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martes, 22 de octubre de 2013

¿Qué sucedió el 22 de Octubre de 1844?


Un día como hoy 22 de Octubre, pero de 1844, sucedió lo que se conoce como “El Gran Chasco”. Muchos cristianos de esa época, que incluía a bautistas, presbiterianos, metodistas, luteranos, anglicanos, episcopales, congregacionalistas y discípulos de Cristo , creían en el segundo advenimiento, y pensaron que ese día Jesús regresaría a la tierra para buscar a sus hijos. Pero Jesús no llegó. Con el aliento casi suspendido, los adventistas (creyentes en el segundo advenimiento de Jesús) de diferentes deno
minaciones (Vale la pena aclarar que no nos referimos aquí a los Adventistas como Iglesia, pues todavía no existía como organización, ésta sucedió hasta 1863), “…no menos de 50,000 y probablemente cerca de los 100,000 esparcidos a lo largo de la sección noreste de Norteamérica, se levantaron para saludar aquel día memorable, el martes 22 de Octubre de 1844. Las horas de la mañana pasaron lentamente. Llegó el medio día y luego la tarde. Finalmente las tinieblas descendieron sobre la tierra y cayó la noche. Jesús no había venido. Pero todavía tenían esperanza, porque 22 de Octubre lo seguiría siendo hasta la medianoche. Finalmente llegó esa hora, y Jesús no vino” Hiram Edson, uno de los que esperaba que Jesús regresara en esa ocasión, describió su experiencia en estas palabras:
“Hasta que el reloj tocó las doce campanadas a medianoche. Entonces nuestro chasco se convirtió en una certeza…Nuestras más caras esperanzas y expectativas quedaron destrozadas, y se apoderó de nosotros un ansia de llorar como yo nunca había experimentado antes. Parecía que la pérdida de todos los amigos terrenales no podía compararse (a ese dolor). Lloramos y lloramos, hasta que amaneció.”

¡Qué dramática experiencia! ¿No? ¿Se imaginan cómo se habrán sentido? ¿Cómo enfrentar la vida? ¿Cómo enfrentar a sus vecinos, amigos, familiares y críticos? Ellos, que tanto estuvieron exhortando a los demás a creer y tomar una decisión por Cristo; ahora se encuentran con las manos vacías y “Sin Cristo” (aparentemente).

¿Cómo llegaron a la conclusión, los creyentes en el segundo advenimiento de aquel tiempo, que Jesús regresaría a la tierra el 22 de Octubre de 1844?
La profecía que parecía revelar con mayor claridad el tiempo del segundo advenimiento, era la de Daniel 8:14:”Hasta dos mil y trescientas tardes y mañanas; entonces el Santuario será purificado” (NRV-2000). Siguiendo el principio de que la Biblia fuera su propio intérprete, Miller, el pregonero del advenimiento, llegó a saber que un día en la profecía simbólica representa un año (Núm. 14:34; Ez. 4:6); vio que el período de los 2,300 días proféticos representaban años literales, y que se extendía mucho más allá de la era judaica y por lo tanto no podía referirse al Santuario de aquel entorno y época. Miller aceptaba la creencia general de que durante la era cristiana la tierra era el santuario y dedujo por consiguiente que la expresión: “el Santuario será purificado” de Daniel 8:14, representaba la purificación de la tierra. ¿Cómo se purifican las cosas incluyendo nuestro planeta? por el fuego, y ¿Cuándo sucederá eso? Pues en ocasión de la segunda venida de Cristo (Parafraseado).
Miller llegó a la conclusión de que si podía encontrar el punto de partida de los 2,300 días o años, sería fácil fijar el tiempo del segundo advenimiento de Cristo a la tierra.
Siguió escudriñando las Escrituras con mayor empeño que nunca pero no encontró en Daniel 8 la respuesta a su interrogante. Sin embargo descubrió que en la revelación del ángel a Daniel del capítulo 8 había algo que había quedado inconcluso y que Daniel mismo no había podido comprender de la visión por lo que había quedado “sin fuerzas” y “enfermo algunos días” (Dan. 8: 26,27). Entonces fue al capítulo 9 de Daniel y encontró que el ángel Gabriel vuelve a Daniel para darle la explicación de la visión de los 2,300 días o años del capítulo anterior (es decir, del cap. 8) que no había comprendido. El ángel le dice a Daniel: “Daniel, ahora he salido para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus ruegos fue dada la orden, y yo he venido para enseñártela, porque tú eres muy amado. Entiende, pues, la orden, y entiende la visión (se refiere a la visión del capítulo 8 de los 2,300 días)” (esto lo encontramos en Dan. 9:22-23).
El ángel le dice a Daniel: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad…sabe pues y entiende que desde la salida de la orden para restaurar y edificar Jerusalén hasta el Mesías príncipe, habrá siete semanas y sesenta y dos semanas; tornaráse a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí…Y en otra semana confirmará el pacto a muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda” (Dan. 9: 24-27).
La palabra traducida aquí por “determinadas”, significa literalmente “Descontadas” o “cortadas”. El ángel declara que las 70 semanas o 490 años, debían ser descontadas por pertenecer especialmente a los judíos. Pero, ¿descontadas de qué o de dónde? Miller comprendió que el único punto de referencia eran los 2,300 días o años de Daniel 8:14; por lo tanto las 70 semanas deben ser descontadas de los 2,300 días o años y que ambos períodos deben comenzar juntos. El ángel le había declarado a Daniel que las 70 semanas debían comenzar a contarse desde el momento en que se diera el edicto para reedificar a Jerusalén; por lo tanto concluyó que si se podía fechar el inicio de ese edicto, sería fácil llegar al fin de las 70 semanas y por consiguiente de los 2,300 días o años. Al hacerlo, se podría saber la fecha de la purificación del santuario (tierra) o segunda venida de Cristo.
Basado en Esdras 6: 14; 7: 12 – 26, encontró que de los tres intentos de decretos para la restauración de Jerusalén (Ciro, Darío y Artajerjes), el de Artajerjes fue cuando finalmente fue completado. Éste, sucedió en el otoño del 457 a.C. Por lo tanto, tomando esa fecha de partida, las 70 semanas o 490 años llevan al otoño del año 34 d.C.

Veamos las cuentas: 
2, 300 días = realmente son = 2 300 años.

Las 70 semanas en realidad son = 490 años. (1 semana tiene 7 días y si lo multiplicamos por las 70 semanas: 7 X 70 = 490)

Estos 490 años estaban cortados o descontados de la profecía mayor, es decir los 2, 300 años, por lo tanto lo que Miller hizo fue: Partiendo del año 457 a.C. sumó 490 años (de las 70 semanas) le llevaron al año 33 d.C.

    457 a. C.           2 300años             año 33 d.C.
+ 490 años             - 490 años           + 1810 años
  = 33 d. C. año     1,810 año                1843 d.C.


Al descontar los 490 años (de las 70 semanas) de la profecía mayor, (la de los 2,300 días o años) quedaban 1,810 años. Al seguir contando, partiendo del año 33, los 1,810 años le llevaron a 1843. Por lo tanto Miller concluyó que Jesús purificaría la tierra en otoño de 1843. Cuando la fecha pasó, Miller expresó su decepción de que Cristo no había venido, pero instó a los creyentes a seguir aguardando la pronta venida del Señor. En Febrero de 1844 un grupo de predicadores adventistas, que no incluía a Miller, concluyó que la profecía no terminaría sino hasta el otoño de 1844. Llegaron a esa conclusión porque notaron que Miller había contado el año cero; es decir, en la era antes de Cristo, los años se contaban de manera decreciente: 5, 4, 3, 2, 1 a.C. al pasar a la era cristiana Miller contó un año cero y luego continuó 1, 2, 3, 4, 5 d.C. por eso le llevó al año 1843. Pero el grupo de adventistas pasaron del año 1 a.C. al año 1 d.C. y los llevó al año 1844.

    457 a. C.            2 300años            año 34 d.C.
+ 490 años          - 490 años          + 1810 años
  = 34 d. C. año    1,810 año               1844 d.C.

El 22 de Octubre se calculó sobre la base de la fecha para el día de expiación judío, en el séptimo mes del calendario judío Karaíta. La fecha del 22 de Octubre se aceptó lentamente; Miller mismo decidió que el 22 de Octubre de 1844 era la fecha correcta apenas dos semanas antes del día decisivo.
Hacia una comprensión más completa del Ministerio de Cristo
El cálculo había sido correcto, la profecía era clara y el cómputo exacto; ¿Cuál pues había sido el error? el problema fue en la interpretación de qué significaba el santuario y qué acontecimiento sucedería al fin de ese período profético, es decir, qué significaba la expresión: “el santuario será purificado”.
Como resultado de la decepción pasada, muchos abandonaron el estudio de la Biblia y su fe, pero otros decidieron en oración, seguir estudiando el significado de esta profecía y el ministerio de Cristo a favor de la humanidad. Los esfuerzos fueron recompensados con una mejor comprensión del ministerio de Cristo en el santuario celestial y su decepción fue transformada en esperanza y gozo.
El 23 de Octubre de 1844, Hiram Edson y un amigo millerita decidieron animar a quienes, como ellos, se habían chasqueado. Mientras cruzaban el maizal de Edson después de orar juntos, Edson tuvo una iluminación en forma repentina. “Le pareció que una mano le tocaba el hombro. Alzó los ojos y vio, como en una visión, los cielos abiertos y a Cristo en el santuario entrando en el lugar santísimo para comenzar su ministerio de intercesión a favor de su pueblo, en vez de salir del santuario para purificar el mundo por fuego.” Los milleristas habían pensado que el Santuario que debía ser purificado (Dan. 8:14) era la iglesia en la tierra, la que sería purificada del pecado en la segunda venida de Cristo. Ahora Edson comprendió que el Santuario que debía ser purificado no estaba en la tierra sino en el cielo; el 22 de Octubre marcaba el comienzo, no el fin, del día antitípico de expiación. Jesús había entrado en el lugar santísimo del Santuario celestial para realizar una obra especial antes de venir a esta tierra. El Santuario era el cielo no la tierra.
Edson y sus amigos milleritas reexaminaron las Escrituras guiados por esta convicción. En 1845 Owen R.L. Crosier elaboró el punto de vista de Edson, articulando más tarde la posición adoptada por los Adventistas del Séptimo Día. El 22 de octubre marcó el comienzo de la purificación del Santuario celestial y la iniciación del juicio investigador previo al advenimiento; la segunda venida de Cristo a la tierra estaba en el futuro. Encontraron además que no se debía fijar ninguna fecha específica para ello.
¿Por qué debe realizarse un juicio investigador anterior al advenimiento?
Este juicio no es para beneficio de la Dios. Es primariamente para beneficio del universo, puesto que refuta las acusaciones de Satanás y provee para la creación no caída la seguridad de que Dios permitirá entrar en su reino únicamente a los que estén verdaderamente convertidos. De modo que abre los libros de registro para una inspección imparcial (Dan. 7, 9,10)
Los seres humanos pertenecen a una de estas tres clases: (1) los malvados, que rechazan la autoridad de Dios, (2) los creyentes genuinos, que confiando en los méritos de Cristo por la fe viven en obediencia a la ley de Dios, y (3) los que parecen creyentes genuinos pero no los son.
Los seres no caídos pueden distinguir fácilmente quienes pertenecen a la primera clase. Pero, ¿quién es un verdadero creyente y quién no lo es? Ambos grupos están escritos en el libro de la vida, que contiene los nombres de todos los que alguna vez han pasado a estar al servicio de Dios (Luc. 10: 20; Fil. 4: 3; Dan. 12: 1; Apoc. 21: 27). La misma iglesia contiene el trigo y la cizaña (Mat. 13: 28-30).
Los seres no caídos de la creación no son omniscientes; no pueden leer el corazón. Por eso se necesita un juicio – antes de la segunda venida de Cristo – para separar lo verdadero de lo falso y demostrar al universo interesado, la justicia de Dios que salva al creyente sincero. Requiere que se abran los libros de registro y que se revele la verdadera naturaleza de los que han profesado fe y cuyos nombres han sido entrados en el libro de la vida.
El día 22 de Octubre que se conoce como “El Gran Chasco”, aunque fue una experiencia difícil para los pioneros adventistas, en realidad fue el inicio de la comprensión de una gran noticia y esperanza: El inicio del Juicio investigador. El juicio de un Dios justo y bueno a favor de todos aquellos que han aceptado a Jesús como su Salvador. El llamado es: “Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Ap. 14: 7). El mensaje que como iglesia predicamos, tiene como centro el mensaje de los tres ángeles. Una predicación que proclama un mensaje de esperanza y amor. Mensaje que es un llamado a adorar a Dios y vivir de tal manera que podamos dar gloria a Dios con nuestro estilo de vida siempre. Mensaje que exalta una entrega diaria al Dios Triuno, creador del cielo, la tierra y todo cuanto existe.
Los adventistas aprendieron la amarga pero correcta posición no establecer fechas para la venida de Cristo, sino estar preparados siempre para su retorno. Entendieron también, que la profecía tenía que ver con el cielo y no con la tierra. Comprendieron el valor del estudio profundo y sincero de las Escrituras y la sensibilidad a escuchar y obedecer las indicaciones de Dios. ¡Que podamos nosotros también aprender lo mismo!

martes, 5 de marzo de 2013

El Santuario: Reloj profético

En Hebreos 8:1, 2 dice que Cristo es ministro del santuario “que erigió el Señor y no el hombre.” El versículo cinco dice que el santuario del desierto servía de figura y sombra de las cosas celestiales. Una comprensión del santuario de Moisés y sus servicios debe ayudarnos a comprender la función de nuestro sumo sacerdote celestial.
 
 
El santuario de Moisés tuvo tres divisiones: atrio, lugar santo y lugar santísimo. El atrio representa la obra de Jesús en la tierra como Mesías. En 1 Juan 5:6 dice que Jesús “vino mediante agua y sangre.” Esto es una clara alusión al atrio del santuario del desierto. En el atrio había dos muebles: el altar de sacrificios, hecho de madera de acacia recubierta de bronce (Ex 37:10-16; 38:1,2) y el lavacro, hecho con los espejos de bronce de las mujeres (Ex. 38:8). El bronce nos habla de la humanidad de Jesús. En el lavacro se representa el inicio de la obra del Mesías. Jesús fue bautizado en el rio Jordán (Mt. 3:13) y derramó su sangre en el monte Calvario (Mt. 27:33). “Agua y sangre” marcan el inicio y culminación del ministerio de Jesús como Mesías en la tierra. El atrio prefiguraba la obra de Jesús en la tierra durante su primera venida.
 
El lugar santo seguía al atrio en ubicación. Allí había tres muebles: el candelabro de oro puro (Ex. 37:17), el altar de incienso hecho de madera de acacia y recubierto en oro (Ex. 37:25) y la mesa de los panes de la presencia (Ex. 25:23-30). El oro nos habla de la divinidad de Jesús. El lugar santo era el recinto de la intercesión. Desde allí el sacerdote intercedía por el pueblo ante Dios diariamente. Los sacerdotes entraban al lugar santo diariamente para “cumplir los oficios del culto” (Hebreos 9:6). El incienso se asociaba con las oraciones a Dios y el ministerio frente al altar del incienso (Ex. 30:1; Sal. 141:2; Ap. 5:8). El altar del incienso prefiguraba la intercesión de Jesús en el lugar santo del santuario celestial luego de su ascensión.
 
En Apocalipsis se presenta a Jesús ministrando en el lugar santo inmediatamente después de su ascensión (Ap. 1:12,13; 5:5-8; 8:3-5; 9:13). Bajo la sexta trompeta todavía se ubica a Cristo ministrando en el lugar santo del santuario celestial.
En el lugar santísimo había un mueble: el arca del pacto, hecha de madera de acacia recubierta de oro puro, con sus dos querubines de oro y que contenía las tablas de piedra: los diez mandamientos. (Ex. 25:10-16; 37:1-9). Mientras que en el lugar santo el altar del incienso se asociaba con intercesión, el arca del pacto con los diez mandamientos se asocia con juicio, justicia y vindicación. En este recinto solamente entraba el sumo sacerdote una vez al año, el día de la expiación (Ex. 30:10; Lv. 16:2). El servicio del día de la expiación marcaba la culminación de los servicios en el santuario. El objetivo de la purificación o vindicación del santuario se lograba ese día. El lugar santísimo prefigura la obra de juicio y vindicación realizada en el santuario de celestial por Jesús (Dn.7:26; 8:14; Heb.9:23; Ap. 19:1,2).
 
Bajo la séptima trompeta, se muestra el arca de su pacto (Ap.11:19), lo que claramente es una alusión al lugar santísimo. Ha ocurrido un movimiento de un recinto a otro. Es la mudanza que se menciona en Daniel 7:7-13 y la venida del Señor al templo en Malaquías 3:1,2.
 
El santuario es un reloj profético que nos muestra el desarrollo del proceso de la expiación desde la encarnación del Hijo de Dios, hasta la vindicación final del carácter de Dios a través de la obra de nuestro sumo sacerdote en el santuario celestial. Por lo tanto, es un error pasar por alto este orden de eventos. Aquellos que ubican a Jesús en el lugar santísimo del santuario celestial luego de su ascensión, pasan por alto el orden de los eventos prefigurados en el santuario del desierto.
 
Rafael Montesinos
Máster en Religión de la Universidad de Andrews

Fuente: MIA

 

martes, 20 de noviembre de 2012

El Santuario


       
Con referencia al santuario, Levítico 16,19 dice que el sacerdote “lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel”
¿Cómo podían contaminar el santuario los hijos de Israel siendo que al pueblo ni siquiera se le permitía entrar en sus recintos? Aunque ellos no podían entrar al santuario, los sacerdotes “llevaban” sus pecados hasta él en la sangre de los animales. El sacerdote depositaba los pecados simbolizados por la sangre “contaminada”, dentro del santuario. Una vez al año, sin embargo, los pecados acumulados eran transferidos nuevamente; pero esta vez para ser eliminados del santuario. Mediante este servicio, el santuario era “purificado”. Los pecados eran completamente desterrados del campamento, lo cual era una sombra de la manera en que Dios se propone extirpar los pecados del universo.
            “Y además de esto, [Moisés] roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales [el santuario terrenal] fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que éstos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Hebreos 9:21-24).
 El contexto de Daniel 8:14 (“Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”) indica que puede referirse únicamente al santuario celestial y al proceso de purificación que  en él se llevaba a cabo al tiempo señalado.
¿Por qué necesitaba ser purificado el santuario celestial? A causa de nuestros pecados que habían sido llevados hasta allí. Bajo el nuevo pacto, inaugurado a la muerte de Jesús, el pecado es transferido del pecador a Jesús –primero como sacrificio (Cordero), luego como Sumo Sacerdote– y finalmente es depositado en el santuario celestial, razón por la cual éste necesita ser purificado.
No obstante, llegará el tiempo cuando Jesús dejará de ser nuestro Sumo Sacerdote que ministra en el santuario celestial. Entonces, cuando regrese por segunda vez, lo hará “sin pecado” (Hebreos 9:28). Después que el santuario es purificado y los pecados son transferidos sobre Satanás (véase más abajo), Jesús no los lleva más sobre sí, como Sumo Sacerdote. De la misma manera, en el servicio del Antiguo Testamento el sumo sacerdote tampoco llevaba los pecados sobre sí después que el santuario terrenal era purificado y aquéllos transferidos al macho cabrío emisario.
Varios pasajes del libro de Levítico se refieren al pecador que llevaba al santuario un animal para sacrificarlo con el fin de que “el sacerdote [hiciera]... expiación por su pecado”. Esta frase se repite a través de todo el libro. Las personas necesitaban expiación porque habían pecado. Mediante el sistema sacrificial se había provisto .una forma de separarlos de sus pecados y concederles el perdón. Podemos comprender que los pecadores necesitan que se haga expiación por ellos.
Sin embargo, ¿qué significa Levítico 16:15, 16? “Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario” (la cursiva es nuestra).
¿Expiación por el lugar santo? La gente peca. Las personas quebrantan la ley. La gente necesita expiación. ¿Pero un edificio? ¿Por qué un edificio, una estructura inanimada, habría de necesitar expiación?
*          “Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados” (Levítico 16:16).
¿Por qué necesita purificación el santuario? A causa de todas las transgresiones de los hijos Israel, que los sacerdotes traían a él día tras día. Los pecados eran quitados del pecador y depositados en el santuario (recuerde la ilustración del virus). Del mismo modo, como el pecado contaminaba al pecador también mancillaba el santuario cuando era depositado allí por medio de la sangre. “El hecho de que durante el Día de la Expiación el santuario fuera purificado de todos lo pecados del pueblo de Israel –escribe el erudito Ángel M. Rodríguez–, sugiere que los pecados del pueblo habían sido transferidos, mediante el sacerdote, al santuario”.
Una vez al año, en el Día de la Expiación el mismo santuario debía ser purificado. Así como la expiación que se hacía en favor de un pecador involucraba la remoción del pecado de la persona misma, también la expiación por el santuario involucraba la eliminación del pecado del edificio
El proceso del santuario contemplaba dos aspectos especiales: El ministerio en el primer departamento, que era un procedimiento diario, continuo, mediante el cual el pecado era transferido al santuario; y el ministerio en el segundo departamento, el día de la expiación, que desalojaba el pecado de allí. El Día de la Expiación -que en el pensamiento judío es el día del juicio (también conocido como el “día de las purificaciones”)– los animales eran sacrificados y su sangre llevada al santuario, como durante el ritual cotidiano Pero había diferencias cruciales entre los rituales de Día de la Expiación y los sacrificios diarios. En primer lugar, este día es especial anual la sangre era llevada al segundo departamento, el lugar santísimo, y se asperjaba delante del propiciatorio, que estaba detrás del segundo velo. Ese era el único momento del año en que se introducía la sangre hasta allí.
Una segunda diferencia, destacada tanto por eruditos adventistas como por no adventistas, surge de hecho de que en ninguna parte se menciona que durante el Día de la Expiación alguien colocara las manos sobre la cabeza del macho cabrío del sacrificio
No se hace ninguna referencia a confesión alguna de pecados sobre él.
*          “Degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados” (Levítico 16:15, 16).
En otras palabras, la sangre introducida en el lugar santísimo para hacer propiciación por el santuario no contenía pecado, como en el caso de la sangre de los sacrificios diarios. En un sentido, era “sangre limpia”. Se ha sugerido que esta “sangre limpia” recibía todos los pecados acumulados en el santuario durante el año. Volviendo a la analogía del virus, un frasco limpio y vacío (la sangre limpia) era llevado al almacén (el santuario), donde ahora se colocaba el virus (el pecado) para ser llevado afuera, “purificando” así el santuario. “Los ritos cotidianos transferían el pecado y la impureza al santuario –escribe el erudito Alberto Treiyer–, y el rito anual (Día de la Expiación) transportaba este depósito fuera del santuario”.
Como parte del ritual del Día de la Expiación, después que se había hecho la purificación del santuario mediante la sangre “limpia” del chivo sacrificado (recuerde que la expiación involucra la transferencia del pecado), un segundo macho cabrío era introducido en el servicios sumo sacerdote pondrá sus “dos manos –ensangrentadas por haber asperjado la sangre– sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por manos de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada” (Levítico 16:21, 22).
La secuencia es clara: el pecado era transferido del pecador al animal mediante la confesión y la imposición de las manos. Entonces el animal era sacrificado, y el sacerdote, mediante la sangre contaminada, depositaba el pecado en el santuario. El Día de la Expiación, el sacerdote llevaba sangre limpia al santuario, la cual recibía todos los pecados (transformándose así en sangre cargada de pecado), y entonces éstos eran colocados sobre la cabeza del macho cabrío vivo, que a su vez era enviado al desierto. Mediante este procedimiento, que comenzaba con el pecador, el pecado era conducido fuera del campamento, con la resultante purificación del santuario, el campamento y el pueblo.
Los detalles de estos ritos pueden sufrir mucha elaboración (y especulación). Lo que más debe interesarnos aquí es la transferencia del pecado. En el servicio del santuario, el pecado no se desvanecía simplemente. No era sólo cuestión de que fuese perdonado y luego olvidado. En lugar de ello, el Señor desarrolló un elaborado ritual, simbólico del procedimiento mediante el cual el pecado es realmente eliminado.
*          “Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por la sangre de ésta se transferían figurativa-mente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario celestial. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando los pecados registrados en el cielo”.
La purificación del pecado en el templo terrenal no era sino una ilustración de la purificación del pecado en el santuario celestial: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado” (Daniel 8, 13). “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales [el santuario celestial] fuesen purificadas así” (Hebreos 9:23). En el santuario terrenal, esta purificación era simbolizada mediante la remoción del pecado; en el celestial, el registro de los pecados será borrado. “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). Los resultados, ya sea en símbolo (terrenal) o en realidad (el celestial) son los mismos: el santuario es purificado.
Por fin, ¿qué sucede con los pecados después que el registro de los mismos es borrado y eliminado del santuario? El pecado se deposita sobre el macho cabrío emisario quien, en el pensamiento judaico, representa al jefe de los ángeles rebeldes. Elena de White escribió:
*          “Se vio además que, mientras que el holocausto señalaba a Cristo como sacrificio, y el sumo sacerdote representaba a Cristo como mediador, el macho cabrío simbolizaba a Satanás, autor del pecado, sobre quien serán colocados finalmente los pecados de los verdaderamente arrepentidos. Cuando el sumo sacerdote, en virtud de la sangre del holocausto, quitaba los pecados del santuario, los ponía sobre la cabeza del macho cabrío para Azazel. Cuando Cristo, en virtud de su propia sangre, quite del santuario celestial los pecados de su pueblo al fin de su ministerio, los pondrá sobre Satanás, el cual en la consumación del juicio debe cargar con la pena final. El macho cabrío era enviado lejos a un lugar desierto, para no volver jamás a la congregación de Israel. Así también Satanás será desterrado para siempre de la presencia de Dios y de su pueblo, y será aniquilado en la destrucción final del pecado y de los pecadores".
En el sistema terrenal, el pecado era transferido del pecador al animal, al sacerdote, al santuario, al sacerdote nuevamente, y por fin al macho cabrío, que a su vez era llevado al desierto “por mano de un hombre destinado para esto”. (Aunque la Biblia no lo menciona, este hombre debía encontrarse en excelente condición física para conducir al macho cabrío tan lejos del campamento que no pudiera regresar nunca: un ejemplo de cuán lejos y permanentemente el Señor se propone alejar el pecado de su pueblo). En el verdadero servicio del santuario, simbolizado por el sistema terrenal, el pecado es transferido del pecador a Jesús como Cordero, a Jesús como Sacerdote, al santuario celestial y finalmente a Satanás, quien es desterrado de la presencia del pueblo de Dios, sólo para ser erradicado definitivamente junto con el pecado y los pecadores en el juicio final.
 El Señor pudo destruir a Satanás el mismo día en que éste se rebeló. En lugar de hacerlo, y en armonía con su carácter de amor, justicia y misericordia, el Señor escogió –a un costo infinito para sí mismo– eliminar el pecado de esta forma, un paso a la vez, ante el universo observador. En el santuario terrenal había ángeles bordados en las paredes del primer departamento; dos querubines de oro habían sido colocados en el lugar santísimo, la culminación del procedimiento expiatorio: Y todo esto no era sino un símbolo del interés que el universo manifiesta en el plan de salvación. Mediante un procedimiento abierto y ordenado, que incluía su muerte, y luego su ministerio sumo-sacerdotal en un santuario físico literal, el Señor contestará para siempre todos los interrogantes acerca de la gran controversia y el origen del mal. El santuario del cielo es literal, no porque Dios necesite que así sea, sino porque las inteligencias celestiales la necesitan para ver de que manera Dios trata con el pecado. Mediante una estructura física visible, Dios permite al universo observador que vea claramente cada paso en la solución del conflicto.
“En el ritual típico –escribe Ángel M. Rodríguez, el pecado confesado por el penitente y su responsabilidad eran transferidos al santuario mediante la victima sacrificial y el sacerdote. Se puede aseverar que por el momento el santuario asumía su culpa, y el pecador era perdonado, El día de la expiación el santuario era purificado, y así la posición de Dios (en el santuario) quedaba aclarada”.
Todavía quedan por contestarse otras preguntas importantes concernientes a todo este asunto de los ritos del santuario celestial. ¿Como afecta nuestras vidas el día de la expiación celestial? ¿Que significado tiene esto para nosotros en la actualidad? El capitulo que sigue se aboca a la investigación de estos asuntos porque lo que sucede en el santuario celestial es extremadamente relevante para los que se encuentran en la tierra y cuyos pecados están registrados allá.

 Clifford Goldstein
© Desequilibrio fatal, pp. 108-116



             
Agradecimientos a Recursos de Escuela Sabática

domingo, 1 de agosto de 2010

LOS 1290 Y LOS 1335 DÍAS DE DANIEL 12


La interpretación de los 1.290 y los 1.335 días de Daniel 12:11 y 12 respectivamente como 1.290 y 1.335 años se puede encontrar ya entre los expositores judíos del siglo VIII d. JC. Esa interpretación, que se basa en el principio del día-año (véase Núm. 14:34 y Eze. 4:6, 7), continuó siendo defendida por los seguidores de Joaquín de Fiore (1130-1202), como asimismo por varios otros expositores durante el período anterior a la Reforma y la Reforma misma, y fue incorporada a la tradición protestante posterior a ella.1

Guillermo Miller (1782-1849), por su parte, creía (1) que tanto los 1.290 como los 1.335 años habían comenzado en el año 508, cuando Clodoveo obtuvo su victoria sobre los ostrogodos arrianos, paso decisivo en la unión de los poderes político y eclesiástico para castigar a los "herejes" por parte del catolicismo medioeval; (2) que los 1.290 años se habían cumplido en 1798, con la detención del papa Pío VI por parte del ejército francés; y (3) que los 1.335 años se extendieron otros 45 años más hasta la conclusión de los 2.300 años de Daniel 8:14 en 1843/1844.2 Los primeros adventistas observadores del sábado conservaron esa interpretación, 3 y así se convirtió en la posición histórica de la Iglesia Adventista hasta el día de hoy.4

No obstante, en años recientes algunos predicadores independientes han comenzado a propagar una "nueva luz" acerca de los 1.290 y 1.335 días de Daniel 12. Apartándose de la tradicional interpretación adventista, esas personas alegan que ambos períodos constituyen días "literales" (y no días que representan "años") que deben cumplirse todavía en el futuro. Algunos de ellos sugieren que los dos períodos comenzarán con el futuro decreto dominical; que los 1.290 días "literales" es el período reservado para que el pueblo de Dios salga de las ciudades; y que al final de los 1.335 días "literales" se oirá la voz de Dios que anunciará "el día y la hora" del regreso de Cristo.5

Por más interesantes que puedan parecer estas teorías, existen por lo menos cinco razones básicas que nos impiden aceptarlas.

1. Esta teoría se basa en una lectura parcial y tendenciosa del Espíritu de Profecía.

Uno de los argumentos empleados para justificar el cumplimiento futuro de los 1.290 y los 1.335 días es la falsa suposición de que Elena de White consideraba erróneo el concepto de que los 1.335 días se habían cumplido en el pasado. Se menciona su carta "a la iglesia que está en la casa del Hno. Hastings", con fecha del 7 de noviembre de 1850, en la que se mencionan algunos problemas relacionados con el Hno. O. Hewit, de Dead River. En el texto original en inglés de esa carta aparece la siguiente declaración: "We told him of some of his errors of the past, that the 1335 days were ended and numerous errors of his".6

Esta sentencia se debería traducir sencillamente de la siguiente manera: "Le mencionamos algunos de sus errores del pasado, que los 1.335 días se habían cumplido y muchos de sus errores". Pero algunos de los defensores de la "nueva luz" profética prefieren reemplazar la conjunción "que" ("that" en inglés) por la expresión "tales como" ("such as" en inglés), con lo que se altera el sentido del texto. De esta manera intentan conseguir que la sentencia diga que entre los errores defendidos por Hewit se encontraba la idea de que "los 1.335 días se habían cumplido".

Si la intención de la Hna. White consistía realmente en corregir al Hno. Hewit por creer que los 1.335 días ya se habían cumplido, surgen una cantidad de interrogantes: ¿Por qué Elena de White se limitó a corregir en 1850 en forma parcial y tendenciosa lo que habría sido sólo una posición personal de este hermano, sin dirigir la más mínima reprensión a los demás dirigentes del movimiento adventista que también creían que ese período profético ya se había cumplido en
1844? ¿Por qué no reprendió a su propio esposo (Jaime White) por afirmar en la Review, en 1857, que "los 1.335 días terminaron junto con los 2.300, con el clamor de media noche en 1844"?7 ¿Por qué no lo reprendió por seguir publicando en la Review diversos artículos de otros autores que defendían la misma idea?8 Más aún, ¿cómo podría haber declarado Elena de White en 1891 que "el Señor me mostró que el mensaje debe avanzar, y que no debe depender del tiempo, pues éste no será nunca más una prueba",9 si el cumplimiento de los 1.290 y los 1.335 días todavía estuviera en el futuro?

Las evidencias de que Elena de White creía que esos períodos ya se habían cumplido en sus días se pueden encontrar también en declaraciones suyas que se refieren a que Daniel ya estaba por recibir su heredad desde el comienzo del tiempo del fin.10 Creemos, por consiguiente, que el Dr. Gerard Damsteegt, profesor del Seminario Teológico de la Universidad Andrews, estaba en lo cierto al declarar que "ya en 1850 Elena G. de White había escrito que los 1.335 días se habían cumplido, sin especificar el momento de ese cumplimiento".11

2. Esta teoría vulnera el paralelismo profético-literario del libro de Daniel

Para justificar el supuesto cumplimiento futuro de los 1.290 y los 1.335 días, los abogados de esta "nueva luz" profética alegan sin la menor preocupación que el contenido de Daniel 12:5-13, donde aparecen estos períodos, no forma parte de la cadena profética de Daniel 11. Pero un análisis más detenido del libro de Daniel no confirma esta teoría.

El Dr. William H. Shea aclara que en el libro de Daniel cada período profético (1.260, 1.290, 1.335 y 2.300 días) aparece como un apéndice regulador del cuerpo básico de la profecía que le corresponde. Por ejemplo, la visión del capítulo 7 está descrita en los versículos 1 al 14, pero el tiempo que se relaciona con ella aparece recién en el versículo 25. En el capítulo 8 el cuerpo de la visión se encuentra en los versículos 1 al 12, pero el tiempo correspondiente recién figura en el versículo 14. De la misma manera, los tiempos proféticos relacionados con la visión del capítulo 11 se mencionan en el capítulo 12. 12

Este paralelismo comprueba que los 1.290 días y los 1.335 días de Daniel 12:11 y 12 participan de la misma naturaleza profético-apocalíptica que el "tiempo, tiempos y medio tiempo" de Daniel 7:25, y las 2.300 tardes y mañanas de Daniel 8:14. Por lo tanto, si aplicamos el principio de día por año a los períodos proféticos de Daniel 7 y 8, también lo debemos aplicar a los períodos de Daniel 12, por que todos estos períodos están relacionados de alguna manera entre sí, y la descripción de cada visión indica un solo cumplimiento para el período profético que le corresponde.

Además, la alusión de Daniel 12:11 al "continuo sacrificio" y a la "abominación desoladora", conecta los 1.290 y los 1.335 días no sólo con el contenido de la visión de Daniel 11 (véase Daniel 11:31), sino también con las 2.300 tardes y mañanas de Daniel 8:14 (véase Dan. 8:13; 9:27). El mismo poder apóstata que establecería la "abominación desoladora" en lugar del "continuo sacrificio" se describe en Daniel 7 y 8 como el "cuerno pequeño", y en Daniel 11 como el "rey del
Norte".

Por lo tanto, la tentativa de interpretar algunos períodos proféticos de Daniel (70 semanas, 2.300 tardes y mañanas) como días que simbolizan años, y otros (1.290 y 1.335 días) como meros días literales, desentona totalmente con el paralelismo profético-literario del libro de Daniel.

3. Esta teoría se basa en una interpretación anti bíblica de la palabra hebrea tamid ("diario", "continuo")

La teoría de que tanto los 1.290 como los 1.335 días comienzan con el futuro decreto dominical, se basa en la suposición de que en Daniel 12:11 las expresiones "continuo sacrificio" y "abominación desoladora" significan respectivamente sábado y domingo. Esa suposición también carece de base bíblica.

La expresión "continuo sacrificio" es la traducción del término hebreo tamid, que significa "diario" o "continuo", al cual se le añadió la palabra "sacrificio" que no aparece en el texto original de Daniel 8:13 y 12:11. Ese término (tamid) se usa en las Escrituras en relación no sólo con el sacrificio diario del santuario terrenal (véase Exo. 29:38, 42) sino también con varios otros aspectos de la ministración permanente de ese santuario (véase Exo. 25:30; 27:20; 28:28, 38; 30:8; 1 Crón. 16:6). En el libro de Daniel el término se refiere, obviamente, al continuo ministerio sacerdotal de Cristo en el santuario/templo celestial (véase Dan. 8:9-14). Ya la expresión "abominación desoladora" implica el amplio sistema de falsificación de ese ministerio, basado en las teorías anti bíblicas de la inmortalidad natural del alma, la mediación de los santos, el confesionario, el sacrificio de la misa, etc.

No podemos estar de acuerdo con la teoría de que en Daniel 12 el "diario" representa el sábado y la "abominación desoladora" el domingo. Para creer esto, tendríamos que vaciar esas expresiones del amplio significado que poseen, dado tanto por el propio contexto bíblico en el cual aparecen, como asimismo por el consenso general de las Escrituras.

4. Esta teoría refleja la interpretación jesuítico futurista de la Contra Reforma católica

Los defensores de la interpretación literal y futurista de los 1.290 y los 1.335 días alegan que su posición es genuinamente adventista y que está plenamente sancionada por el Espíritu de Profecía. Pero si analizamos más detenidamente el asunto a la luz de la historia, descubrimos que esta teoría rechaza el historicismo y el principio del día-año, de tradición protestante, para alinearse abiertamente con el futurismo literalista de la Contra Reforma católica.

Los reformadores protestantes del siglo XVI identificaban el "cuerno pequeño" con el papado, que daría origen a la "abominación desoladora" acerca de la cual habla Daniel.13 Con el propósito de defender al papado de esas acusaciones, el cardenal italiano Roberto Bellarmino (1542-1621), el más capaz y renombrado de todos los polemistas jesuitas, sugirió que el "cuerno pequeño" era solo un rey, y que los 1.260, 1.290 y 1.335 días eran días literales, que se cumplirían recién en el período anterior al fin del mundo.14 De esta manera el papado de aquel tiempo no podría ser identificado más con el "cuerno pequeño" o con el "rey del Norte" y, por consiguiente, no se lo podría responsabilizar de la "abominación desoladora".

Muchos de los defensores contemporáneos de la interpretación futurista de los 1.290 y 1.335 días desconocen la relación que existe entre esa teoría y el futurismo de la Contra Reforma católica. Pero aún así, estos individuos deberían reconocer por lo menos que "esas propuestas futuristas reposan, esencialmente, sobre una comprensión equivocada de los patrones de pensamiento de la poesía hebrea", y que "representan una lectura del idioma hebreo con ojos occidentales".15

5. Esta teoría no toma en cuenta las advertencias del Espíritu de Profecía que se opone a la tentativa de extender el cumplimiento de toda profecía de tiempo más allá de 1844.

Si esta teoría fuera correcta, con la mera promulgación del decreto dominical ya sabríamos con anticipación cuándo se cerraría la puerta de la gracia y cuándo sería la segunda venida de Cristo. Es, por lo tanto, una forma sutil y capciosa de establecer fechas para los eventos finales. Por más originales y creativas que puedan parecer, esas tentativas no pasan de ser propuestas especulativas, que desconocen e inclusive desprecian, en nombre del Espíritu de Profecía, las propias advertencias del Espíritu de Profecía acerca de este asunto.

Ya en 1850 Elena de White advirtió: "El Señor me mostró que el TIEMPO no ha sido motivo de prueba desde 1844, y que nunca más lo será".16 Posteriormente añadió que "nunca más habrá para el pueblo de Dios un mensaje basado en el tiempo". "El Señor me mostró que el mensaje debe avanzar, y que no debe depender del tiempo, porque el tiempo nunca más será una prueba". "Dios no nos reveló el tiempo cuando este mensaje concluirá, o cuándo terminará el tiempo de gracia".17 Solamente después de la terminación del tiempo de gracia, y poco antes de la Segunda Venida, declarará Dios a los salvos "el día y la hora de la venida de Jesús".18

En su comentario acerca de Apocalipsis 10:6, que según la versión inglesa del rey Jaime reza: "no habrá más tiempo", Elena de White aseveró lo siguiente en 1900: "Este tiempo, que el ángel declaró con solemne juramento, no es el fin de la historia de este mundo, ni del tiempo de prueba, sino del tiempo profético, que debe preceder al advenimiento del Señor. Es decir, el pueblo no tendrá otro mensaje basado en un tiempo definido. Después de este período de tiempo, que se extiende desde 1842 a 1844, no puede haber cálculo definido del tiempo profético".19

Si este es el caso, ¿por qué algunos profesos adventistas insisten en aplicar al futuro los 1.290 y los 1.335 días de Daniel 12? Sólo Dios puede juzgar el grado de sinceridad de esas personas; pero una cosa es cierta: "La fe en una mentira no ejercerá influencia santificadora sobre la vida o el carácter. Ningún error es verdad, ni se puede convertir en verdad por la repetición o porque se tenga fe en él. . . Puedo ser perfectamente sincera al seguir un camino equivocado, pero eso no convierte en correcto ese camino, ni me llevará al lugar donde quiero llegar".20

Conclusión

Es evidente, por lo tanto, que la teoría del cumplimiento futuro de los 1.290 y los 1.335 días (1) se basa en una lectura parcial y tendenciosa del Espíritu de Profecía; (2) vulnera el paralelismo profético-literario del libro de Daniel; (3) se basa en una interpretación no bíblica del término hebreo tamid ("diario", "continuo"); (4) refleja la interpretación jesuítico-futurista de la Contra Reforma católica; y (5) pasa por alto las advertencias del Espíritu de Profecía contra la tentativa de extender el cumplimiento de toda profecía de tiempo más allá de 1844.

En una época cuando los vientos de las falsas doctrinas están soplando con mucha intensidad (véase Efe. 4:14), "de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mat. 24:24), sólo estaremos seguros si nos encontramos fundados sobre la clara e inamovible Palabra de Dios. Toda "nueva luz", para que sea verdadera, debe estar en perfecta armonía con el contexto general de las Sagradas Escrituras y de los escritos inspirados de Elena G. de White.21 Los atalayas del pueblo de Dios jamás deberían permitir que las conjeturas y las especulaciones humanas les impidan darle a la trompeta un sonido certero. (Véase Eze. 33:1-9; 1 Cor. 14:8).


Fuente: Centro de Investigaciones Bíblicas / Biblical Research Institute
Autor: Alberto R. Timm, destacado teologo adventista, Doctorado en Teologia en la Andrews University. Rector del Seminario Adventista Latinoamericano de Teología (SALT), Director del Centro de Investigación Elena G. de White, en Brasil.
Referencias: 1. Le Roy E. Froom, The Prophectic Faith of our Fathers (Washington DC: Review and Herald, 1954), tomo 4, 205, 206. 2. William Miller, Evidences from Scriptures and History of the Second Coming of Christ about the Year A.D. 1843, and of His Personal Reign of 1000 Years (Evidencias basadas en las Escrituras y en la historia acerca de que la segunda venida de Cristo se producirá en torno del año 1843, y de su reino personal de mil años, Brandon, VT: Vermont Telegraph Office, 1833), 31; Idem, Evidence from Scripture and History of the Second Coming of Christ, about the Year 1843; Exhibited in a Course of Lectures (Evidencias basadas en las Escrituras y la historia acerca de que la segunda venida de Cristo se producirá en torno del año 1843, expuestas en una serie de conferencias, Boston: Joshua V. Himes, 1842), 95-104, 296, 297; idem, "Synopsis of Miller's Views" (Sinopsis de las opiniones de Miller), Signs of the Times (Las señales de los tiempos), 25 de enero de 1843, 148, 149. 3. Véase P. Gerard Damsteegt, Foundations of the Seventh-day Adventist Message and Mission (Fundamentos del mensaje y la misión de los adventistas del séptimo día, Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1977), 168-179. 4. Véase, por ejemplo, Urías Smith, "Synopsis of the Present Truth, No. 12" (Sinopsis de la verdad presente, No. 12), Review and Herald, 28 de enero de 1858, 92, 93; Stephen N. Haskell, The Story of Daniel the Prophet (La historia de Daniel, el profeta, Berrien Springs, MI: Advocate Publishing Company, 1903), 263-265; J.N. Loughborough, "The Thirteen Hundred and Thirty-Five Days" (Los mil trescientos treinta y cinco días), Review and Herald, 4 de abril de 1907, 9-10; Urías Smith, The Prophecies of Daniel and Revelation (Las profecías de Daniel y el Apocalipsis), edición revisada (Washington, D.C.: Review and Herald, 1944), 330,331; George M. Price, The Greatest of the Prophets: a New Commentary on the Book of Daniel (El más grande de los profetas: un comentario acerca del libro de Daniel, Mountain View, CA: Pacific Press, 1955), 337-342; Araceli S. Melo, Testemunhos Históricos das Profecias de Daniel (Testimonios históricos de las profecías de Daniel, Río de Janeiro: Laemmert, 1968), 727-728; Francis D. Nichol, editor, The Seventhday Adventist Bible Commentary (El comentario bíblico adventista, edición revisada, Washington, D.C.:Review and Herald, 1977) tomo 4, 880, 881; Vilmar E. González, "Os 1290 e 1335 dias em Daniel 12" (Los 1.290 y los 1.335 días en Daniel 12), Revista Adventista, septiembre de 1982, 43-45; Jacques B. Doukhan, Daniel: the Vision of the End (Daniel: la visión del fin, edición revisada, Berrien Springs, MI: Imprenta de la Univerdidad Andrews, 1989), 153; William H. Shea, "Time Prophecies of Daniel 12 and Revelation 12-13" (Profecías relativas al tiempo en Daniel 12 y Apocalipsis 12 y 13), en Frank B. Holbrook, editor, Symposium on Revelation -Book 1 (Simposio acerca de Apocalipsis - Tomo 1), Serie producida por la Comisión acerca de Daniel y Apocalipsis, tomo 6 (Silver Spring, Maryland, Instituto de Invetigación Bíblica de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, 1992), 327-360; William H. Shea, Daniel 7-12: Prophecies of the End Time (Daniel 7 al 12, profecías relativas al tiempo del fin; El Amplificador de la Vida Bíblica Abundante, Boise, Indiana: Pacific Press Publishing Association, 1996), 217-233. 5Un importante análisis crítico de varias teorías más recientes acerca del cumplimiento de los 1.260, 1.290 y los 1.335 días se puede encontrar en la obra de Victor Michaelson, Delayed Time-Setting Heresies Exposed (Denuncia de ciertas herejías relativas a una tardía fijación de fechas, Payson, Arizona: Leaves-of-Automn, 1989). 6E.G. de White, "To the Church of Bro. Hastings House" (A la iglesia de la casa del Hno. Hastings), 7 de noviembre de 1850 (carta H-28, 1850). Vuelta a publicar en idem, Manuscripts Releases (Manuscritos puestos en circulación), tomo 5, 203; ibidem, tomo 6, 251, ibidem, tomo 16, 208. 7White, James, "The Judgment" (El juicio), Review and Herald, 29 de enero de 1857, 100. 8. Véase, por ejemplo, J.N. Loughborough, "The Hour of His Judgment is Come" (La hora de su juicio ha venido), Review and Herald, 14 de febrero de 1854, 30; Urías Smith, "Short Interviews with Correspondents" (Cortas entrevistas con corresponsales), Review and Herald, 24 de febrero de 1863, 100. Idem, "The Sanctuary" (El santuario), Review and Herald, 8 de septiembre de 1863, 116. 9.Elena G. de White, Testimonios Selectos, tomo 1, 220, 221. 10. Idem. "Temperance" (Temperancia), Manuscrito No. 50, 1893 (publicado en idem, Sermons and Talks (Sermones y charlas), tomo 1, 225, 226), en idem, Testimonios para los Ministros, 115, en portugués); idem, "Diary" (Diario), Manuscrito 176, del 4 de noviembre de 1899 (publicado en Comentario bíblico adventista,tomo 4, 1174); idem. "Help to be Given to our Schools" (La ayuda que se debe prestar a nuestras escuelas), Manuscrito 10, 1900 (publicado en el Comentario bíblico adventista, tomo 7, 949); idem, "To Our Church Members in Australasia" (A nuestros miembros de iglesia en Australasia), Carta B-6, del 17 de enero de 1907 (publicada en el Union Conference Record (Boletín de la Unión -- Australasiana), 11 de marzo de 1907, 1, 2). 11. Damsteegt, 169. 12. Shea, Daniel 7-12, 217-218. 13. Véase Froom, tomo 2, 241-243 y siguientes. 14. Véase ibid., 495-502. 15. (Frank B. Holbrook), "Editorial Synopsis" (Sinopsis editorial) al artículo de W.H. Shea, "Time Prophecies of Daniel 12 and Revelation 12-13" (Las profecías relativas a tiempo en Daniel 12 y Apocalipsis 12 y 13), en Holbrook, editor, Symposium on Revelation (Simposio acerca del Apocalipsis), tomo 1, 327. 16. E.G. de White, "Dear Brethren and Sisters" (Queridos hermanos y hermanas), Present Truth (La verdad presente), noviembre de 1850, 87. Véase también Primeros Escritos, 75. 17. Idem, Mensajes Selectos, tomo 1, 188, 191. (En portugués). 18.Idem, El Conflicto de los Siglos, 840. (En portugués). 19. Comentario de Elena G. de White en el Seventh-day Adventist Commentary (Comentario bíblico adventista), tomo 7, 971. 20. Idem, Mensajes Selectos, tomo 1, 56. (En portugués). 21. Véase idem, Counsels to Writers and Editors (Consejos a escritores y redactores), 33-51. Publicado por la revista Logos 3/2 septiembre 1999 página 20


jueves, 15 de julio de 2010

El Santuario y su purificación

Con referencia al santuario, Levítico 16,19 dice que el sacerdote “lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel”

¿Cómo podían contaminar el santuario los hijos de Israel siendo que al pueblo ni siquiera se le permitía entrar en sus recintos? Aunque ellos no podían entrar al santuario, los sacerdotes “llevaban” sus pecados hasta él en la sangre de los animales. El sacerdote depositaba los pecados simbolizados por la sangre “contaminada”, dentro del santuario. Una vez al año, sin embargo, los pecados acumulados eran transferidos nuevamente; pero esta vez para ser eliminados del santuario. Mediante este servicio, el santuario era “purificado”. Los pecados eran completamente desterrados del campamento, lo cual era una sombra de la manera en que Dios se propone extirpar los pecados del universo.

“Y además de esto, [Moisés] roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales [el santuario terrenal] fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que éstos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Hebreos 9:21-24).

El contexto de Daniel 8:14 (“Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”) indica que puede referirse únicamente al santuario celestial y al proceso de purificación que en él se llevaba a cabo al tiempo señalado.

¿Por qué necesitaba ser purificado el santuario celestial? A causa de nuestros pecados que habían sido llevados hasta allí. Bajo el nuevo pacto, inaugurado a la muerte de Jesús, el pecado es transferido del pecador a Jesús –primero como sacrificio (Cordero), luego como Sumo Sacerdote– y finalmente es depositado en el santuario celestial, razón por la cual éste necesita ser purificado.

No obstante, llegará el tiempo cuando Jesús dejará de ser nuestro Sumo Sacerdote que ministra en el santuario celestial. Entonces, cuando regrese por segunda vez, lo hará “sin pecado” (Hebreos 9:28). Después que el santuario es purificado y los pecados son transferidos sobre Satanás (véase más abajo), Jesús no los lleva más sobre sí, como Sumo Sacerdote. De la misma manera, en el servicio del Antiguo Testamento el sumo sacerdote tampoco llevaba los pecados sobre sí después que el santuario terrenal era purificado y aquéllos transferidos al macho cabrío emisario.

Varios pasajes del libro de Levítico se refieren al pecador que llevaba al santuario un animal para sacrificarlo con el fin de que “el sacerdote [hiciera]... expiación por su pecado”. Esta frase se repite a través de todo el libro. Las personas necesitaban expiación porque habían pecado. Mediante el sistema sacrificial se había provisto .una forma de separarlos de sus pecados y concederles el perdón. Podemos comprender que los pecadores necesitan que se haga expiación por ellos.

Sin embargo, ¿qué significa Levítico 16:15, 16? “Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario” (la cursiva es nuestra).

¿Expiación por el lugar santo? La gente peca. Las personas quebrantan la ley. La gente necesita expiación. ¿Pero un edificio? ¿Por qué un edificio, una estructura inanimada, habría de necesitar expiación?

“Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados” (Levítico 16:16).

¿Por qué necesita purificación el santuario? A causa de todas las transgresiones de los hijos Israel, que los sacerdotes traían a él día tras día. Los pecados eran quitados del pecador y depositados en el santuario (recuerde la ilustración del virus). Del mismo modo, como el pecado contaminaba al pecador también mancillaba el santuario cuando era depositado allí por medio de la sangre. “El hecho de que durante el Día de la Expiación el santuario fuera purificado de todos lo pecados del pueblo de Israel –escribe el erudito Ángel M. Rodríguez–, sugiere que los pecados del pueblo habían sido transferidos, mediante el sacerdote, al santuario”.

Una vez al año, en el Día de la Expiación el mismo santuario debía ser purificado. Así como la expiación que se hacía en favor de un pecador involucraba la remoción del pecado de la persona misma, también la expiación por el santuario involucraba la eliminación del pecado del edificio

El proceso del santuario contemplaba dos aspectos especiales: El ministerio en el primer departamento, que era un procedimiento diario, continuo, mediante el cual el pecado era transferido al santuario; y el ministerio en el segundo departamento, el día de la expiación, que desalojaba el pecado de allí. El Día de la Expiación -que en el pensamiento judío es el día del juicio (también conocido como el “día de las purificaciones”)– los animales eran sacrificados y su sangre llevada al santuario, como durante el ritual cotidiano Pero había diferencias cruciales entre los rituales de Día de la Expiación y los sacrificios diarios. En primer lugar, este día es especial anual la sangre era llevada al segundo departamento, el lugar santísimo, y se asperjaba delante del propiciatorio, que estaba detrás del segundo velo. Ese era el único momento del año en que se introducía la sangre hasta allí.

Una segunda diferencia, destacada tanto por eruditos adventistas como por no adventistas, surge de hecho de que en ninguna parte se menciona que durante el Día de la Expiación alguien colocara las manos sobre la cabeza del macho cabrío del sacrificio

No se hace ninguna referencia a confesión alguna de pecados sobre él.

“Degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados” (Levítico 16:15, 16).

En otras palabras, la sangre introducida en el lugar santísimo para hacer propiciación por el santuario no contenía pecado, como en el caso de la sangre de los sacrificios diarios. En un sentido, era “sangre limpia”. Se ha sugerido que esta “sangre limpia” recibía todos los pecados acumulados en el santuario durante el año. Volviendo a la analogía del virus, un frasco limpio y vacío (la sangre limpia) era llevado al almacén (el santuario), donde ahora se colocaba el virus (el pecado) para ser llevado afuera, “purificando” así el santuario. “Los ritos cotidianos transferían el pecado y la impureza al santuario –escribe el erudito Alberto Treiyer–, y el rito anual (Día de la Expiación) transportaba este depósito fuera del santuario”.

Como parte del ritual del Día de la Expiación, después que se había hecho la purificación del santuario mediante la sangre “limpia” del chivo sacrificado (recuerde que la expiación involucra la transferencia del pecado), un segundo macho cabrío era introducido en el servicios sumo sacerdote pondrá sus “dos manos –ensangrentadas por haber asperjado la sangre– sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por manos de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada” (Levítico 16:21, 22).

La secuencia es clara: el pecado era transferido del pecador al animal mediante la confesión y la imposición de las manos. Entonces el animal era sacrificado, y el sacerdote, mediante la sangre contaminada, depositaba el pecado en el santuario. El Día de la Expiación, el sacerdote llevaba sangre limpia al santuario, la cual recibía todos los pecados (transformándose así en sangre cargada de pecado), y entonces éstos eran colocados sobre la cabeza del macho cabrío vivo, que a su vez era enviado al desierto. Mediante este procedimiento, que comenzaba con el pecador, el pecado era conducido fuera del campamento, con la resultante purificación del santuario, el campamento y el pueblo.

Los detalles de estos ritos pueden sufrir mucha elaboración (y especulación). Lo que más debe interesarnos aquí es la transferencia del pecado. En el servicio del santuario, el pecado no se desvanecía simplemente. No era sólo cuestión de que fuese perdonado y luego olvidado. En lugar de ello, el Señor desarrolló un elaborado ritual, simbólico del procedimiento mediante el cual el pecado es realmente eliminado.

“Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por la sangre de ésta se transferían figurativa-mente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario celestial. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando los pecados registrados en el cielo”.

La purificación del pecado en el templo terrenal no era sino una ilustración de la purificación del pecado en el santuario celestial: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado” (Daniel 8, 13). “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales [el santuario celestial] fuesen purificadas así” (Hebreos 9:23). En el santuario terrenal, esta purificación era simbolizada mediante la remoción del pecado; en el celestial, el registro de los pecados será borrado. “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). Los resultados, ya sea en símbolo (terrenal) o en realidad (el celestial) son los mismos: el santuario es purificado.

Por fin, ¿qué sucede con los pecados después que el registro de los mismos es borrado y eliminado del santuario? El pecado se deposita sobre el macho cabrío emisario quien, en el pensamiento judaico, representa al jefe de los ángeles rebeldes. Elena de White escribió:

“Se vio además que, mientras que el holocausto señalaba a Cristo como sacrificio, y el sumo sacerdote representaba a Cristo como mediador, el macho cabrío simbolizaba a Satanás, autor del pecado, sobre quien serán colocados finalmente los pecados de los verdaderamente arrepentidos. Cuando el sumo sacerdote, en virtud de la sangre del holocausto, quitaba los pecados del santuario, los ponía sobre la cabeza del macho cabrío para Azazel. Cuando Cristo, en virtud de su propia sangre, quite del santuario celestial los pecados de su pueblo al fin de su ministerio, los pondrá sobre Satanás, el cual en la consumación del juicio debe cargar con la pena final. El macho cabrío era enviado lejos a un lugar desierto, para no volver jamás a la congregación de Israel. Así también Satanás será desterrado para siempre de la presencia de Dios y de su pueblo, y será aniquilado en la destrucción final del pecado y de los pecadores".

En el sistema terrenal, el pecado era transferido del pecador al animal, al sacerdote, al santuario, al sacerdote nuevamente, y por fin al macho cabrío, que a su vez era llevado al desierto “por mano de un hombre destinado para esto”. (Aunque la Biblia no lo menciona, este hombre debía encontrarse en excelente condición física para conducir al macho cabrío tan lejos del campamento que no pudiera regresar nunca: un ejemplo de cuán lejos y permanentemente el Señor se propone alejar el pecado de su pueblo). En el verdadero servicio del santuario, simbolizado por el sistema terrenal, el pecado es transferido del pecador a Jesús como Cordero, a Jesús como Sacerdote, al santuario celestial y finalmente a Satanás, quien es desterrado de la presencia del pueblo de Dios, sólo para ser erradicado definitivamente junto con el pecado y los pecadores en el juicio final.

El Señor pudo destruir a Satanás el mismo día en que éste se rebeló. En lugar de hacerlo, y en armonía con su carácter de amor, justicia y misericordia, el Señor escogió –a un costo infinito para sí mismo– eliminar el pecado de esta forma, un paso a la vez, ante el universo observador. En el santuario terrenal había ángeles bordados en las paredes del primer departamento; dos querubines de oro habían sido colocados en el lugar santísimo, la culminación del procedimiento expiatorio: Y todo esto no era sino un símbolo del interés que el universo manifiesta en el plan de salvación. Mediante un procedimiento abierto y ordenado, que incluía su muerte, y luego su ministerio sumo-sacerdotal en un santuario físico literal, el Señor contestará para siempre todos los interrogantes acerca de la gran controversia y el origen del mal. El santuario del cielo es literal, no porque Dios necesite que así sea, sino porque las inteligencias celestiales la necesitan para ver de que manera Dios trata con el pecado. Mediante una estructura física visible, Dios permite al universo observador que vea claramente cada paso en la solución del conflicto.

“En el ritual típico –escribe Ángel M. Rodríguez, el pecado confesado por el penitente y su responsabilidad eran transferidos al santuario mediante la victima sacrificial y el sacerdote. Se puede aseverar que por el momento el santuario asumía su culpa, y el pecador era perdonado, El día de la expiación el santuario era purificado, y así la posición de Dios (en el santuario) quedaba aclarada”.

Todavía quedan por contestarse otras preguntas importantes concernientes a todo este asunto de los ritos del santuario celestial. ¿Como afecta nuestras vidas el día de la expiación celestial? ¿Que significado tiene esto para nosotros en la actualidad? El capitulo que sigue se aboca a la investigación de estos asuntos porque lo que sucede en el santuario celestial es extremadamente relevante para los que se encuentran en la tierra y cuyos pecados están registrados allá.

Fuente: Desequilibrio fatal, pág. 108-116
Autor: Clifford Goldstein

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