras anteriores, incluyendo sus sermones, sus cartas y sus artículos.[4] Así que, para encontrar el manuscrito original para algún pasaje de un libro como El Deseado de todas las gentes, debemos determinar el documento que sirvió como fuente y si se ha conservado el manuscrito original de ese documento.
Entonces ¿cuál es la fuente de esta sentencia de la página 625 de El Deseado de todas las gentes? La encontramos en una carta que Elena de White le dirigió a “Mis hermanos en Norteamérica” [My Brethren in America], fechada el 6 de febrero de 1896. Ella escribió: “El mal se había estado acumulando durante siglos, y solo podía ser reprimido y resistido mediante el vigoroso poder del Espíritu Santo, la tercera persona de la Divinidad, que vendría no con energía modificada, sino en la plenitud del poder divino”.[5] Esta carta fue copiada y enviada desde Australia a los líderes de la iglesia en Battle Creek, donde el presidente de la Asociación General, O. A. Olsen, la publicó al siguiente año en un panfleto que circuló entre líderes y ministros de la iglesia (Special Testimonies, N° 10, pp. 25-33). Esta publicación de ese tiempo provee otra evidencia –más allá de la obvia fecha de copyright– de que este pasaje de El Deseado de todas las gentes está tal cual se pudo leer en su primera publicación de 1898.
La Figura 1 es una copia escaneada de la primera página de esta carta, que muestra la frase clave en el segundo párrafo. El escéptico se preguntará cómo podemos saber que esta carta provino de Elena de White. ¿Qué es lo que dice el manuscrito original?
Desafortunadamente para los que vivimos en 2009, Elena de White raras veces preservaba los borradores originales de sus cartas una vez que habían sido transcriptas y habían recibido su aprobación. Veremos que, en ciertas otras instancias, somos afortunados de tener sus borradores originales, pero de esta carta no se conoce que el original manuscrito haya sido preservado. Pero tenemos otras evidencias de su autenticidad. Las páginas 5, 6 y 7 contienen las interpolaciones manuscritas de Elena de White, que ella a menudo agregaba después de haber leído nuevamente un documento. La Figura 2 es el escaneo de la página 6, que muestra estas interpolaciones y provee la evidencia de que esta carta efectivamente fue revisada por la misma Elena de White. Así que estamos sobre terreno firme para concluir que esta sentencia clave de El Deseado de todas las gentes no fue introducido sin que Elena de White se diera cuenta en el manuscrito del libro, ya sea por sus asistentes u otros líderes de la iglesia.
¿Qué deberíamos hacer con el segundo argumento de que las palabras “tercera persona” no estaban en mayúscula en las primeras impresiones? Como lo vimos en la Figura 1, la frase tampoco estaba en mayúsculas en la carta original. Una comparación entre las cartas de Elena de White y sus artículos y sus libros publicados indica que el estilo editorial, no el propósito teológico, gobernó el tema de si los pronombres que se refieren a la deidad deben estar en mayúsculas. Si se acepta el argumento de que el uso de minúsculas en la frase “tercera persona” muestra que Elena de White no le estaba atribuyendo la condición de deidad al Espíritu Santo, entonces uno tiene que explicar por qué, en esos mismos primeros escritos, el pronombre personal “He” [él] (refiriéndose al Espíritu Santo) está dos veces en mayúscula en el párrafo inmediatamente anterior (página 671:1 del inglés), y en otras parte del capítulo.
Figura 1: Carta 8, 1896, p. 1.
“Tres personas vivientes”
A continuación abordaremos una declaración significativa publicada en el libro El evangelismo. Este libro es una compilación publicada en 1946, una década antes del diálogo entre adventistas y evangélicos que trajeron como resultado Questions on Doctrine [Preguntas sobre doctrina]. No obstante, las dudas asociadas con este período han hecho que algunos lancen un halo de sospecha sobre esta clara declaración trinitaria:
“Hay tres personas vivientes en el trío celestial; en el nombre de estos tres grandes poderes –el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo– son bautizados los que reciben a Cristo mediante la fe, y esos poderes colaborarán con los súbditos obedientes del cielo en sus esfuerzos por vivir la nueva vida en Cristo”.[6]
Esta declaración, ¿representa fielmente lo que escribió Elena de White?
La Figura 3 es una copia escaneada de la portada de la fuente de la cita en El evangelismo: Special Testimonies [Testimonios especiales], Series B, N° 7. Es de particular interés señalar la nota de la parte inferior: “Publicado por el autor”. La Figura 4 es un escaneo de la página que contiene la sentencia clave. Así que sean cual fueren las “conspiraciones” que llevaron a la cita redactada en El evangelismo, no pudieron haberse originado entre los hermanos en la década de 1940. El pasaje aparece impreso en 1906, publicado por el autor: Elena de White. Al rastrear la fuente de este material, encontramos que viene del Manuscrito 21, de 1906, escrito en noviembre de 1905 y lleva la fecha de transcripción del 9 de enero de 1906.
La Figura 5 es un copia escaneada de la página 4 en la que aparece esta declaración clave. La sentencia es idéntica a lo que fue publicado en Series B, excepto que en la versión impresa el punto y coma que aparece después de la frase “trío celestial” fue reemplazado por una coma.
La Figura 6 es un copia escaneada de la primera página de este manuscrito, que muestra las interpolaciones manuscritas de Elena de White; evidencia de que ella revisó personalmente la copia mecanografiada. Así, vemos que lo que está publicado en El evangelismo es una reimpresión fiel de lo que está publicado en Series B que, a su vez, reproduce fielmente el manuscrito de Elena de White, que fue revisado por ella.
Figura 3: Special Testimonies [Testimonios especiales], Series B, N° 7 (1907), portada.
Figura 4: Special Testimonies [Testimonios especiales], Series B, N° 7 (1907), p. 63.
Figura 5: Manuscrito 21, 1906, p. 4.
Figura 6: Manuscrito 21, 1906, p. 1, que muestra las interpolaciones manuscritas de Elena de White.
Sin embargo, podemos avanzar un paso más en esta instancia. La Figura 7 es la copia escaneada de una página del diario personal de Elena de White donde se encuentra el borrador manuscrito sin editar del Manuscrito 21 de 1906. Esto es lo que fue transcripto por los secretarios de Elena de White. El pasaje clave, tal como fue escrito originalmente por Elena de White, dice: “Estas son las tres personas vivientes del trío celestial en el que cada alma que se arrepiente de sus pecados, que recibe a Cristo por medio de una fe viva, es bautizada en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo...”.
Figura 7: Fragmento del borrador manuscrito del Manuscrito 21, 1906.
Ahora, nos enfrentamos con una pregunta interesante. Más allá de las mejoras gramaticales de rutina que los asistentes de Elena de White estaban instruidos a hacer cuando transcribían sus primeros borradores manuscritos, ¿qué debemos hacer con el cambio de “tres personas” a “tres personalidades”? Esta es una evidencia, argumentan los promotores del antitrinitarismo, de que Elena de White estaba haciendo una distinción entre “personalidades” y “personas”, tal como aparece escrito finalmente en el manuscrito transcripto. ¿Deberíamos leer algo significativo en este cambio de “personas” a “personalidades”?
Un estudio detallado del uso que Elena de White hace de estos términos está más allá de los parámetros de nuestro interés en esta investigación, pero será suficiente con decir que, como su primera definición, el diccionario Webster define “personalidad” como “la cualidad o estado de ser una persona”; y en su uso teológico, “cualidad o estado de consistir de diferentes personas, dicho de la Divinidad”[7]. Mi propio estudio del uso de Elena de White es que ella utiliza estos dos términos de manera intercambiable, por lo que no hay dudas de por qué ella quedó totalmente satisfecha con la redacción final de la transcripción, tal como lo vemos en la Figura 5 y la Figura 6.
Es más, si al escribir “tres personalidades” Elena de White quiso evitar referirse a las tres personas de la Divinidad, estamos obligados a explicar por qué ella escribió claramente “tres personas” en un documento anterior, el Manuscrito 57, de 1900, publicado en el Comentario bíblico adventista:
“La obra es trazada frente a cada alma que ha confesado su fe en Jesucristo mediante el bautismo, y se ha convertido en un receptáculo de la promesa que procede de las tres personas de la divinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”.[8]
La Figura 8 es la copia escaneada de este manuscrito y, como en los ejemplos anteriores, somos afortunados de tener el borrador manuscrito original que fue transcripto por los secretarios de Elena de White. Como lo vemos en la Figura 9, no hay dudas de que Elena de White escribió “las tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”.
Figura 8: Fragmento del Manuscrito 57, 1900.
Figura 9: Fragmento del borrador manuscrito del Manuscrito 57, 1900
El uso de Elena de White de “tercera persona” y “tres personas en el trío celestial” indica claramente su creencia en que no solo hay tres seres en la Divinidad, sino que son “personas”. Otra declaración publicada en El evangelismo lo dice sin ambigüedades:
“El Espíritu Santo es una persona, porque testifica en nuestros espíritus que somos hijos de Dios”.[9]
Nuevamente, se nos pregunta: ¿Qué es lo que Elena de White realmente escribió?
La Figura 10 es la copia escaneada de la fuente citada en El evangelismo: Manuscrito 20, 1906, p. 9. No solamente tenemos la aprobación de Elena de White en la parte superior de la primera página de este manuscrito (“He leído cuidadosamente esto y lo he aceptado” [Figura 11]), sino que también tenemos el borrador manuscrito original que fue transcripto por sus secretarias. La Figura 12 es una copia escaneada de la sentencia clave: “El Espíritu Santo es una persona, porque testifica en nuestros espíritus...”
Pero, dicen los promotores del antitrinitarismo, el Padre y el Hijo son personas. “La referencia no dice: 
'El Espíritu Santo es una persona separada y distinta de Dios el Padre”.[10] No, esta referencia no lo dice. Pero Elena de White tiene más que decir acerca de este asunto en otro lugar. El Manuscrito 93 de 1893 dice:
“El Espíritu Santo es el Consolador, en nombre de Cristo. Personifica a Cristo, pero es una persona distinta”.[11]
La Figura 13 es una copia escaneada del borrador manuscrito original de Elena de White, que respalda la transcripción. El Manuscrito 27a, de 1900, agrega esta descripción:
“El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, poderes infinitos y omniscientes, reciben a aquellos que verdaderamente entran en la relación de pacto con Dios”.[12]
Note cómo los atributos de la deidad son aplicados a cada persona. Esto es seguido por la siguiente declaración:
“Tres agentes distintos, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, trabajan juntos por los seres humanos”.[13]
El manuscrito original de este Manuscrito no se ha conservado, pero la transcripción no solo lleva la firma de Elena de White, sino también tiene sus interpolaciones, como se ve en la Figura 14 y la Figura 15.
Figura 12: Fragmento del borrador manuscrito del Manuscrito 20, 1906
Figura 13: Original manuscrito del Manuscrito 93, 1893
Figura 14: Manuscrito 27a, 1900, p. 7
Figura 15: Manuscrito 27a, 1900, p. 8, que muestra la firma de Elena de White
El Espíritu Santo, ¿es el representante de Cristo o Cristo mismo?
Con las declaraciones inequívocas acerca del “trío celestial” en mente, examinemos otro pasaje relacionado con la naturaleza del Espíritu Santo que los promotores del antitrinitarismo usan para apoyar su posición. Aparece en las páginas 622, 623 de El Deseado de todas las gentes:
El Espíritu Santo es el representante de Cristo, pero despojado de la personalidad humana e independiente de ella. Estorbado por la humanidad, Cristo no podía estar en todo lugar personalmente. Por lo tanto, convenía a sus discípulos que fuese al Padre y enviase el Espíritu como su sucesor en la tierra. Nadie podría entonces tener ventaja por su situación o su contacto personal con Cristo. Por el Espíritu, el Salvador sería accesible a todos. En este sentido, estaría más cerca de ellos que si no hubiese ascendido a lo alto.
El tema de este pasaje es la presencia de Cristo a través de su representante: el Espíritu Santo. La distinción personal entre Cristo y el Espíritu Santo está expresada cuidadosamente en el texto, pero los promotores del antitrinitarismo señalan el manuscrito que es la fuente de este pasaje. Lo encontramos en una carta a Edson White y su esposa, fechada el 18 de febrero de 1895.[14]
¿Qué decía en la carta original? “Estorbado por la humanidad, Cristo no podía estar en todo lugar personalmente; por lo tanto, les convenía que los dejara y fuese a su Padre, y enviase el Espíritu como su sucesor en la tierra. El Espíritu Santo es él mismo, pero despojado de la personalidad de la humanidad e independiente de ella. Se representaría como presente en todos los lugares por su Espíritu Santo, como el Omnipresente”.[15]
Lo que tiene una importancia especial para los no trinitarios es que donde El Deseado de todas las gentes dice “el Espíritu Santo es el representante de Cristo”, la carta original dice “El Espíritu Santo es él mismo”.
Hasta donde se sabe, el manuscrito original no se ha conservado, pero sí la carta transcripta por los secretarios de Elena de White que lleva su firma y otras interpolaciones, que dan a entender su aprobación de la carta. Vea la Figura 16.
La formulación de la carta original, ¿establece que Elena de White creía que el Espíritu Santo y Cristo no eran personas diferentes? Ya hemos visto varias declaraciones de Elena de White que afirman que hay “tres personas” en la Divinidad, y que el Espíritu Santo es una “persona distinta”. Dado que estas declaraciones preceden y siguen cronológicamente a la escritura de esta carta, la coherencia nos llevaría a esperar que ella no está interponiendo una nueva comprensión del Espíritu en este pasaje. Es más, encontramos el mismo lenguaje de “representación”usado en esta carta que el que encontramos en El Deseado de todas las gentes. El párrafo de la carta donde aparece esta sentencia comienza con la declaración: “Aunque nuestro Señor ascendió de la tierra hacia el cielo, el Espíritu Santo fue señalado como su representante entre los hombres”.
Elena de White explica más adelante el significado de sus palabras “el Espíritu Santo es él mismo” al agregar que “Cristo se representaría como presente en todos los lugares por su Espíritu Santo”. En la misteriosa unión que existe entre los miembros de la Divinidad, la presencia del Espíritu Santo es sinónimo de la presencia personal de Jesús, aunque sus identidades diferentes son preservadas.
La misma idea se encuentra en otros pasajes de Elena de White, como:
“Cuando usted reciba a Jesús como su Salvador personal habrá un cambio marcado en usted; se convertirá, y el Señor Jesús por medio de su Espíritu Santo estará junto a usted”.[16]
“Testifico ante mis hermanos y hermanas que la iglesia de Cristo, por debilitada y defectuosa que sea, es el único objeto en la tierra al cual él concede su suprema consideración. Mientras el Señor extiende a todo el mundo su invitación de venir a él y ser salvo [...] él se manifiesta personalmente a través de su Espíritu Santo en medio de su iglesia”.[17]
¿Cómo damos cuenta del cambio en la formulación de la frase en El Deseado de todas las gentes? Tenemos solo la carta de 1895, no los borradores de trabajo del capítulo terminado, lo que nos lleva a concluir que lo que fue publicado en 1898 representa la lectura editada aprobada por el autor.[18] El lenguaje adoptado por Elena de White en El Deseado de todas las gentes ayuda al lector a evitar una interpretación errónea que surge cuando la sentencia, tal como fue construida originalmente, es aislada de todo el párrafo de su contexto original.
CONCLUSIÓN 
En conclusión, no podemos acercarnos al tema de la Divinidad sin reconocer las limitaciones de la concepción y el lenguaje humanos. Una cosa es examinar lo que un autor inspirado ha escrito, y otra muy diferente es decir que lo hemos comprendido completamente. No obstante, nuestro interés en esta investigación no ha sido el misterio de la Divinidad, sino la confiabilidad de ciertas declaraciones descriptivas encontradas en los libros de Elena de White. Hemos encontrado que los manuscritos originales, las transcripciones aprobadas por ella y/o las primeras ediciones de sus obras publicadas apoyan las expresiones trinitarias que se encuentran hoy en sus escritos.
-Tim Poirier | Secretario asociado del Centro de Investigaciones White (Traducción de Marcos Blanco)

Referencias
[1]. Por ejemplo, ver Rachel Cory-Kuehl, The Persons of God (n.p.:Aggelia Publications,1996), pp. 159-188.
[2]. www.creation-seventh-day-adventist- church.org/Binary/Essays/ePioneer.html (ingresado el 14 de noviembre de 2005).
[3]. Cory-Kuehl, pp. 187, 177.
[4]. Para El Deseado de todas las gentes, este proceso es descripto en Arthur L. White, Ellen G. White: The Australian Years, 1891-1900 (Hagerstown, MD: Review and Herald, 1983), capítulo 32, y en mayor detalle en Robert W. Olson, How the Desire of Ages Was Written (Washington, DC: Ellen G. White State, 1979), y Fred Veltman, Full Report of the Life of Christ Research Project (n.p.: Life of Christ Research Project Review Committee, 1988).
[5]. Elena de White, Letter 8, 1896.
[6]. Elena de White, El evangelismo (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1978), p. 445, de Special Testimonies, Series B, N° 7, publicado en 1906.
[7]. Merrian-Webster’s Collegiate Dictionary, 11th Edition (Springfield, MA: Merrian- Webster, 2003); Webster’s New International Dictionary, 2nd Edition, Unabridged (Springfield, MA: G. & C. Merrian, 1954).
[8]. Elena de White, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1074, énfasis agregado.
[9]. El evangelismo, p. 447.
[10]. Cory-Kuehl, p. 177.
[11]. Elena de White, Manuscrito 93, 1893, publicado en Manuscript Releases, vol. 20, pp. 323-325, énfasis añadido.
[12]. Elena de White, Manuscrito 27a, 1900, publicado en Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1075, énfasis añadido.
[13]. Elena de White, Manuscrito 27a, 1900, p. 7. Esta porción no fue publicada en el Comentario bíblico adventista.
[14]. Elena de White, Letter 119, 1895.
[15]. Publicado en Manuscript Releases, vol. 14, p. 93.
[16]. Elena de White, Manuscrito 13, 1897, publicado en Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 128.
[17]. Elena de White, Letter 2d, 1892, publicado en Testimonios para los ministros, p. 11.
[18]. Contra los que afirman que el texto publicado no refleja las enseñanzas de Elena de White se encuentra el hecho de que el texto permaneció sin ser cambiado por ella durante los 17 años anteriores a su muerte, y que el pasaje fue repetido en un artículo que ella misma proveyó para las Lecturas de la Semana de Oración [Week of Prayer Readings] publicadas en la Review and Herald, 9 de noviembre de 1908.

Helmut Kramer - El Movimiento Reformista: Comentarios y datos históricos

En algún momento nos hemos encontrado con los "Adventistas del Séptimo Día del Movimiento Reforma" y la pregunta básica es, ¿en qué se diferencian de los Adventistas del Séptimo Día? Podemos a simple vista decir que en la vestimenta, en la comida, etc. Sin embargo, teológicamente hablando, habrá algunas diferencias.
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Pr. Heyssen J. Cordero Maraví

Restaurando la verdadera adoración por Heyssen J. Cordero


La primera expresión explícita de adoración en la Biblia se encuentra en las ofrendas de Caín y Abel:“Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no se agradó de Caín y de su ofrenda”(Gn 4:4,5); y la última referencia es el mandato del ángel:“¡Adora a Dios!”(Ap 22:9). No hay duda, entonces, que la adoración es relevante a la luz de la Biblia, y en el seno del cristianismo es tema de constantes discusiones y divisiones; y no es para menos, pues la adoración se encuentra en el corazón de cualquier actividad religiosa y es un asunto divisorio por una sencilla razón: La adoración es el problema central del Gran Conflicto entre el bien y el mal. Este es en expreso la diferencia más marcada al abordar el tema de la adoración entre el cristianismo en general y los adventistas del séptimo día en particular. Para los primeros, este asunto es relevante y serio, pero como un problema sociocultural influenciado por las corrientes de moda; no obstante, para los adventistas del séptimo día, el tema de la adoración es trascendental y debe ser visto en el marco del Gran Conflicto.

Uno de los ejemplos más explícitos de adoración verdadera en contraposición de la falsa, se observa en una de las más sangrientas escenas bíblicas, en 1 Reyes 18. Los involucrados, tal como expresa el texto, son: (1) Elías (adorador de YHWH), (2) Los profetas y profetisas (adoradores de Baal y Asera), (3) un pueblo a la expectativa (testigos) y (4) dos dioses que deben demostrar su poder respondiendo a sus adoradores (YHWH y Baal), ambos contendiendo por la lealtad de Israel. Es un asunto de gran importancia por su alcance en el Gran Conflicto. El meollo del asunto es demostrar quién es Dios realmente:


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